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Ceo Este Hijo Es Tuyo

Ceo Este Hijo Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Amor prohibido
Popularitas:11.5k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos

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Capitulo 2

El sobre seguía sobre la mesa.

Valeria lo miraba como si fuera una trampa.

Durante casi una hora no se atrevió a tocarlo. Había caminado por el pequeño apartamento una y otra vez, con las manos en el cabello, intentando pensar con claridad. Pero cada vez que lo hacía, las palabras de Doña Úrsula volvían a su mente como cuchillas.

"Mi hijo tiene un futuro planeado... y tú no apareces en él."

Valeria se llevó una mano al vientre.

Todavía estaba plano. Todavía no había señales de la pequeña vida que crecía dentro de ella. Pero ya estaba ahí. Y ese bebé dependía completamente de ella. Solo de ella.

—No puedo quedarme aquí —murmuró al vacío del apartamento.

Si Alejandro descubría el embarazo, todo sería peor. Su madre haría lo imposible para destruirla. Para hacerla quedar como una oportunista, como una mujer que buscaba atrapar a su hijo con un hijo no deseado.

Y quizás... quizás Alejandro terminaría creyéndolo.

Esa idea le dolía más de lo que quería admitir.

Sus ojos volvieron al sobre.

Dinero suficiente para empezar de nuevo. Para escapar. Para proteger a su hijo de los Mendoza y su mundo de hielo.

Con manos temblorosas lo tomó.

—Lo siento —susurró, como si Alejandro pudiera escucharla—. Lo siento tanto...

Luego lo abrió.

Dentro había billetes. Muchos billetes. Más dinero del que ella había visto en toda su vida.

Y una nota escrita a mano con letra elegante y fría:

"Que esto sea el inicio de tu olvido. No vuelvas."

Valeria apretó los labios para no llorar.

No sabía si el nudo en su garganta era por el dinero, por el miedo o por el hombre que dejaba atrás.

Quizás por los tres.

Cerró el sobre y comenzó a empacar.

Solo lo necesario. Solo lo que cupiera en una maleta.

La vida que construía en ese pequeño apartamento quedaba atrás.

Todo quedaba atrás.

Mientras tanto...

En la oficina principal del Hotel Mendoza, Alejandro caminaba de un lado a otro como un león enjaulado. El reloj marcaba las diez de la mañana y aún no había podido concentrarse en nada. Solo una imagen ocupaba su mente: el rostro de Valeria cuando lo besó en el callejón. Esa mezcla de miedo y deseo. Esa forma de aferrarse a él como si realmente significara algo.

—¿Cómo que renunció? —exigió saber, deteniéndose frente al escritorio.

La gerente de recursos humanos tragó saliva visiblemente nerviosa. Llevaba años trabajando para los Mendoza y conocía bien el carácter del hijo mayor. Pero nunca lo había visto así. Tan alterado. Tan... personal.

—La señorita Fuentes presentó su renuncia esta mañana, señor Mendoza. Muy temprano, antes de que abriéramos recepción.

—¿Y nadie pensó en avisarme? —su voz era un latigazo.

—Ella... dijo que era algo personal. Que no quería molestarlo.

Alejandro apretó los puños. La frustración le quemaba el pecho.

—¿A dónde fue? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—No lo sabemos, señor. Solo dejó su carta y se fue.

Él maldijo en voz baja, algo que rara vez hacía en público. Salió de la oficina sin dar explicaciones y se dirigió a recepción como un hombre poseído.

—¿Alguien sabe dónde vive Valeria Fuentes? —preguntó a las recepcionistas, que se miraron entre sí con sorpresa.

—No, señor Mendoza. Los domicilios son confidenciales, pero... —una de ellas dudó—. Creo que vive por el mercado de San Lucas. Alguien la vio una vez por allí.

Alejandro no esperó más.

