Ella es Antonieta, quien después de morir se convirtió en Alexandra, una mujer destinada a morir, para salvarse de ese cruel destino que le espera, ella hará lo que sea para sobrevivir. Así tenga que usar métodos pocos convencionales.
Cuando creyó que por fin iba a ser libre, aparece alguien que pone su mundo de cabeza.
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Llegada.
Al ver que Fabio ya fue sometido, dicho alfa volvió a su forma humana y aún seguía vestido gracias a un hechizo especial que usaba cuando se transformaba.
—Querido Fabio, por fin te revelaste y así me ahorraste la molestia de ir por ti, eres una sabandija de lo peor, el trono de Nabil nunca te ha pertenecido, ni te pertenecerá jamás— dice Rowan con desprecio y Fabio lanza una bocanada de sangre, estaba muy herido.
Su cuerpo estaba herido y ya su lobo lo había dejado tras la brutal paliza que aquel monstruo le había dado.
—Monstruo, cuánto te odio, si no fuera por tu nacimiento, el trono sería mío— grita Fabio y vuelve a lanzar otra bocanada de sangre y Rowan le pisa una de sus manos la cual estaba herida.
—Lástima, ya no vivirás para volver a hacerle daño a nadie, infeliz, salúdame a los otros traidores que me intentaron matar, prometo celebrar con mucho vino tu muerte— dice el emperador con una voz fría que le causó un escalofrío a todos sus hombres.
Acto seguido, el emperador tomó una daga que tenía entre su ropa y se bajó a la altura de su tío y le cortó con precisión el cuello con aquella daga, cabe decir que Fabio murió al instante.
Después, mandó a que quemen su cadáver y también a matar a los aliados que quedaban con vida, los cuerpos de aquellos sujetos también serían quemados.
El alfa le ordenó a otros de sus hombres limpiar el palacio.
Acto seguido, tomó un escuadrón de hombres para ir a ver la condición del imperio, para ver si también la gente sufrió daños.
En efecto, Fabio había causado daños a muchas personas, había un montón de casas quemadas y gente herida y muertas por doquier.
Por fortuna, cada casa por orden del emperador tenía un refugio secreto, y las personas afectadas que perecieron o estaban heridos, lo hicieron porque intentaron hacerle frente a Fabio.
Aquel panorama le dolió en el alma al alfa, y con un carácter de soberano, comenzó a socorrer a su gente.
Los heridos fueron trasladados al palacio, y allí se le daría atención.
Los difuntos serían enterrados, y las casas afectadas serían reparadas.
Esa noche solo se enterraron a los difuntos y se armaron tiendas para acomodar a las personas que perdieron sus viviendas, aparte también que la familia de Fabio fue muerta, puesto que, ellos aunque no estaban con Fabio al momento del ataque, tenían conocimiento de sus planes y no evitaron el ataque.
El cuerpo del alfa y sus hombres estaban cansados, pero no había tiempo para descansar, el imperio necesitaba a su alfa para salir adelante.
Cuándo el día inició, las reparaciones para levantar el imperio siguieron en pie.
Mientras el imperio de Nabil estaba en movimiento. En el imperio de Nazarí Alexandra salía de los terrenos del marquesado con dirección a dónde su padre el duque, tenía pensado pasar unos días en ese lugar, con la intención de ajustar cuentas con esa familia.
Como señuelo, ella le llevaba un cofre lleno de oro al duque, ya que según se sabe, la estaba pasando mal, y estaba casi en la quiebra.
Un pequeño grupo de guardias iban con ella por si aquella familia se quería pasar de lista.
El recorrido hasta ese lugar fue un poco largo, y al llegar los guardias del ducado no la reconocieron, pero los guardias que andaban con ella, mostraron la insignia del marqués Amarante y le cedieron el paso sin problemas.
Fue así como Alexandra llegó al ducado Zalazar, y tomó por sorpresa a esa familia.
El duque creyó que la llegada de su hija mayor era para arreglar su relación familiar, y fue a recibir a su hija, ya que esos significa que sus días malos pasarán al olvido.
Por lo que con una sonrisa hipócrita fue a saludar a su hija en cuanto la vio bajar del carruaje.
—Hija mía, mira nada más que hermosa te ha vuelto, eres la joya de la familia Zalazar, soy un padre dichoso— dice el duque de manera hipócrita y Alexandra sintió asco por el comportamiento tan hipócrita de aquel sujeto.
Pero se aguantó su desagrado.
—Padre, sé que en el pasado no me fui de casa de una manera elegante, pero hoy he venido a recuperar nuestra relación de padres e hija, espero y acepte este pequeño regalo— dice ella haciendo una reverencia perfecta.
Dos guardias llegaron con el cofre y lo pusieron delante del duque, quien al ver el cofre fue a ver lo que contenía y quedó maravillado por tanto oro, hace años que no ve nada igual.
Las dos víboras fueron a ver también, y al ver el oro se asombraron.
Pero su orgullo no las dejó aceptarlo.
—Esposo, no tomes ese oro, no se sabe si tiene algún hechizo, o maldición — aconseja la concubina y el duque le dio una bofetada.
—Tu mujer ignorante, no hables estupideces, con este oro, la familia Zalazar puede volver a ser la de antes, espero y las dos se mantengan alejadas de mi hija Alexandra, ella ha venido a salvar de la ruina a esta familia— le gritó el duque a la concubina y su hija fue a socorrer a su madre.
—Papá, no puedes tratar a madre así, ella es tu esposa, además, es sospechoso que aquella mujer aparezca de la nada con este oro, no se sabe si lo robó de algún lado, solo mira su cara es una muerta de hambre— dice aquella chica de forma premeditada y el duque también le pega.
Alexandra aunque se alegraba de la situación, intervino, no quiero que sus planes se arruinen sin antes dar inicio.
—Padre, ese oro lo obtuve de forma legal, esos son mis ahorros, y los quise usar para ayudar a mi padre, pero comprendo, me iré de aquí, nadie me quiere — dice ella para luego ordenarle a dos guardias que tomen el oro.
Pero el duque no la dejo ir.
Si no que se apresuró y cayó de rodillas.
—Hija, quédate en casa, no te vaya tan rápido, esas dos ignorantes si te causan daño, lo pagarán, pero no te vayas— ruega el duque, le desagrada rogarle a Alexandra, él no quería llegar a esos extremos, pero la situación lo amerita y Alexandra decide quedarse.
No por las súplicas del duque, sino para hacer la vida de esas mujeres un infierno, las vas a destruir a ambas.
Por lo que determinada, ella se pone a altura del duque y le toma las dos manos y lo levanta.
Luego de eso le da un abrazo afectuoso, el cuerpo del duque se puso rígido por el contacto con su hija mayor, pero para que ella no se dé cuenta, le abraza también y luego la invita a pasar para dentro de la mansión.
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Días sin venir por aquí, y aquí tienen, nos vemos el domingo con más
Gracias por llevarnos a vivir tan emotiva novela.