Tras ser brutalmente traicionada por su compañera y su objetivo en una misión de alto riesgo, la letal agente Jannet Cayswell muere en un accidente orquestado. Despierta en el cuerpo de Zafiro Lawrence, la heredera de una Casa Noble en un imperio de corte de época antigua, con toques mágicos. Atrapada en una vida de etiqueta y política palaciega, Zafiro debe fingir la amnesia para sobrevivir mientras domina sus nuevas habilidades y el funcionamiento de este mundo.
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Capítulo 15
Su presencia era aterradora. El aire parecía enfriarse a su alrededor. Ethan no miró a Carlos; sus ojos estaban fijos en Zafiro, cargados de una furia posesiva que la hizo estremecerse, no de miedo, sino de una extraña excitación.
—Alteza... yo... solo estaba protegiendo a Lady Zafiro —tartamudeó Carlos, retrocediendo hasta chocar con un puesto de maderas preciosas.
Ethan se acercó lentamente, cada paso resonando en el suelo de piedra. Se detuvo a escasos centímetros de Carlos, superándolo en altura y porte.
—He estado escuchando cada una de tus mentiras, gusano —dijo Ethan. Su voz era baja, peligrosa—. Falsificar el sello real es un delito que se paga con la horca. Intentar extorsionar a una Archiduquesa de la casa Lawrence es, además, un insulto personal hacia mí.
—¡Ella vino a buscarme! —gritó Carlos en un acto de desesperación, señalando a Zafiro—. ¡Ella no te ama, Lancaster! ¡Te tiene miedo!
Ethan soltó una carcajada seca y desprovista de humor. De un movimiento rápido, tomó a Carlos por el cuello de su túnica y lo levantó del suelo con una sola mano.
—No me importa si me tiene miedo o si me odia —gruñó Ethan—. Pero ella es mía por decreto, por sangre y por mi propia voluntad. Si vuelves a acercarte a ella, si vuelves a pronunciar su nombre con tu boca sucia, te aseguro que la muerte será el menor de tus problemas. Los Bolton me han enseñado métodos de tortura que harían que suplicaras por el infierno.
Liam Lawrence apareció en ese momento, quitándose la capucha de mercader. Su espada estaba desenvainada.
—¡Suéltalo, Ethan! —ordenó Liam, aunque su rabia también estaba dirigida a Carlos—. Yo me encargaré de este bastardo. Es un asunto de la familia Lawrence.
—No, Lord Lawrence —replicó Ethan, soltando a Carlos, quien cayó al suelo tosiendo y jadeando—. Este hombre ha intentado conspirar contra la corona usando a su hermana. Marcus, llévenlo a las mazmorras de la torre negra. Que nadie lo visite. Especialmente ningún emisario de los Crane.
Mientras los guardias se llevaban a un Carlos que gritaba clemencia, el mercado quedó en un silencio sepulcral. Liam miró a su hermana, luego al Príncipe, y envainó su espada con un gesto brusco.
—Zafiro, a casa. Ahora —dijo Liam, tomándola del brazo.
Pero Ethan puso su mano sobre la de Liam, deteniéndolo. La tensión entre los dos hombres era casi palpable.
—Ella viene conmigo, Liam. Tenemos asuntos que discutir sobre esa "orden de arresto" falsa que este idiota le mostró.
—Mi hermana no va a ningún lado contigo sin mi supervisión —desafió Liam.
Zafiro intervino, poniendo su mano sobre la de su hermano.
—Liam, por favor. Ve a casa y tranquiliza a Papá y Mamá. Dile a Dante que la situación está bajo control. Estaré en el palacio. El Príncipe me dará una escolta real de regreso.
Liam la miró a los ojos, buscando a la niña que solía proteger. Pero solo encontró a una mujer decidida. Con un gruñido de frustración, soltó a su hermana.
—Si no está en casa para la cena, Lancaster, iré al palacio con todo el ejército de los Lawrence —amenazó Liam antes de darse la vuelta y marcharse a grandes zancadas.
...
