NovelToon NovelToon
La Cura No Es El Olvido.

La Cura No Es El Olvido.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:964
Nilai: 5
nombre de autor: Jakelyn Arevalo

En el corazón de un pueblo olvidado donde la guerra es el único idioma que se habla, Isaí, una joven doctora de 23 años, lucha cada día por arrebatarle vidas a la muerte. Su mundo de batas blancas y juramentos éticos se tambalea cuando conoce a Antonio, un guerrillero marcado por la pólvora cuya sola presencia es una sentencia de peligro.
Lo que comienza como una cura clandestina se transforma en un romance prohibido que desafía toda lógica. Sin embargo, en un lugar donde la lealtad se paga con sangre, el amor es un lujo mortal. Convencido de que su cercanía es la mayor amenaza para la mujer que ama, pero el reto y desafío más grande que enfrentar es un inesperado embarazo que sirve de ruleta a huir dejando a atrás los sueños por amor no es la Cura al olvido.

NovelToon tiene autorización de Jakelyn Arevalo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: Tres noches de ceniza y posesión

El estruendo del puente de madera al desplomarse sobre el cauce del río Turbio resonó en todo el valle como el rugido de una bestia herida. La estrategia de Luis y Antonio había funcionado con una precisión quirúrgica: el convoy de relevo médico y militar, que debía llevarse a Isaí hacia la capital, había quedado varado al otro lado del abismo. Aquella acción le compró a la resistencia un respiro de setenta y dos horas, tres días de un tiempo robado que San José pagaría con sangre, paranoia y una tensión que amenazaba con devorar la cordura de un pueblo que desconocía la causa de la guerra.

Sin embargo, lo que debía ser la ventana perfecta para la huida se convirtió en una jaula de hierro para Antonio.

El primer día el consultorio fue el refugio del enemigo.

Durante las primeras veinticuatro horas tras la explosión del puente, el caos se apoderó de San José. El Capitán Néstor, enfurecido y convencido de que un comando guerrillero intentaba secuestrar a un pueblo y sus planes con la doctora, ordenó un repliegue táctico inmediato. No solo reforzó el perímetro del pueblo, sino que convirtió el consultorio de Isaí en su propio búnker de comando.

—¡Nadie entra, nadie sale sin mi autorización! —gritaba Néstor desde una de las calles de pueblo a los soldados, mientras sus hombres levantaban nidos de ametralladoras en las esquinas—. ¡Si los bandidos quieren tomar al pueblo y arruinar mis planes tendrán que pasar por encima de mi batallón!

Néstor se instaló en la sala de espera, refugiándose literalmente con Isaí bajo el pretexto de protegerla. Aquella cercanía física era una tortura para ella. Néstor dormía apenas un par de horas en una silla plegable junto a su puerta, con su fusil reglamentario cruzado en el regazo. Para Isaí, aquella "protección" era una asfixia. Cada vez que intentaba acercarse a la ventana trasera para dar una señal, la voz de Néstor la detenía: "¿Necesita algo, Isaí? No se acerque a los vidrios, hay francotiradores en los árboles".

Desde la espesura del bosque, a menos de trescientos metros, Antonio observaba a través de sus binoculares. Veía la silueta de Néstor moviéndose dentro del consultorio, cenando con ella, compartiendo el espacio que Antonio consideraba sagrado. La rabia le quemaba la garganta; ver a su enemigo queriendo ser el salvador de la mujer que cargaba a su hijo era un veneno que nublaba su juicio guerrillero. Luis tuvo que sujetarlo físicamente para que no cometiera una locura suicida.

Para el segundo día, la guerra que Luis alimentaba desde las colinas se había vuelto alarmante. Siguiendo las órdenes de Antonio, Luis ordenó detonaciones controladas y ráfagas de distracción en el ala norte, haciendo creer al ejército que un batallón entero los rodeaba. Fue en ese momento de alarma máxima, cuando Néstor tuvo que salir al porche para coordinar el fuego de artillería, que Antonio encontró su grieta.