Esa noche condujo por la ciudad durante horas. Visitó cada calle del mercado de San Lucas. Preguntó en tiendas, en puestos ambulantes, a cualquier persona que pudiera conocerla. Mostró una foto que tenía guardada en el teléfono, una donde ella reía mientras organizaba un evento en el hotel.

Nadie sabía nada. O nadie quería decirle.

Era como si se hubiera evaporado.

Cuando finalmente regresó a la mansión Mendoza, cerca de la medianoche, su madre lo esperaba en el salón. Sentada con elegancia en el sofá de terciopelo burdeos, con una copa de vino en la mano y una expresión demasiado tranquila. Como si hubiera sabido exactamente cuándo regresaría. Como si hubiera estado esperando este momento.

—Estabas buscándola —dijo sin levantar la vista de su copa.

Alejandro se detuvo en seco. Algo en el tono de su madre le heló la sangre.

—¿Sabes dónde está?

Doña Úrsula levantó los ojos lentamente. Había algo triunfal en su mirada, algo que Alejandro no supo identificar en ese momento.

—Sí.

La esperanza cruzó el rostro de Alejandro como un relámpago.

—Dímelo.

La mujer suspiró con dramatismo, como si lo que fuera a decir le pesara profundamente.

—Hijo... creo que es momento de que veas la verdad.

Sacó su teléfono del bolsillo del chal de seda y tocó la pantalla varias veces antes de girarlo hacia él con un movimiento casi teatral.

—Mira.

Alejandro frunció el ceño y tomó el dispositivo.

En la pantalla había un comprobante bancario. Una transferencia. Una suma grande de dinero. Desde una cuenta Mendoza. A nombre de Valeria Fuentes.

El mundo se detuvo por un segundo.

—¿Qué es esto? —preguntó con la voz extrañamente tensa, como si las palabras se le atoraran en la garganta.

—Lo que ella quería.

Alejandro levantó la mirada. Buscó en los ojos de su madre alguna señal de que esto era una broma, un error, cualquier cosa. Pero solo encontró esa frialdad que ella manejaba con tanta maestría.

—No.

—Sí.

La voz de su madre era tranquila. Demasiado tranquila. Como quien da una noticia esperada.

—Tú la buscas como un desesperado... y ella solo quería dinero.

El silencio llenó la habitación. Tan denso que podía cortarse.

Alejandro negó lentamente con la cabeza. Sus dedos apretaron el teléfono.

—Eso no es posible.

Su voz se quebró apenas. Un temblor mínimo que delataba la batalla interna que estaba perdiendo.

—Ella no es así.

Sus ojos estaban húmedos. Porque en el fondo, algo dentro de él se negaba a creerlo. Porque la noche que pasaron juntos había sido real. La forma en que lo miró, en que lo tocó, en que se entregó a él... eso no podía fingirse.

¿O sí?

Doña Úrsula se levantó con lentitud, como una reina que desciende de su trono, y caminó hacia él con pasos medidos. Cada clic de sus tacones en el mármol era un golpe más.

—Pues ya ves que sí, hijo mío.

Le tocó el brazo con aparente ternura. Con esa mano que siempre había usado para guiarlo, para controlarlo, para moldearlo a su imagen y semejanza.

—Yo te lo advertí. Te dije que esas mujeres solo buscan lo que pueden obtener de hombres como tú.

Alejandro miró otra vez el teléfono.

El comprobante era real. La transferencia era real. El nombre de Valeria estaba ahí, impreso en números y letras que no podían mentir.

Su corazón latía con fuerza, como queriendo escapar de su pecho.

—No... —murmuró, pero ya no era una negación. Era un lamento.

—Ella vino a verme esta mañana —continuó la mujer con suavidad venenosa—. Muy temprano, antes de ir al hotel. Me dijo que necesitaba dinero.

Alejandro levantó la vista. Su madre sostenía su mirada sin pestañear.

—¿Qué?

—Dijo que la noche contigo había sido... interesante.

