Alessandra "Lexa" Cavalier es una hematóloga destacada por sus logros en el difícil mundo de la medicina, pero su fe proviene de la ciencia y la lógica. Todo se rompe cuando acepta el contrato más inusual de su carrera: salvar a Dante Marek, un hombre hermético y arrogante, CEO de una empresa prestigiosa que parece tener siglos de su fundación.
Él no es un hombre cualquiera, sino un vampiro de sangre pura cuya estirpe se marchita, por una corrupción que está devorando su sistema circulatorio, amenazando con convertir su inmortalidad en cenizas. Desde su primer encuentro en una mansión que huele a hostilidad. Dante desprecia la fragilidad de Lexa, pero su sangre tiene un aroma que mueve sus instintos primitivos que creía haber enterrado hace décadas.
Mientras ella se adentra en un laboratorio de tinieblas para encontrar una cura, descubre que no es una simple observadora. Su propia genética guarda el secreto de una salvación que Dante ansía y teme por igual.
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Capítulo 18
El aire en el mausoleo se volvió gélido, no por la falta de calefacción, sino por la energía que Dasha emanaba. Verla allí, con esos anillos plateados rodeando sus pupilas, fue como observar el nacimiento de una estrella nueva y aterradora. La ciencia me decía que era un milagro genético; mi corazón de hermana me gritaba que la había empujado a un abismo del que no había retorno.
—¿Los corazones de los pájaros? —Repetí en un susurro, mi mente médica intentando procesar el alcance de sus sentidos.
Dash asintió lentamente, incorporándose con una agilidad que nunca había tenido. Casi felina, se miró las manos, donde las venas, antes azuladas, ahora destellaban con un sutil matiz lustroso bajo la piel.
—Es el suero Delta, Dasha. —Dijo Dante, con su voz resonando en las paredes de piedra. —Fue diseñado por los científicos de Jonathan, para crear nuevos vampiros; pero esa estructura celular de los humanos, te condenaba a una muerte irremediable de no ser por la mezcla de la médula ósea de tú hermana, dando como resultado tú inmortalidad, ahora eres una hibrida. Tú naciste a partir de la síntesis de ambos mundos.
—¿Un vampiro como los de las películas?
Él movió la cabeza, como con dudas de la pregunta.
Me puse de pie, sintiendo un mareo repentino; no era debilidad física, sino sobrecarga sensorial de nuestra conexión. Podía sentir el hambre de Dante como un pulso sordo en mi propia garganta, una sed que él intentaba desesperadamente sofocar para no asustarme. Pero también sentía a Dasha: su confusión era un estruendo de colores y sonidos nuevos que inundaban su cerebro.
—Tengo hambre, Lexa. —Sus ojos plateados se fijaron en mi cuello por un milisegundo antes de desviarse, horrorizada por su propio instinto. —No, no es hambre de comida; es como si me faltara el aire y solo pudiera respirar si...
—Lo sé, pequeña. —La interrumpí, acercándome para abrazarla. Su piel estaba fría, pero no con la rigidez de la muerte, sino con la frescura del mármol bajo la luz de la luna.
Dante se acercó su presencia llenaba el espacio entre las sombras. Caminó a una de las neveras portátiles que habíamos traído y extrajo una de las bolsas de plasma sintético enriquecido que yo misma había diseñado en Marek Corp.
—Bebe esto. —Le ordenó con suavidad, entregándole la bolsa. —Tu cuerpo está consumiendo energía a una gran velocidad para completar la reestructuración de tus tejidos. —Si no te alimentas, tus propias células empezarán a devorarse entre sí.
Dasha miró la bolsa con una mezcla de repugnancia y fascinación, pero al final, el instinto biológico venció a la moral humana.
Sin embargo, observar a mi hermana pequeña alimentarse de aquel líquido carmesí me rompió algo por dentro, no obstante saber que ya no moriría por culpa del suero Delta por una falla orgánica fue el alivio que mantuvo mi cordura en pie, además ella podría alimentarse no solo de eso, sino también de alimentos como el resto de los seres humanos; eso era una ventaja al ser hibrida.
—Dante tenemos que hablar de lo que sigue. —Dije, tratando de recuperar mi faceta de doctora. —Dash está estable por ahora, pero Jonathan y Loreta no tardarán en rastrear la firma energética de la mutación. El suero Delta emite una radiación bioquímica que ellos pueden detectar fácilmente; sé que este mausoleo es una fortaleza, pero también una jaula.
—Ellos no nos rastrearán por la ciencia, Lexa. —Corrigió, caminando hacia la pesada puerta de bronce que daba al exterior. —Lo harán por el vínculo; Jonathan sabe que estoy herido; así como que también mi sangre está ligada a la tuya, él es un depredador alfa, ahora ha probado tu esencia y no descansará hasta poseerla.
Me acerqué a él, dejando a Dasha descansando en el altar de mármol, el silencio del bosque que nos rodeaba se sentía cargado, como la calma que precede a la tormenta.
