Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
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capitulo 19
El silencio dentro del auto era insoportable.
Pero no por vacío.
Sino por todo lo que estaba a punto de romperse.
Leonardo no la soltaba.
Su mano firme alrededor del brazo de Elena.
No brusca.
Pero imposible de ignorar.
—Decime que no querés esto.
Su voz era baja.
Grave.
Peligrosa.
Elena lo miraba.
Directo.
Pero su respiración…
No era estable.
Porque sabía.
Sabía perfectamente lo que él estaba diciendo.
Lo que estaba insinuando.
Lo que estaba provocando.
Y también sabía…
Que no era solo él.
—Esto está mal.
Logró decir.
Pero no sonó firme.
Error.
Porque eso no era un rechazo.
Era una duda.
Y Leonardo lo sintió.
—Entonces decime que no.
Insistió.
Más cerca.
Elena apretó los labios.
Intentando recuperar el control.
—No somos esto.
—No.
Él no negó.
—Pero ahora mismo…
Se inclinó apenas.
Su voz rozando su piel.
—no estamos siendo nada de lo que dijimos que íbamos a ser.
Eso…
Eso fue lo que quebró el último límite.
Porque era verdad.
Porque ya lo habían cruzado.
Porque lo que había entre ellos…
ya no era indiferencia.
Elena cerró los ojos un segundo.
Intentando pensar.
Intentando recordar por qué esto era un error.
El contrato.
Las reglas.
La distancia.
Pero todo eso…
se sentía lejos.
Irreal.
—Esto cambia todo.
Murmuró.
Leonardo la miró fijo.
—Ya cambió.
Silencio.
Porque no había forma de negarlo.
Ya no estaban en el mismo lugar.
Ya no eran los mismos.
Elena abrió los ojos.
Y lo vio.
Cerca.
Demasiado.
Su mirada.
Su respiración.
Su presencia.
Y por primera vez…
no quiso alejarse.
Error.
Grave error.
Porque eso fue todo lo que él necesitó.
Leonardo soltó su brazo.
Pero no se apartó.
Al contrario.
Se acercó más.
Lento.
Sin apuro.
Como si le estuviera dando tiempo.
Tiempo para frenarlo.
Tiempo para decir que no.
Tiempo para elegir.
Pero Elena…
no lo hizo.
Y ese silencio…
fue su respuesta.
Cuando sus labios finalmente se encontraron…
no fue suave.
No fue dudoso.
Fue contenido.
Todo lo que habían evitado.
Todo lo que habían negado.
Todo lo que habían reprimido.
Estaba ahí.
En ese beso.
Intenso.
Real.
Imposible de ignorar.
Elena reaccionó tarde.
O tal vez…
no quiso hacerlo antes.
Sus manos se tensaron al principio.
Como si intentara detenerlo.
Pero no lo hizo.
Y eso…
lo cambió todo.
Porque Leonardo lo sintió.
Sintió que no había rechazo.
Que no había resistencia real.
Y eso…
lo llevó más lejos.
Su mano subió lentamente por su brazo.
Hasta su rostro.
Sosteniéndola.
Acercándola más.
El beso se volvió más profundo.
Más intenso.
Más…
necesario.
Elena dejó de pensar.
Y ese fue el verdadero peligro.
Porque ya no estaba reaccionando.
Estaba sintiendo.
Y eso…
no tenía reglas.
El aire dentro del auto se volvió pesado.
Caliente.
Cargado.
Como si todo lo que habían contenido durante semanas…
hubiera explotado en un solo momento.
Cuando finalmente se separaron…
no fue porque quisieran.
Fue porque necesitaban respirar.
Pero ni siquiera eso fue suficiente.
Porque la distancia…
no calmó nada.
Al contrario.
Lo empeoró.
Elena lo miró.
Sus labios aún cerca.
Su respiración entrecortada.
—Esto…
No terminó la frase.
Porque no había palabras para eso.
Leonardo tampoco habló.
Solo la observó.
Y por primera vez…
no había control en su mirada.
Solo deseo.
Solo intensidad.
Solo…
ella.
—Tenemos que parar.
Elena lo dijo.
Pero no se movió.
Contradicción.
Y él la vio.
—Entonces hacelo.
Silencio.
Pero ninguno de los dos se movió.
Porque ninguno quería hacerlo.
Y eso…
fue la confirmación final.
No era un error.
Era una elección.
Leonardo apoyó la frente contra la de ella.
Cerró los ojos un segundo.
—Esto no estaba en el contrato.
Elena dejó escapar una pequeña exhalación.
—Nada de esto lo estaba.
Y en esa frase…
estaba todo.
Cuando finalmente llegaron a la casa…
no hablaron.
No hicieron falta palabras.
Porque lo que había pasado…
ya había dicho demasiado.
Entraron.
Subieron.
Y por primera vez…
no se separaron en el pasillo.
Elena dudó.
Un segundo.
El último.
Antes de cruzar la línea por completo.
Pero cuando sintió su mano en su cintura…
otra vez…
No se detuvo.
Esa noche…
no hubo habitaciones separadas.
No hubo reglas.
No hubo contrato.
Solo ellos.
Y todo lo que habían estado evitando.
Y cuando todo terminó…
cuando el silencio volvió…
Ya no era el mismo.
Porque ahora…
estaba lleno de consecuencias.
Elena estaba despierta.
Mirando el techo.
Sintiéndolo.
Todo.
—Esto fue un error.
Murmuró.
Pero ya era tarde.
Demasiado tarde.
A su lado…
Leonardo tampoco dormía.
Pero no dijo nada.
Porque en el fondo…
sabía algo.
Claro.
Directo.
Irreversible.
Nada iba a volver a ser como antes.