Cada palabra era un golpe directo al pecho.

—Y que no tenía problema en desaparecer de tu vida si obtenía algo a cambio.

Alejandro sintió que el pecho se le cerraba. Que el aire no entraba. Que todo a su alrededor empezaba a girar.

—Estás mintiendo —dijo, pero su voz ya no tenía fuerza. Era el estertor de alguien que se ahoga.

Doña Úrsula negó con la cabeza, con una expresión de falsa compasión.

—No, Alejandro. ¿Para qué iba a mentirte?

Se acercó un poco más. Tanto que su perfume envolvió a su hijo como una niebla.

—Ella me pidió dinero y se fue. Sin mirar atrás. Sin pedir nada más.

Sus labios se curvaron ligeramente. Una sonrisa diminuta que Alejandro no vio, pero que existió.

—Me dijo que nunca volvería a buscarte... porque ya obtuvo lo que quería de ti.

El silencio fue absoluto.

Alejandro se quedó inmóvil durante varios segundos. Su mente procesaba la información a trompicones, negándose a aceptarla, pero al mismo tiempo encontrando sentido en cada palabra.

Claro. Tenía sentido. ¿Por qué una mujer como ella se fijaría en él? ¿Por qué lo besó con tanta intensidad? ¿Por qué tembló en sus brazos?

Por el dinero. Solo por el dinero.

Luego soltó una risa amarga. Un sonido roto que no parecía salir de él.

—Claro.

Sus ojos estaban llenos de algo oscuro ahora. Dolor. Decepción. Y debajo de todo, una rabia fría comenzando a germinar.

—Claro que sí.

Le devolvió el teléfono a su madre con un gesto brusco.

—Olvídalo.

Se giró para irse. Necesitaba salir de ahí. Necesitaba aire. Necesitaba no romperse delante de ella.

—¿A dónde vas? —preguntó Doña Úrsula, aunque en su voz no había preocupación. Solo curiosidad.

Alejandro no se detuvo.

—A trabajar.

Pero cuando subió las escaleras, su expresión se rompió por completo.

Entró a su habitación y cerró la puerta con tanta fuerza que el marco tembló. Se quedó apoyado contra la madera, respirando entrecortadamente, luchando contra algo que no había sentido en años.

Las palabras de su madre resonaban en su cabeza como un eco infinito.

"Ella solo quería dinero."

"Ya obtuvo lo que quiso."

Alejandro se dejó caer en la cama, mirando el techo. La oscuridad de la habitación lo envolvía como un sudario.

Y por primera vez en muchos años...

Sintió lágrimas arder en sus ojos.

No lloraba por el dinero. Le importaba un bledo el dinero.

Lloraba porque por unas horas había creído que alguien lo veía a él. No al apellido Mendoza. No al heredero del imperio. No al hombre que todos querían usar.

A él.

Y había sido una mentira.

—Eras diferente... —susurró al vacío, con la voz rota—. Creí que eras diferente.

Pero Valeria ya no estaba.

Había desaparecido de su vida como si nunca hubiera existido.

Llevándose consigo la única noche en años que él había sentido que algo en su corazón volvía a latir.

Sin saber...

Que también se llevaba el secreto más grande de todos.

Su hijo.

Tres días después.

En un autobús rumbo a la costa, Valeria iba sentada junto a la ventana. La ciudad se alejaba detrás de ella, reduciéndose hasta convertirse en un punto en el horizonte.

Llevaba las manos sobre el vientre, protegiendo instintivamente lo que aún no se notaba.

—Vamos a estar bien —susurró—. Te lo prometo.

El dinero de Doña Úrsula estaba en una cuenta nueva, a su nombre. Dinero manchado, sí. Pero dinero al fin.

Dinero que le permitiría empezar de cero.

Dinero que mantendría a su hijo lejos de los Mendoza.

Lejos de ese mundo de mentiras y apariencias.

