Renace en un mundo mágico para cobrar venganza.
* Novela parte de un gran mundo mágico *
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Beso
Cuando Wilma se enteró de que no solo sería expulsada de la mansión, sino llevada al salón de la guardia, perdió por completo el control.
—¡No pueden hacerme esto! —gritaba, pataleando mientras los soldados la sujetaban—. ¡Yo no he hecho nada! ¡Cora Morgan, maldita sea, te vas a arrepentir! ¡Tu padre sabrá de esto!
Las maldiciones salían atropelladas, mezcladas con sollozos y amenazas vacías. Su voz se quebraba a ratos, subía de nuevo, se volvía histérica. El maquillaje corrido, el vestido arrugado, la dignidad hecha trizas.
Cora observaba la escena desde la entrada, serena, con las manos juntas frente a ella. Cada grito era una confirmación. Cada pataleo, una victoria.
Y sí… le daba satisfacción.
Cuando Wilma fue finalmente empujada hacia el carruaje escoltado, aún seguía gritando. Incluso cuando las ruedas comenzaron a avanzar, su voz seguía resonando por el camino de grava, perdiéndose poco a poco entre ecos furiosos.
Cora subió al carruaje de Jason con una tranquilidad casi insultante.
Durante los primeros minutos del trayecto, aún se oían los gritos de Wilma a lo lejos, desvaneciéndose lentamente. El traqueteo del carruaje marcaba un ritmo constante, casi hipnótico.
Jason rompió el silencio.
—Sabes que después de esto, esa mujer no se va a detener —dijo con tono serio—. Probablemente intente algo más.
Cora giró el rostro hacia él.
Sonrió. No era una sonrisa inocente. Era confiada. Segura. Provocadora.
—Para eso tengo a mi poderoso y guapo novio —respondió con ligereza—. Para que lo arregle.
Jason la miró de reojo, claramente fastidiado por la forma en que lo había dicho, por el tono burlón, por la naturalidad con la que lo involucraba en todo.
—No exageres —murmuró.
Pero por dentro… algo distinto se movió.
Recibir esa confianza absoluta, esa certeza con la que ella asumía que él estaría allí, que él resolvería las consecuencias, que lo necesitaba… no le desagradó. En lo más profundo, incluso le resultó inquietantemente agradable.
Jason apoyó el codo en el respaldo y apartó la mirada hacia la ventana.
Cora, aún sonriendo, se acomodó mejor en el asiento.
Afuera, los últimos ecos de Wilma se extinguieron.
Cuando el carruaje se detuvo frente al salón de la guardia, el ambiente cambió de inmediato.
Wilma descendió primero, escoltada. Ya no gritaba. Ahora caminaba cabizbaja, encogiendo los hombros, intentando hacerse pequeña, invisible. Evitaba mirar a cualquiera, como si así pudiera borrar lo ocurrido.
Cora lo notó al instante.
Y decidió que no se lo permitiría.
Apenas puso un pie en el suelo, alzando la voz más de lo necesario, dijo con tono tembloroso y herido..
—De verdad… nada de esto habría pasado si ella no hubiese intentado llevarse el regalo de mi novio…
Varias cabezas se giraron.
—Siempre he tenido que aguantar que se lleve cosas —continuó Cora, con una tristeza cuidadosamente ensayada—. Vestidos, joyas… yo nunca decía nada… pero esto… esto era mío…
Su voz lastimera resonó con claridad. La gente comenzó a murmurar. Algunos miraban a Wilma con desaprobación. Otros miraban directamente al duque, cuya sola presencia imponía un silencio reverente incluso cuando no hablaba.
Jason Evenson no necesitaba decir una palabra. Estar allí bastaba.. llamaba mas la atencion que la entrada de Wilma y las palabras de Cora..
Un soldado se acercó a Wilma con gesto profesional.
—Señora, acompáñeme.
Wilma levantó la cabeza, crispada.
—Señorita —corrigió, con voz tensa.
Cora ladeó la cabeza, mirándola con una falsa dulzura que ocultaba el veneno.
—Lo dice por respeto a tus años —respondió con calma—. No todos tienen la suerte de conservarlos.
Un murmullo recorrió a los presentes.
Wilma perdió el control.
Con un gesto brusco, intentó lanzarse hacia Cora para jalarle el cabello, pero Cora fue más rápida.. retrocedió un paso y se escondió detrás de Jason, aferrándose a su abrigo.
