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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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La Pena

La fragua cantaba en la penumbra de la cabaña mientras Borin trabajaba con la paciencia de quien moldea destinos. El metal brillaba, el martillo golpeaba y el olor a hierro caliente se mezclaba con el humo de la leña. Edran observaba con el pecho aún sensible, la venda apretada pero seca, y sintió una mezcla de gratitud y nerviosismo cuando Borin colocó la daga sobre la piedra de afilar. El herrero limpió la hoja, frotó con aceites y, con movimientos medidos, introdujo en la forja fragmentos del diente de Bhermut.

El proceso fue casi ritual. Borin habló en voz baja, invocando nombres que sonaban a leyenda y a trabajo antiguo; fundió el esmalte del diente con metales purificados, dejó que la mezcla burbujeara en el crisol y, cuando el metal tomó un tono oscuro con vetas carmesí, martilló la hoja hasta que el símbolo de Amaranto volvió a latir con fuerza. El calor no solo templó el acero: pareció soldar una intención. Cuando Borin finalmente entregó la daga a Edran, la empuñadura encajó en su mano como si hubiera sido hecha para él desde siempre.

Edran la levantó con orgullo contenido. La hoja tenía ahora un brillo profundo, casi vivo; pequeñas líneas como raíces recorrían la superficie y, al rozarlas, se sentía una vibración sutil que recorría el brazo. Agradeció a Borin con palabras que no alcanzaban a expresar lo que sentía: no era solo una mejora técnica, era la confirmación de que su herencia tenía un propósito. Borin, con la mirada grave, asintió como quien reconoce que ha puesto algo de su alma en la forja.

—No me la devuelvas —dijo Borin cuando Edran intentó devolver la Zalamander que le había prestado—. Consérvala. Te será útil.

Edran protestó, pero el herrero negó con la cabeza.

—Hay un herrero en Pémptos, la quinta aldea del Camino de las Estrellas —explicó Borin—. Es un hombre que entiende las reliquias y las forjas antiguas. Si quieres que tu daga tenga más vida, que despierte por completo, él puede ayudar. La Zalamander puede servir como unión: su fuego y tu hoja podrían resonar juntas. Llévala. Protégela.

La mención del Camino de las Estrellas dibujó en la mente de Edran un mapa de destinos lejanos y promesas por cumplir. Guardó la Zalamander con cuidado, sintiendo el calor latente en la vaina. Decidió quedarse una noche más en la cabaña; la idea de partir al amanecer con fuerzas renovadas y con la bendición de Borin le pareció sensata. Lira aceptó la decisión con una sonrisa que escondía cansancio y alivio.

Esa noche, cuando la cabaña se sumió en un silencio que olía a metal y a hierbas, Edran y Lira salieron a caminar por el sendero que llevaba a la aldea. La luna, redonda y alta, bañaba los campos con una luz pálida. Hablaron poco; las palabras sobraban después de tanto peligro. Caminaron en compañía, dejando que el crujir de la hojarasca marcara el paso.

Fue entonces cuando vieron a la anciana. Llegó tambaleándose por el camino, la ropa hecha jirones, la cara marcada por el dolor y la sangre seca en las manos. Sus ojos, sin embargo, conservaban una lucidez feroz. Se apoyó en la cerca de la aldea y respiró con dificultad, como si cada inhalación fuera un esfuerzo heroico. Edran y Lira corrieron hacia ella sin dudar.

—¿Qué le pasó? —dijo Lira, arrodillándose junto a la mujer.

La anciana habló con voz rasposa, cada palabra un hilo que se deshilachaba.

—Vengo de Dyo —murmuró—. Vinieron de noche… bandidos con máscaras. No buscaban oro… buscaban… reliquias. Quemaron casas, mataron a quien se interpuso. Tomaron lo que pudieron dejando muerte.

La noticia cayó como una piedra en el pecho de los jóvenes. Dyo no estaba lejos; era la aldea vecina, un lugar que muchos en la región conocían por sus molinos y su mercado. La anciana intentó levantarse, pero la sangre que manaba de una herida en su costado la traicionó. Edran y Lira la ayudaron a entrar en la aldea; la llevaron a la pequeña sala comunal donde Borin había dejado mantas y ungüentos. Borin llegó en un instante, sus manos de herrero transformándose en manos de curandero improvisado.

Hicieron lo que pudieron: limpiaron la herida, vendaron, aplicaron ungüentos y le dieron una poción de vigor. La anciana, sin embargo, tenía algo más que heridas físicas: su mirada estaba llena de un vacío que no se curaba con vendas. Murmuró nombres de vecinos, describió escenas que helaban la sangre y, en un último suspiro, dejó de respirar. El silencio que siguió fue absoluto, pesado como una losa.

Edran sintió un hueco en el pecho, una mezcla de rabia y culpa. Había sobrevivido a bestias y a trampas, pero no pudo salvar a una mujer que había venido a pedir ayuda. Lira, con las manos temblorosas, dejó que las lágrimas corrieran. Borin, que había visto muchas cosas en su vida, apretó los puños y miró al horizonte con una dureza nueva.

—No podemos quedarnos de brazos cruzados —dijo Edran, la voz baja pero firme—. Si los bandidos buscan reliquias y atacan aldeas, debemos hacer algo.

Lira limpió sus manos y, con una determinación que borró el cansancio, asintió.

—Iré contigo —dijo—. No solo porque la anciana vino de Dyo, sino porque no puedo permitir que otros sufran lo mismo. Además, necesito aprender más sobre mis invocaciones y ver si puedo ayudar a proteger a la gente.

La decisión se selló sin ceremonias. Prepararon provisiones, Borin les dio mapas y advertencias, y Edran ajustó la daga en su cinturón, sintiendo el peso de la responsabilidad. Antes de partir, Borin colocó una mano en el hombro de Edran.

—El Camino de las Estrellas no es fácil —dijo—. Busca al herrero que te dije. Y cuida de Lira. Las reliquias atraen sombras; no las enfrentes solo.

Al amanecer, con la cabaña quedando atrás y la figura de la anciana aún fresca en sus mentes, Edran y Lira partieron hacia Dyo. El camino entre Ennea y Dyo se extendía como una promesa y una amenaza: cada paso los acercaba a respuestas, pero también a peligros que aún no podían imaginar. Mientras avanzaban, la daga brilló con una luz contenida, la Zalamander descansó en la espalda de Edran, y en el aire quedó la sensación de que algo más grande comenzaba a moverse en las sombras.

1
AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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