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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 17

Un mes había pasado desde aquel viaje a la costa, un mes en el que las nuevas reglas de su romance secreto se habían consolidado detrás de las paredes de caoba de la empresa. La dinámica entre Víctor y Cecilia funcionaba con la precisión de un reloj suizo: en los pasillos y ante la junta directiva, ella era la viva imagen de la eficiencia, la secretaria dócil que jamás levantaba la voz; pero en cuanto el pestillo de la puerta principal echaba el cierre, esa timidez fingida mutaba en una entrega absoluta a la autoridad de su jefe.

Aquel jueves por la mañana, el ambiente en la oficina era inusualmente tranquilo. Cecilia estaba sentada en su puesto de la recepción, vistiendo una blusa de satén color esmeralda que se ajustaba a su cintura y una falda lápiz negra con una sutil abertura trasera. Tenía el cabello rubio recogido en un moño alto que dejaba al descubierto la línea de su cuello, un detalle que sabía perfectamente que a Víctor lo desarmaba. Mientras organizaba la agenda, cruzó las piernas con parsimonia, disfrutando del sutil roce de la seda contra su piel y de la expectación de quedarse a solas con él al final de la jornada.

Víctor estaba en su despacho, inmerso en la revisión de los cierres contables del mes. Llevaba un traje gris marengo impecable, pero se había quitado el saco y tenía las mangas de la camisa blanca remangadas hasta los antebrazos, exponiendo esa imponente presencia física de treinta años que mandaba en todo el lugar. A pesar del éxito de los negocios y de la plenitud que encontraba en su vida íntima con Cecilia, una sombra de cansancio nublaba su rostro serio y maduro. El divorcio estaba firmado, pero el fantasma de su pasado se resistía a soltarlo.

A las once en punto, el silencio del piso doce se rompió de golpe.

Las puertas del ascensor se abrieron y una mujer de paso firme, tacones altos que resonaban con furia sobre el suelo de madera y un abrigo de diseñador entró a la recepción. Era Ángela. Su rostro, perfectamente maquillado pero rígido por la tensión, denotaba esa prepotencia habitual con la que solía irrumpir en la vida de Víctor.

Cecilia se enderezó de inmediato en su silla, adoptando su postura profesional e impecable.

—Buenos días, señora. El señor Moreira se encuentra en una reunión interna y no puede... —comenzó Cecilia con su voz dócil, intentando frenarla.

—Quítate de mi camino, niñita. No necesito tu autorización para hablar con mi marido —la cortó Ángela con veneno en la voz, ignorando por completo la cortesía de la secretaria.

Sin esperar un segundo, Ángela empujó la puerta de vidrio del despacho de Víctor y entró como un torbellino, cerrándola tras de sí con un golpe seco. Cecilia se quedó helada en su puesto. El corazón le dio un vuelco, no por miedo, sino por la repentina intromisión de la mujer que durante meses había sido solo una voz histérica a través del teléfono. Mantuvo la calma, pero sus ojos oscuros se clavaron en el cristal polarizado, atenta a cualquier movimiento.

Dentro del despacho, Víctor se levantó de su silla ejecutiva de un salto al ver la invasión. Su mandíbula se apretó al instante y su mirada se volvió gélida.

—¿Qué demonios haces aquí, Ángela? Te he dicho mil veces que no tienes derecho a presentarte en mi lugar de trabajo sin avisar —soltó Víctor. Su voz profunda y autoritaria vibró en las cuatro paredes.

—¡Tengo todo el derecho, Víctor! —reclamó Ángela, caminando hacia el escritorio con los brazos cruzados—. Estoy harta de que me desvíes las llamadas y de que uses a tu secretarita de escudo. Tenemos que hablar de la pensión de Angélica y de la casa de campo. No puedes borrarme de tu vida como si fuera un simple papel de tu empresa.

—Los términos de la pensión y las propiedades quedaron perfectamente estipulados por los abogados el mes pasado, Ángela. No hay nada más que discutir. Estás buscando cualquier excusa para seguir controlándome —respondió Víctor, rodeando el escritorio para quedar frente a ella, haciendo gala de su contextura imponente para marcar distancia.