El carruaje real era espacioso y olía a sándalo y cuero. Ethan y Zafiro estaban sentados frente a frente. El silencio era denso, cargado con las palabras no dichas de la escena anterior.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Ethan finalmente. Su tono ya no era furioso, sino herido—. ¿Por qué encontrarte con él a solas en un lugar así? ¿Acaso hay una parte de ti que todavía cree en sus palabras?
Zafiro se movió en su asiento, quedando al lado de él en lugar de enfrente. Se quitó la capucha, dejando que su cabello rubio cayera sobre sus hombros.
—Quería pruebas, Ethan. Quería que se incriminara solo. Si lo arrestabas sin motivo, sus aliados en el consejo habrían protestado. Ahora, tienes testigos y una falsificación física. Lo hice por ti. Por nosotros.
Ethan la miró, su expresión suavizándose. Extendió una mano y le acarició el rostro, sus dedos trazando la línea de su mandíbula.
—Casi me vuelvo loco cuando Marcus me dijo que te habías escabullido. Pensé... por un momento pensé que ibas a escapar con él.
—Nunca —susurró Zafiro, acercándose más a él—. Antes preferiría morir que volver a estar con alguien como él. ¿No lo entiendes, Ethan? He despertado. Veo quién es el verdadero hombre aquí.
Ethan no pudo contenerse más. La tomó por la nuca y la besó con una pasión desesperada. Zafiro respondió con la misma intensidad, sus manos trepando por los hombros de él, sintiendo la firmeza de su pecho. El beso sabía a alivio y a una posesión mutua que trascendía los acuerdos políticos.
Él la subió a su regazo, sus manos bajando por la espalda de ella, apretándola contra su cuerpo. Zafiro soltó un pequeño gemido cuando sintió el calor que emanaba de él.
—Zafiro... —murmuró Ethan contra sus labios—. Eres mi perdición. No sé qué me has hecho, pero siento que podría quemar el mundo entero solo por mantenerte a mi lado.
—Entonces goberna el mundo conmigo, Ethan —respondió ella, desabrochando los primeros botones de la túnica del Príncipe—. No dejes que nada nos separe. Ni los Crane, ni las intrigas, ni siquiera mi hermano.
En la intimidad del carruaje, lejos de las miradas de la corte, Zafiro se entregó a las sensaciones que Ethan despertaba en ella. Los besos se volvieron más profundos, las caricias más audaces. Ethan exploraba su piel con una reverencia que la hacía sentir amada, algo que Jannet nunca había sentido en su vida pasada. Sus manos recorrieron los muslos de ella, elevando el dobladillo del vestido, mientras Zafiro exploraba los músculos definidos de la espalda de Ethan.
No fue solo un acto de pasión; fue un pacto sellado en la penumbra. Cuando finalmente llegaron al palacio, ambos estaban agitados, sus ropas ligeramente desordenadas y sus corazones latiendo al unísono.
Ethan la ayudó a bajar, su mano sujetando la de ella con una firmeza que decía "nunca te soltaré".
—Marcus —llamó Ethan a su capitán, que esperaba en la entrada—. Prepara el salón de audiencias. Mañana, la casa Lawrence y la casa Lancaster anunciarán nuestro compromiso formal ante el consejo. Y traigan al joven Carlos Crane. Quiero que sea el primer testigo de lo que sucede cuando alguien intenta tocar lo que es mío.
Zafiro sonrió, una sonrisa de triunfo absoluto. El camino de la venganza estaba casi completo, y en su centro, había encontrado un fuego que no solo la consumía, sino que la hacía brillar más que nunca.
Mientras caminaban hacia el interior del palacio, Zafiro recordó a la "verdadera" Zafiro, la niña asesinada y traicionada. «Descansa en paz», pensó. «Tu asesino está en una celda, y tu familia es más poderosa que nunca. Yo me encargaré del resto».
Pero la sombra del dragón —el emblema oculto de los enemigos del Rey— seguía acechando en las sombras. La caída de Carlos Crane era solo el principio de una guerra mucho más grande por el alma del imperio de Celes. Y Zafiro sabía que, para ganar, tendría que ser más que una Archiduquesa; tendría que ser la mujer que domara al futuro emperador.