Narra la historia de Eliza Valantine, una mujer ruda de los barrios bajos que terminará reencarnando en Ofelia, la villana de secundaria de una novela que leyó. La Ofelia original era una mujer sin dignidad que drogó al protagonista, obligándolo a casarse con ella. Esta nueva Ofelia es una mujer empoderada, ruda y fuerte de pies a cabeza que no necesita usar a un hombre para ascender. No se deja de nadie y no necesita un héroe que la salve; ella es su propio héroe.
Si te gustan las protagonistas poderosas que reparten bofetadas a diestra y siniestra, quédate aquí.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EN LA PISCINA Y LOS TRAVIESOS DE LA FAMILIA
nochecío cuando decidí darme un chapuzón para relajarme después del día agitado. Me puse mi traje de baño negro.Bajé a la piscina de la mansión, dejando que el agua tibia envolviera mi cuerpo mientras me mantenía flotando en silencio.
Ofelia:
De repente, escuché el crujido de la puerta de madera del quincho – era Bruno, vestido solo con unos shorts de baño, que se detuvo en seco al verme. Sus ojos se clavaron en mí, paralizado, con la mandíbula ligeramente abierta. Se acercó lentamente hasta el borde de la piscina, apoyándose en él con las manos.
Bruno:
«Ofelia… no sabía que estabas aquí», dijo con voz entrecortada, sus ojos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo bajo el agua.
«¿Y si lo sabía?», le respondí, moviendo las caderas con gracia mientras nadaba hacia él, dejando que el agua resbalara por mi piel brillante. «Pensé que necesitaras un poco de… entretenimiento después de tu día.»
Me apoyé en la orilla frente a él, con los brazos en reposo sobre el borde, haciendo que el traje se ajustara aún más a mi cuerpo. «Te dije que tendrías que trabajar por mí, ¿recuerdas?», le susurré, pasando una mano por mi pelo mojado. «Ahora estás aquí, mirándome como si fuera el último trozo de pastel en la tierra… ¿te gusta lo que ves, mi amor?»
Bruno se inclinó hacia adelante, con la respiración agitada: «Me encanta lo que veo. Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida.» Intentó acercarse para besarme, pero yo me alejé con un movimiento rápido, sumergiéndome parcialmente en el agua.
«Ah, ah, ah… no tan rápido», le dije con una sonrisa maliciosa. «El juego apenas comienza.» Con un último guiño, salí de la piscina y me envolví en una toalla grande, moviendo las caderas con cada paso mientras me alejaba hacia la casa, dejándolo solo en la orilla con la mirada perdida y la camisa de baño ajustada por el deseo.
Media hora después, mi teléfono vibró con un mensaje de Bruno:
«Mi reina… mañana te invito a cenar en el restaurante del puerto, el que tiene vistas al mar. Quiero verte de nuevo, sin prisas, sin interrupciones.»
Yo le respondí de inmediato:
«Acepto tu invitación, mi amor. Pero avísame la hora – quiero prepararme bien para ti.»
Mientras guardaba mi teléfono, el dispositivo volvió a vibrar – esta vez era un mensaje de un número desconocido, informándome que Sasha había sido ingresada en el hospital por una leve intoxicación alimentaria. «Está estable, pero necesita reposo», decía el texto. Suspiré de alivio, pero prometí visitarla al día siguiente.
Después, otro mensaje llegó – ahora de mi padre:
«Hija, el fin de semana hay una cena familiar en la casa de campo. Espero que vengas. Tu madrastra y tus hermanos estarán allí.»
Lo cerré de un jalón, apretando los puños. Ese hombre era una basura – siempre había preferido a su segunda esposa y a sus dos hijos bastardos, ignorándome completamente durante años. Pero decidí ir – no por él, sino para demostrarle que ahora soy una mujer fuerte y independiente.
Los niños – Mateo, Santiago y Valentína – ya estaban dormidos en sus habitaciones, ronroneando tranquilamente después de su día de travesuras. Pero la calma no duró mucho:
Escuché el motor de una moto retumbando en la entrada – era mi cuñada Elza, que bajaba con paso torpe acompañada de Iván, su novio pandillero con chaqueta de cuero rasgada, pelos de punta y unos aretes que parecían ganchos de pescar.
«¡Ofelia, te juro que solo fuimos a dar una vuelta por el parque!» intentó decir Elza, metiéndose la mano detrás de la cabeza mientras yo me acercaba con la mandíbula apretada y los puños como rocas.