—¡Cariño! —exclamó con voz alta, clara, para que todos oyeran—. Tengo miedo…
Jason apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Cora lo abrazó, enterrando el rostro contra su pecho, sus manos apretándose con fuerza contra la tela de su ropa. Su cuerpo temblaba, o al menos eso parecía. Desde fuera, la imagen era inequívoca.. una joven asustada buscando refugio en su prometido.
Jason quedó rígido un instante.
Luego, casi por instinto, bajó una mano, colocándola en la espalda de Cora, sujetándola con firmeza. No dijo nada. No hizo falta.
La reacción fue inmediata.
Los soldados se interpusieron entre Wilma y ellos. La mujer comenzó a gritar de nuevo, pero esta vez nadie la escuchaba realmente. Todas las miradas estaban puestas en la escena.. el duque protegiendo a su prometida.
Cora, con la cabeza apoyada en el pecho de Jason, sonrió en silencio.
Nadie podía verla. Pero había ganado.
Cuando finalmente salieron del salón de la guardia, el aire de la tarde le pareció a Cora más liviano, casi dulce. Caminó unos pasos delante, con el rostro sereno y el porte relajado, como si nada pudiera perturbarla en ese momento.
Sabía que Wilma estaría al menos un par de horas encerrada, humillada, observada, susurrada por los guardias y por quienes se acercaran a curiosear. No era el final. Apenas el inicio. Pero aun así…
Cora se sentía bien.
Se detuvo, suspiró con satisfacción y, sin ocultarlo, murmuró..
—Ay… el placer de la venganza.
Jason, que caminaba a su lado, estuvo a punto de sonreír. La expresión se le formó de manera casi involuntaria, pero la contuvo enseguida, endureciendo el gesto como si no se permitiera ese desliz.
—Te esperaré mañana —dijo, retomando su tono serio—. Para trabajar.
Cora asintió con naturalidad.
—Por supuesto.
Jason hizo una seña y uno de los hombres acercó su caballo. Él apoyó el pie en el estribo, dispuesto a montar, mientras ordenaba..
—Llévenla a ella en el carruaje.
Cora frunció el ceño apenas un instante. Luego lo llamó, clara y firme..
—Jason.
Él se detuvo y la miró por encima del hombro.
—¿Ahora qué?
Cora se acercó con pasos tranquilos, una sonrisa ladeada en los labios.
—Falta que te despidas.
Jason la observó confundido, sin entender a qué se refería. No alcanzó a decir nada más.
Cora se inclinó apenas hacia él y, con un gesto suave pero decidido, le dio un beso corto en los labios. No fue profundo ni largo, pero fue claro, visible, imposible de ignorar.
—Adiós, cariño —susurró.
Jason quedó atonito.
Estaban en pleno pueblo. Había gente alrededor. Comerciantes, soldados, curiosos… más de un par de ojos abiertos como platos. Murmullos que comenzaban a nacer incluso antes de que el beso terminara.
Cora, aún cerca, se inclinó hacia él y le susurró con picardía..
—Ahora haremos el chisme.
Luego se apartó un poco, llevó una mano a su mejilla y, fingiendo vergüenza, alzó la voz lo suficiente para que los más cercanos escucharan..
—Qué vergüenza… por favor, no lo comenten con nadie…
Algunas personas sonrieron. Otras se miraron entre sí, sabiendo perfectamente que eso era imposible.
Jason montó el caballo todavía procesando lo ocurrido. Dio unos pasos para marcharse, pero antes de hacerlo se inclinó un poco hacia ella.
—¿Por qué dijiste eso? —preguntó en voz baja.
Cora lo miró con inocencia fingida y una sonrisa astuta.
—Porque no hay mejor chisme —respondió— que el que uno cuenta diciendo que no quiere que se sepa.
Jason la observó unos segundos más, sin saber si debía irritarse… o admirarla.
Luego hizo avanzar el caballo.
Cora subió al carruaje, apoyó la espalda en el asiento y cerró los ojos un instante, satisfecha.
La venganza avanzaba.
El poder empezaba a obedecerle.
Y el pueblo entero ya comenzaba a hablar.
que no pierde tiempo para recordarte directa e indirectamente tus errores pasados!, detesto ese/Smug/ Callalos Jason
ya está muerto y no se ha dado cuenta mi amigo, con esas palabras que le dijo a Jason, creó su propia tumba😡