"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre
Precuela de la novela amor sobrehumano
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Capitulo 18 - Adela le miente a Salvador
El silencio del bosque se rompió con el crujido de una rama. Luciana, paralizada en lo alto del árbol, perdió el equilibrio y cayó al vacío. Soledad, que la buscaba desesperadamente a pocos metros, ahogó un grito. Sin embargo, en lugar de un impacto seco, la niña aterrizó de pie, con la gracia de un felino.
—¿Cómo hice eso? —susurró Luciana, impactada por su propia agilidad. Pero no hubo tiempo para preguntas. Un destello pálido se movió entre los arbustos: uno de los vampiros la había visto.
—¡Ya encontré al humano! Es una linda niña —siseó el monstruo con una sonrisa macabra.
Luciana no esperó. Sus instintos se activaron y salió disparada. Corría con una velocidad que hacía que los árboles parecieran borrones. El vampiro intentó seguirla, pero la niña era una exhalación.
—¿Por qué corre tan veloz? —jadeó el depredador antes de perderla de vista. Luciana simplemente desapareció entre las sombras del follaje.
El refugio en la cueva
Minutos después, Luciana se encontró con Soledad.
—¡Tía! —la niña la abrazó temblando—. Tenemos que escondernos. Unos señores malos me persiguen... puedo sentirlos cerca.
Soledad la arrastró hasta una pequeña cueva oculta por la maleza. Tapó la boca de la niña cuando los dos vampiros pasaron caminando justo frente a ellas.
—Te digo que la vi —insistía el primer vampiro—. Tenía nuestra habilidad, corría como nosotros.
—Eso es absurdo —replicó el segundo—. Olvídala, el Jefe nos dio órdenes claras de buscar a las hechiceras. Vámonos.
Cuando el rastro de muerte se alejó, Soledad soltó un suspiro de alivio.
—Prométeme que no volverás sola, Luciana. El bosque ya no es seguro para ti.
La Mentira de Adela
En la Mansión Pérez, la madrugada sorprendió a Salvador en la cocina.
—¿Por qué está despierto a esta hora, señor? —preguntó Adela.
—No tengo sueño... Adela, he estado pensando en tu amiga. Mañana iré contigo a ofrecerle el trabajo personalmente.
Adela sintió un frío recorrerle la espalda. Sabía que Soledad preferiría huir antes que dejar que el "patrón" entrara en su vida. Tomó una decisión desesperada.
—Señor... ya no es necesario. El padre de la niña apareció.
Salvador se detuvo en seco. —¿El padre?
—Sí. Es un hombre de bien que se las llevó a vivir con él lejos de aquí. Ya no pasarán necesidades.
Salvador forzó una sonrisa. —Me alegra por ellas. Es una lástima no haberlas conocido, pero es lo mejor.
Cuando Salvador se retiró, Adela rompió a llorar en silencio. «Perdóneme, señor, pero no puedo arriesgar a Soledad ni mi trabajo... esos niños me necesitan», pensó, ignorando que acababa de romper el único hilo que unía a Salvador con su verdadera hija.
Los Soriano y la Inmortalidad
En la casa de los Soriano, el ambiente era extraño. Marcela guardaba comida para Leandro mientras Bibiana insistía en su nueva naturaleza.
—Hermano, deberías unirte a nosotros. La vida inmortal es increíble, hasta tengo novio en la guarida —decía la joven vampira.
—Amo mi humanidad, Bibi. No la cambiaría por nada —respondió Leandro firmemente.
—Déjalo en paz —intervino Fernando—. Nosotros queremos que él se case y tenga hijos. Queremos nietos, y tú ya no puedes dárnoslos.
Bibiana se encogió de hombros, pero su mirada denotaba un cambio. Su humanidad se desvanecía más rápido que la de sus padres.
La Pesadilla de Nicolás
Esa misma noche, Nicolás se removía inquieto en su cama. En sus sueños, veía a una niña de ojos ámbar en medio del bosque. En el sueño, él intentaba alcanzarla.
—Hola —le decía él con una sonrisa.
—No puedo decirte mi nombre... porque no soy humana —respondía la niña en su pesadilla.
De pronto, los ojos de la niña se volvían rojos y unos colmillos afilados brillaban bajo la luna. La niña se abalanzaba sobre su cuello.
—¡NO! —gritó Nicolás, despertando empapado en sudor. Adela entró corriendo para consolarlo, pero el niño seguía temblando. No sabía que su subconsciente acababa de tener el primer contacto con Luciana, la niña que marcaría su destino para siempre.