Lejos de Alejandro.

Su corazón dio un vuelco al pensar en él. En sus ojos verdes mirándola como si ella fuera importante. En sus manos grandes y cálidas sosteniéndola. En la forma en que la había besado esa noche, como si ella fuera la única mujer en el mundo.

—Lo siento —murmuró otra vez—. Tenía que hacerlo.

Las lágrimas rodaron por sus mejillas sin que pudiera evitarlo.

No lloraba por el dinero. Tampoco por lo que dejaba atrás.

Lloraba porque amaba a Alejandro. Lo amaba con todo su corazón, a pesar de todo.

Y esa era la razón exacta por la que tenía que irse.

Porque amarlo significaba protegerlo de su propia madre. Significaba no ponerlo en la posición de tener que elegir entre ella y su familia. Significaba alejarse para que él nunca descubriera la verdad.

Que llevaba su hijo en el vientre.

Y que prefería desaparecer antes que convertir ese bebé en un arma en manos de los Mendoza.

El autobús tomó una curva y la ciudad desapareció por completo.

Valeria cerró los ojos y se dejó mecer por el movimiento.

Del otro lado, en la mansión Mendoza, Alejandro abría su tercer whisky de la noche.

Ninguno de los dos lo sabía todavía, pero esta no era una despedida.

Era solo el principio.

Y el destino ya estaba escribiendo el siguiente capítulo.

1
Nena
Que la muy ridícula quiso hacer una gracia y le salió moriqueta... Y mal hecha, porque hasta la sacaron del lugar sin retorno alguno.
Nena
Aquí la clase, altivez, elegancia, glamour, YO SOY MAS Y MEJOR QUE.... Se fueron por la cañería, que de lo último. Más clase tiene una persona con pocos recursos, que los ricos que viven de apariencias.
Nena
El suegro te ama tanto que busco seguridad para que te acompañarán a la salida sin retorno alguno, bruja cizañera. Es el nieto del dueño, FEA..
Nena
Así o más claro? SE TERMINÓ... El tipo por fin se esta apretando el cinturón..
Nena
Te la ganaste hace rato y bien hecho está... Yo siendo Valeria te agarro de los cabellos y te sacó, la tranquilidad de mi hijo se respeta.
Nena
Me indigna una mujer que habla de pertenencias sabiendo que eso nunca fue de ella... Ten dignidad Camila, ese hombre nunca te quiso y ahora menos.
Nena
Si, QUESO, que eso mismo es... Te van a dejar antes de lo menos indicado.
Nena
Ponte los pantalones y aprieta ese cinturón, tienes años con la misma agonía, mijo sacude y continúa, sino déjala ser posiblemente tu hermano le convenga.
Nena
Pedazo de imbécil, si tus planes no está casarte con esa víbora 🐍 entonces di... NO HAY MATRIMONIO y punto.
Nena
Cómo te cayó ese balde 🪣 de agua 💧 fría 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Garcia
Huy no que Alejandro la ayude y ponga en su lugar a esas viejas
Nena
Tú piensas casarte según tu...
Nena
Llenate de valor y dile parte de lo que la mamá te dijo, habla llegó el momento..
monita
Se que nadie me obligó a leer este novela que no esta terminada, pero como me pone de nerviosa cuando pasa mucho días y no sube capitulo 🤷me desepciona mucho ,me da gana de dejar de leer porque y a me olvide termino el último capitulo, me gusta la novela pero se me va las ganas 🤷
monita
por favor más capitulo 🙏
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
monita
que? Alejandro no trabaja? esta todo el dia metido en casa 🤭😅
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita y todos los días porfavor ojalá que Alejandro no siga a delante con la estupidez de casarse con arrimada esa
Juanita Gurrola
que es excelente me encanta
Jos Qui
y el papa de ellos ya va siendo hora que le ponga en su lugar a la esposa y la otras dos arrimadas que tienen ay voto 100%
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