Daiana llega a la pequeña ciudad de los mitos con un solo objetivo: terminar su carrera. Cuando encuentra la casa de sus sueños (espaciosa, lujosa y extrañamente barata), no duda en firmar el contrato. Poco le importa que los vecinos hablen de una presencia, de una entidad que nunca abandonó el lugar; ella es una mujer de ciencia, racional y escéptica, incapaz de creer en cuentos de fantasmas.
Al principio, los pequeños sucesos (objetos que cambian de lugar, corrientes frías en habitaciones cerradas) son fáciles de ignorar. Daiana los etiqueta como producto del estrés o del cansancio acumulado por los estudios. Pero la negación se vuelve imposible cuando llegan las noches.
Sus sueños han dejado de ser simples proyecciones de su mente para convertirse en una realidad abrasadora. En la penumbra de su habitación, siente caricias que no debería sentir y una presencia que la obliga a gemir en la oscuridad. Despierta siempre igual: jadeando, con la intimidad palpitando de deseo.
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Capitulo 18: El beso que desafío la muerte
La paz de la capilla olvidada se hizo añicos en un instante. El aire, cargado de la energía de los marginados que se han reunido bajo el ala de Dorian, estalló en una cacofonía de gritos y estática cuando los Guardianes de la Balanza rompieron la entrada. No fue una irrupción sigilosa; fue una invasión violenta, una descarga de luz blanca y punzante que quema la visión y disuelt las sombras de los aliados.
Marcial, liderando la carga con una máscara de fanatismo absoluto, no entró solo. Detrás de él, hombres y mujeres vestidos con túnicas grises (la élite de la secta) sostienen reliquias de obsidiana que zumban con una frecuencia antinatural.
__¡Erradiquen la abominación!__. Rugió Marcial, señalando a Dorian.
__¡Y no dejen rastro de la mujer!__.
Dorian, que momentos antes proyectaba una autoridad serena, se transformó en un vendaval de furia oscura. Su cuerpo físico, consolidado a través de su unión con Daiana, reaccionó con una velocidad sobrehumana. Se interpuso entre Daiana y el primer rayo de purificación lanzado por los Guardianes, desviando la energía con un golpe de su mano, que crepitó con un fuego azul.
Daiana, situada en el centro del caos, no se dejó vencer por el terror. Su mente, habituada a analizar patrones, comenzó a descifrar la arquitectura del ataque de los Guardianes. Observó cómo las reliquias de obsidiana forman un hexágono perfecto alrededor de ellos. No intentan matarlos con fuerza bruta; estan intentando sellar el espacio, una jaula de realidad diseñada para asfixiar a Dorian y borrar la conexión que él tiene ahora con el mundo físico.
__¡Están usando una resonancia de anclaje, Dorian!__..Gritó ella, esquivando un fragmento de piedra que saltó tras una explosión cercana.
__Si completan el sello, nos dejarán sin aire, sin magia, sin salida. ¡Céntrate en el vértice norte! ¡Es el punto débil de su estructura!__.
Dorian, sintiendo la guía de Daiana como un mapa en su propia mente, no dudó. Se lanzó hacia el punto indicado, pero Marcial, astuto y cruel, anticipó el movimiento. En lugar de atacar a Dorian, el concejal lanzó una estocada de energía pura directamente hacia Daiana, un rayo de luz que perforaría cualquier defensa humana.
Dorian vio la trayectoria. La lógica le dicta que debía destruir el sello para sobrevivir, pero su instinto, nacido de su obsesión y amor prohibido por Daiana, fue más rápido.
En un movimiento que desafió las leyes de su propia existencia, Dorian se giró y se lanzó frente a ella.
El impacto no fue un sonido, sino un vacío. El rayo de luz golpeó a Dorian de lleno en el pecho, justo donde su corazón, forjado por la unión con Daiana, apenas comenzó a latir con fuerza. La energía de los Guardianes no solo lo golpeó; lo desgarró. Su forma física, antes tan sólida y hermosa, comenzó a parpadear violentamente, volviéndose translúcida, como una imagen mal sintonizada.
__¡Dorian!__. El grito de Daiana fue desgarrador, una nota pura de angustia que resonó en toda la capilla.
El híbrido cayó de rodillas, soltando un gruñido de dolor que hizo temblar los cimientos del edificio. Su piel, que había ganado el calor de la vida, se volvió fría como el hielo, y sus ojos, antes brillantes con una intensidad analítica, empezaron a perder el foco. Los Guardianes, al ver su éxito, soltaron una carcajada triunfal. Marcial avanzó con su bastón de obsidiana en alto, listo para dar el golpe de gracia.