—Tú dijiste que soy la "arquitecta de un nuevo equilibrio". —Le dije, buscando sus ojos azules. —Si Dasha es el primer híbrido natural, ella es la prueba de que no tiene por qué haber una guerra, podemos usar su secuencia genética para estabilizar a tu especie sin necesidad de convertirlos en humanos o de matarnos entre nosotros.
Dante soltó una risa amarga, un sonido carente de alegría.
—Eres una idealista, Dra. Cavalier, eso es lo que más me atrae de ti, pero también lo que podría matarte. — La Orden de la Ceniza no quiere equilibrio; quiere “supremacía”. — Loreta no busca una cura; busca un arma y Jonathan solo busca el trono que cree que le pertenece por derecho de crueldad...
Dante se tambaleó apenas un milímetro, un fallo en su armadura de perfección que solo mis ojos de médico pudieron detectar. El hambre de él golpeó mi propia garganta como un latigazo invisible de fuego, era una sed abrasadora que amenazaba con consumir su cordura.
—No sobrevivirás a Jonathan así. —Sentencié, dejando atrás a la hermana, para enfocarme en su estado. Él también era mi paciente lo quisiera o no.
Caminé hacia el maletín de emergencias de Marek Corp. Mis manos, aunque temblorosas por la sobrecarga sensorial, se movieron con la precisión de años de quirófano, saqué un kit de transferencia directa: dos catéteres, una válvula de flujo bidireccional y tubos de polímero reforzado.
—¿Qué estás haciendo, Alessandra? —La voz de Dante era un gruñido bajo, pero sus ojos azules destellaban una energía como una señal de advertencia peligrosa.
—Un nuevo equilibrio, ¿recuerdas? —Respondí, sentándome en el suelo de piedra frente a él. — Si me muerdes, me drenarás por instinto, pero si controlamos el flujo, puedo ayudar alimentarte para sanar y tú lo que yo necesito para sobrevivir a lo que viene ósea simple simbiosis.
Él entendió, sus ojos se abrieron con una mezcla de horror y fascinación. La sangre de un pura sangre en un sistema humano normal solía ser letal en cuestión de minutos, pero yo no era una humana cualquiera; había sido manipulada desde antes de nacer en tubos de ensayo; por feo que se escuchara, su llave maestra que habían creado para ser completamente compatible para él, en fin, su salvación.
Inserté la primera aguja en mi vena cubital; el pinchazo fue un recordatorio de mi mortalidad, luego, extendí el otro extremo hacia él. Dante dudó, su mano rodeo mi muñeca con una fuerza que podría triturar el hueso, pero finalmente cedió; clavando el mismo la aguja en su brazo con un movimiento seco.
Abrí la válvula. Sin pensar en las consecuencias.
El impacto fue instantáneo; sentí mi sangre, cargada de nutrientes y trazas del suero sintetizado, fluir hacia él, a través del vínculo, experimenté el alivio explosivo de Dante; todas sus heridas sanaron de inmediato regenerándose a una velocidad astronómica.
Pero entonces, el flujo se invirtió según lo programado.
Su sangre densa, antigua y cargada de una energía que desafiaba las leyes de la termodinámica, entró en mi sistema, no era líquido; sino como un fuego líquido. Mis pupilas se dilataron hasta que el mundo se volvió sombras y luz pura, el frío del mausoleo desapareció, siendo reemplazado por un calor volcánico que recorría mis arterias.
—¡Lexa! —El grito de Dasha sonó lejano, como si estuviera a seis metros bajo dentro del océano.
—Resiste. —Susurró la voz de Dante, no en mis oídos, sino directamente en el núcleo de mi cerebro. —Deja que tu ADN reconozca el patrón, no luches contra él, Alessandra.
Sentí cómo mis sentidos se expandían, el sonido de los corazones de los pájaros en el bosque, que Dash había descrito, ahora también palpitaba en mis oídos. —Mi visión se agudizó; podía ver las partículas de polvo suspendidas en el aire como si fueran cristales fijos en el tiempo. La debilidad física que me había acompañado durante semanas tras el experimento desapareció, sustituida por una fuerza estructural que hacía que mis músculos se sintieran como acero.
Él soltó un jadeo de satisfacción genuino, su rostro había recuperado su color alabastro, sus ojos azules brillando con una intensidad magnética. Estaba completo de nuevo.
Cerré la válvula y retiré las agujas con manos que ya no temblaban, nos miramos en el silencio sepulcral del mausoleo, sin embargo, ya no éramos solo una doctora, con su paciente, sino solo dos mitades de una ecuación biológica que el mundo nunca había visto en una simbiosis perfecta.
—Ahora Jonathan no me podrá rastrear; solo a través de ti, Dante. —Dije, sintiendo el pulso plateado en mi propia visión. —Tendrá que enfrentarse a ambos.
Él suavemente tomó mi rostro en sus manos y por primera vez, su piel no se sentía fría o no sé, sí quizás, era que la mía finalmente se había encendido.