Deslizándose por el sistema de alcantarillado, cubierto de un lodo que apestaba a químicos y desesperación, Antonio emergió en el patio trasero. Entró por la ventana del baño con la fuerza de un vendaval silencioso encontrando a isaí dándose un baño tibio que aliviaba su cansancio.

El encuentro no fue el de dos amantes aliviados, sino el de dos náufragos golpeados por la tormenta. Antonio la tomó por los hombros con una brusquedad nacida de la agonía de haberla visto bajo el ala de Néstor durante treinta horas. Sus ojos estaban inyectados en sangre por la falta de sueño y el odio acumulado.

—Te tuvo encerrada con él —masculló Antonio, su voz sonando como el roce de dos piedras—. Lo vi, Isaí. Vi cómo te servía la comida, cómo se refugiaba en tu espacio como si fuera su derecho.

Isaí, agotada por el embarazo y la tensión de tener a un capitán armado al otro lado de la puerta, se deshizo de su agarre con un gemido de frustración.

—¡Él cree que me está salvando la vida, como hago ! Si no fuera por esa falsa de protección y de quien eres tú yo no dejaría que nadie más entrara, si no fuese por evitar ya habrían registrado el consultorio palmo a palmo y estaríamos muertos.

—¡No me hables de su protección! —rugió Antonio en un susurro feroz, pegándola contra la pared de adobe del baño. Sus ojos ardían con un celo primitivo, que no entendía de estrategias. Se sentía invadido, desplazado en su propio territorio emocional—. Tú eres mía, Isaí susurro Antonio dándole un largo beso mientras caiga el agua de la regadera. Este hijo que llevas es mi sangre, mi marca, no la de un oficial que se perfuma para venir a acercarse.

Antonio le tomó la cara con sus manos manchadas de pólvora, obligándola a mirarlo. A pesar de la furia y los celos que lo corroían, su voz bajó de tono, volviéndose una súplica posesiva y oscura.

—Escúchame bien... no importa cuántos puentes tire Luis, ni cuántos capitanes se crean tus dueños refugiándose aquí. Tú eres mia, solo mía. Eres el único lugar sagrado que me queda en este mundo podrido, y no voy a dejar que él marque ni un segundo de lo que nos pertenece.

Isaí sintió un escalofrío. El amor de Antonio se estaba volviendo un arma de doble filo; era el fuego que la calentaba, pero también el que amenazaba con incendiarlo todo.

—Entonces sácame de aquí —le pidió ella, hundiendo sus dedos en el chaleco de él—. Porque si él vuelve a entrar y te encuentra, no habrá cielo que nos perdone,—él solo susurro está noche no me iré, no hoy; quiero volver a tenerte cerca respirar tú mismo aire, solo serán unas pocas horas antes que amanezca y me esconda para continuar el plan.

El tercer día amaneció con un silencio sepulcral. El puente improvisado de los militares estaría listo en menos de doce horas. El tiempo del retraso se agotaba.

Sin embargo, el plan ideado seguía en curso. Luis había logrado filtrar que un grupo "rebelde" atacaría el convoy de relevo apenas cruzaran el nuevo puente. Néstor, ajeno al nido de serpientes bajo sus pies, entró al consultorio al mediodía del tercer día.

—Pronto saldremos de este infierno, Isaí —le dijo Néstor, sin saber que Antonio estaba a centímetros de sus botas—. El puente está casi listo.

Cuando Néstor salió para supervisar los últimos tablones, Antonio emergió de su escondite. Su rostro estaba demacrado, pero sus ojos brillaban con una resolución absoluta.

—Hoy es el día dice Antonio, hoy te marcharas de este pueblo pero él capitán no irá contigo de eso sí puedes estar segura, antes de que salgas debes estar preparada, se atacará el batallon nuevamente obligando a ese capitán a quedarse y nosotros poder salir de aquí.

La guerra que Luis hacía afuera era solo el preludio. El verdadero estallido estaba por ocurrir en el corazón de San José.

1
Elizabeth Medina
que fuerte decisión de Antonio pero tiene que proteger a la doctora
Elizabeth Medina
bueno veremos que pasa con esta doctora y ese desconocido
Jakelyn Arevalo
Los invito a ver parte de mi historia, en 25 capítulos que continuará 😘😘😘
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play