Daiana se arrojó sobre él, ignorando las esquirlas de magia que aún chisporrotan en el aire. Sabe qué esta pasando: el daño físico es un síntoma, pero la verdadera herida es la ruptura de su conexión. La magia de los Guardianes esta "desconectando" a Dorian de la realidad, de ella.
__No... no te atrevas a dejarme__. Susurró Daiana, aferrándose a su rostro con ambas manos. Sus dedos se hundieron en su piel, que cada vez se siente más como humo y estática.
__Me prometiste que juntos seríamos los arquitectos de su caída. ¡Mírame!__.
Dorian, luchando por mantener la consciencia, intentó alejarla con una mano temblorosa, temiendo que la energía corrupta de los Guardianes la dañara a ella también.
__Vete... Daiana... el sello... me está drenando...__. Su voz es apenas un eco distante.
__Entonces transfiéreme__. Respondió ella con una determinación feroz.
__Si la realidad que te sostiene se está rompiendo, úsala de nuevo. ¡Tómala de mí!__.
Sin esperar permiso, Daiana hizo algo que nadie, ni siquiera Dorian en sus siglos de existencia, podría haber imaginado. Se inclinó y unió sus labios a los de él con una desesperación devoradora.
No fue un beso romántico. Fue un intercambio de vida.
Al contacto, Daiana sintió cómo una parte de su propia esencia (su vitalidad, sus recuerdos, su calor humano) es succionada hacia el abismo que es Dorian. Él jadeó contra su boca, y la energía, un torrente de luz y oscuridad, fluyó de ella hacia él. La capilla pareció detenerse. Los Guardianes, confundidos por el repentino cambio en la firma energética de la sala, vacilaron.
La conexión entre ellos, potenciada por la urgencia de la muerte, se volvió absoluta. Daiana pudo sentir, por primera vez, el dolor de Dorian, su hambre de siglos, su ira contra el confinamiento. Y Dorian sintió la mente de Daiana, su intelecto afilado, su amor y su rabia.
La forma de Dorian se estabilizó de golpe. Su piel recuperó el calor, sus rasgos se marcaron con una nitidez dolorosa. Sus ojos, ahora desbordantes de una energía más oscura, se abrieron de par en par. La energía que ha absorbido de Daiana (y que ella le ha entregado voluntariamente) se convirtió en su armadura.
Dorian se puso de pie, su sola presencia enviando una onda expansiva que hizo que los Guardianes retrocedieran, aterrados. La túnica de Marcial se rasgó por la presión del aire.
__Has cometido un error, Marcial__. La voz de Dorian no es solo suya; resuena con el eco de Daiana, una voz dual, poderosa y aterradora.
__Has intentado romper un vínculo que ya no pertenece solo a este mundo__.
Con un gesto de su mano, Dorian no solo rechazó el sello; lo invirtió. Las reliquias de obsidiana en manos de los Guardianes estallaron, convirtiéndose en polvo negro que cubrió el suelo de la capilla. La explosión de energía fue tan masiva que el techo del sótano colapsó parcialmente, dejando entrar la luz de la luna llena de Sereia.
La batalla, que había sido una emboscada, se convirtió en una huida frenética de los Guardianes. Los aliados de Dorian (sombras y seres de los márgenes) emergieron de la penumbra, aprovechando el caos para hostigar a los atacantes, obligándolos a retirarse hacia la superficie.
Daiana, agotada, se dejó caer contra el pecho de Dorian, quien la sostuvo con una fuerza que ya no es la de un fantasma, sino la de un protector absoluto. A través del enlace telepático que se ha forjado en su beso, ella pudo escuchar su voz clara en su mente: "¿Estás herida?".
"Estoy contigo", respondió ella, sintiendo cómo su propia fuerza comienza a recuperarse al estar tan cerca de él.
Dorian miró hacia la salida. Sabe que Marcial no se detendrá, pero ahora las reglas han cambiado. La ciudad, el pueblo de Sereia, acaba de presenciar, aunque fuera en las sombras, que los Guardianes no son invencibles. La fachada de orden se esta resquebrajando.
__Han visto que sangramos, que luchamos y que somos más fuertes que su mentira__. Murmuró Dorian, acariciando el cabello de Daiana con una devoción que roza la obsesión.
__Ya no somos solo un error, Daiana. Somos la advertencia__.
Daiana se puso en pie, apoyándose en él. Sus miradas se cruzaron, y en el silencio que siguió a la tormenta, comprendieron que la intimidad que acaba de compartir h sellado su destino. Ya no son dos seres separados; son una sola entidad, un solo propósito, y el pueblo de Sereia, desde sus callejones hasta sus ayuntamientos, pronto sabrá que la científica y el híbrido han venido a reclamar lo que les pertenece.
La guerra de las sombras apenas ha comenzado, y ahora, no tienen nada que perder.