Ángela lo miró de arriba abajo. Verlo allí, tan atractivo, tan maduro y con esa seguridad que a ella siempre la había cautivado y fastidiado a la vez, encendió algo diferente en su interior. La rabia de sus reclamos habituales comenzó a transformarse en una desesperación cruda. Dio un paso hacia él, acortando la distancia, y su tono de voz cambió drásticamente, perdiendo la prepotencia para volverse un ruego quebrado.

—No es por el dinero, Víctor... y tú lo sabes —confesó Ángela, y sus ojos se llenaron de una capa de brillo—. Estoy furiosa porque te extraño. Extraño nuestra vida, extraño al hombre del que me enamoré. Sé que cometí errores, sé que nuestro matrimonio se volvió un infierno al final, pero... todavía te amo, Víctor. No puedo aceptar que me hayas olvidado tan rápido.

Víctor se quedó mudo por un segundo, tomado por sorpresa por el repentino cambio de estrategia de su exesposa. Sin embargo, en su mente no había espacio para el pasado. El recuerdo de las manipulaciones, de las noches de discusiones y, sobre todo, la paz y el fuego que ahora compartía en secreto debajo de las sábanas con Cecilia, le daban una claridad absoluta.

—Ángela, basta. Detente —dijo Víctor, levantando las manos para mantenerla alejada—. Lo nuestro se terminó hace mucho tiempo. No confundas las cosas. Yo ya tomé una decisión sobre mi vida y no voy a dar marcha atrás.

—No te creo, Víctor. Sé que todavía queda algo de lo que fuimos —insistió ella, completamente cegada por la negación.

Antes de que Víctor pudiera reaccionar o apartarse por completo, Ángela se abalanzó sobre él. Lo tomó por las solapas de la camisa abierta y, con una urgencia desesperada, selló sus labios en un beso hambriento, intentando revivir una llama que llevaba años extinta. Víctor, tomado por sorpresa por la fuerza física del movimiento, tardó un par de segundos en reaccionar, levantando los brazos para empujarla firmemente por los hombros y cortar el contacto de raíz.

Pero esos dos segundos fueron suficientes para cambiarlo todo.

Justo en ese preciso instante, la puerta del despacho se abrió despacio. Cecilia entraba sosteniendo una carpeta con los informes urgentes que Víctor le había pedido horas antes. Al levantar la vista, la escena la golpeó de frente: Ángela con las manos en el pecho de Víctor y los labios de ambos unidos en un beso.

El mundo pareció detenerse en el despacho. El silencio que siguió fue denso, pesado, cargado de una incomodidad insoportable.

Víctor apartó a Ángela con brusquedad de una vez por todas, girándose hacia la puerta con los ojos abiertos de par en par, la respiración agitada y el rostro pálido.

—Cecilia... —alcanzó a decir, y por primera vez en su vida, su voz de mando carecía por completo de firmeza. Era un ruego lleno de culpa.

Cecilia, sin embargo, dio una lección magistral de lo que significaba la regla número uno: mantener las apariencias a toda costa. Aunque por dentro sintió una oleada de furia y un pinchazo de traición que le encendió la sangre, su rostro no delató absolutamente nada. Su máscara de secretaria dócil y recatada permaneció intacta. Bajó la mirada sutilmente en su clásica postura de sumisión, disimulando a la perfección el torbellino de emociones que la devoraba.

—Lamento interrumpir, señor Moreira —dijo Cecilia con una voz suave, robótica, completamente vacía de emoción—. Aquí están los documentos que solicitó para la junta de la tarde. Los dejaré sobre el mostrador de la recepción para que los revise cuando esté... desocupado. Con su permiso.

Sin esperar respuesta, Cecilia dio la vuelta con parsimonia. Sus tacones resonaron con un eco seco y seguro mientras salía del despacho. Cerró la puerta de vidrio a sus espaldas sin hacer ruido, caminó hasta su escritorio, dejó la carpeta sobre la madera con manos firmes y tomó su bolso. Aunque salía enojada, su control sobre sus propios movimientos fue tan milimétrico que nadie en el piso habría notado que acababa de presenciar el colapso de su burbuja secreta. Caminó hacia el ascensor a paso firme, decidida a abandonar la oficina antes de que Víctor intentara darle una explicación que, en ese momento, ella no estaba dispuesta a escuchar.

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Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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