Adrián Varma es el CEO Omega de un imperio tecnológico; un hombre rubio y tierno que oculta su sensibilidad tras trajes impecables y un aroma a pino y toronja. Su mundo perfecto se sacude cuando conoce a Leo, un Alfa atractivo pero con graves dificultades económicas que sobrevive trabajando en lo que puede para salvar a su familia.
A diferencia de otros, Leo exhala un aroma a eucalipto seductor que es capaz de calmar el estrés de Adrián. Lo que comienza como una relación laboral se convierte en una conexión profunda donde el dinero no importa
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Capítulo 11: El Escándalo del Ámbar y el Barro
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A la mañana siguiente, Adrián no despertó con el sonido de su alarma, sino con el vibrar incesante de su teléfono. Xavi lo estaba llamando desesperadamente. Al encender la pantalla, el corazón se le detuvo.
Las redes sociales y los portales de noticias financieras estaban inundados con una imagen de alta resolución: Adrián Varma, el pulcro y elegante CEO de Aether Soft, bajando de su auto de lujo en medio de un barrio marginal, con la mano entrelazada con la de un Alfa vestido con una sudadera desgastada.
El titular de Trend Élite era devastador:
"¿Amor o Peligro de Seguridad? El CEO de Aether Soft compromete la empresa en los suburbios."
Cuando Adrián llegó a la oficina, el aroma a orquídeas negras ya estaba impregnado en el vestíbulo. Julian Thorne estaba allí, rodeado de tres miembros principales de la junta directiva.
— ¡Qué puntual, Adrián! —exclamó Julian con una sonrisa de victoria—. Estábamos revisando tu nueva "estrategia de relaciones públicas". Los accionistas están aterrados. Dicen que tu aroma a pino se ha mezclado tanto con el lodo que ya no pueden confiar en tu juicio.
Adrián caminó con la cabeza en alto, aunque por dentro sentía que el suelo desaparecía. Su aroma a toronja era punzante, una señal de defensa absoluta.
— Mi vida privada no afecta la seguridad de esta empresa, Julian. Esas fotos son una invasión a la privacidad.
— Afecta cuando te involucras con alguien que tiene antecedentes de "hackeo" y vive en un nido de ratas —escupió uno de los directivos—. Julian tiene razón. Necesitamos una votación de confianza. O despides al Alfa Valari ahora mismo y emites una disculpa pública, o iniciaremos el proceso de destitución.
Adrián apretó los puños. El aroma a veneno de Julian era triunfal, casi asfixiante. Pero antes de que Adrián pudiera responder, las puertas del ascensor se abrieron.
Leo entró. No llevaba el traje que Adrián le regaló; llevaba su ropa de trabajo de siempre, pero su postura era más recta que nunca. Su eucalipto no era metálico ni débil; era un eucalipto ahumado y potente que barrió el olor a orquídeas de la estancia.
— No necesitan despedirme —dijo Leo, su voz resonando en todo el vestíbulo—. Porque yo no trabajo para ustedes. Trabajo para Adrián Varma. Y si quieren hablar de riesgos de seguridad, hablemos de cómo Julian Thorne contrató a un fotógrafo privado para violar la seguridad de mi hogar y la privacidad de su CEO. Eso es espionaje corporativo, no "preocupación".
Leo caminó hasta ponerse al lado de Adrián, y frente a los directivos y las cámaras de los empleados que observaban, tomó la mano de Adrián.
— Si el éxito de esta empresa depende de que Adrián sea un robot sin corazón, entonces ustedes no merecen su genio. Pero si depende de resultados, miren los servidores: anoche terminé el nuevo cortafuegos. Es impenetrable. Incluso para gente como Julian.
Julian palideció. No esperaba que Leo se enfrentara a la junta con esa seguridad. El aroma a pino de Adrián finalmente se estabilizó, volviéndose dulce y fuerte.
— Escucharon al Sr. Valari —sentenció Adrián, mirando a los directivos—. La junta de confianza será mañana. Pero hoy, sigan trabajando. Y Julian... si vuelves a poner un pie en mi edificio sin una citación judicial, Xavi te sacará personalmente.
Cuando Julian se fue, echando chispas de veneno, Adrián miró a Leo. El escándalo seguía ahí afuera, pero por primera vez, Adrián no tenía miedo.