«¿Un parque? ¡Con esa moto que suena como un avión de guerra?!» grité, dirigiéndome ahora directamente a Iván, que se puso en cuclillas como si esperara un golpe. «¡Y tú! ¿No te dije que te mantuvieras alejado de ella? ¡Vine a decirte que se acabó, pandillero de pacotilla!»
Antes de que pudiera responder, lancé un paso adelante y le di un batacazo en el hombro que lo hizo girar como un trompo. «¡¡Esto es por llevarla a lugares peligrosos!!» – ¡PUM! – otro golpe en el brazo que le hizo soltar la chaqueta.
Iván empezó a dar vueltas en círculo con los brazos en alto, tratando de defenderse pero tropezándose con sus propios zapatos de plataforma: «¡Señora, no golpee! ¡Yo soy bueno, le juro!» Pero su voz salió tan fina que parecía un pájaro.
Le di un empujón suave pero firme en el pecho que lo hizo dar media docena de pasos hacia atrás: «¡Esto es por el pelo que parece un cepillo de cocina!» – ¡PLAF! – le di un manotazo en la cabeza que le hizo mover los pelos como si hubiera soplado un vendaval.
Elza se quedó de piedra en la puerta, mientras Iván se agarraba a la barandilla de la entrada, con la cara roja como un tomate y tratando de mantener la compostura: «¡Yo… yo soy un líder de pandilla! ¡No me hacen esto!»
«¡Pues ahora sí!» le grité, dándole un último empujón que lo hizo salir de la propiedad. «¡Y no vuelvas a acercarte a ella, ¿me escuchas?! ¡La próxima vez no será tan divertido!»
Iván se recogió la chaqueta del suelo, se montó en su moto con las piernas temblando y se fue a toda velocidad – pero antes de desaparecer, volvió la cabeza y gritó: «¡Volveré! ¡Cuando esté preparado!» Lo único que se escuchó después fue el sonido de la moto que se atascó en un charco de agua, haciendo que salpicara todo alrededor.
Elza se acercó a mí con los ojos brillantes: «¡Cuñada Ofelia… eso fue increíble! Pero… ¿crees que realmente no vendrá más?» Yo la abracé fuerte: «No te preocupes, mija. Si vuelve, tendrá que enfrentarse a mí y a Bruno – y él es peor que yo. Ahora ve a tu habitación a cambiarte y a descansar.»
Apenas terminaba de hablar con Elza, escuché el rugido de un auto deportivo que llegaba a toda pastilla, con música tan alta que hacían temblar las ventanas. Era Theo, con tres amigos más colgados de las puertas, todos riendo a carcajadas.
«¡Entra, entra todos! Pero que sea despacio, que no quiero que rompan nada!» les grité con voz firme, mientras tomaba mi cinturón de cuero y me posicionaba en la puerta principal como una guardia real.
Cuando Theo cruzó el umbral, le di el primer azote en las nalgas – ¡TAC! – tan rápido que él dio un salto de un metro de altura, como si hubiera pisado una plancha caliente. «¡¡Cuñada Ofelia, perdón!! ¡No lo volveré a hacer, juro por los videojuegos!» gritó riendo a carcajadas, mientras sus amigos se agazapaban detrás de la pared, retorciéndose de la risa.
Le di otro par de azotes – ¡TAC TAC! – y esta vez él empezó a bailar como un pollito recién nacido, saltando de un pie a otro y llevándose las manos a las nalgas: «¡Ay, ay, ay! ¡Esto duele pero es gracioso!»
Sus amigos no aguantaron más y se rieron a todo pulmón, uno de ellos se cayó al suelo de tanto reír: «¡Theo, ¡pareces un conejo saltando! ¡Nosotros no saldremos más sin permiso, señora Ofelia, prometo!»
«¡No vuelvan a hacerlo, ¿me escuchan a todos?!» les dije con severidad, pero no pude evitar sonreír cuando Theo me abrazó fuerte, apretándome contra su pecho: «¡Lo siento mucho, cuñada! No volveré a salir sin decirlo. Eres la mejor, aunque pegues muy bien.»
Sus amigos saludaron con la mano y se fueron riendo, mientras Theo subía las escaleras dando pequeños saltos cada tanto, todavía llevándose las manos a las nalgas.
🙏🙏