Emelie, una joven de 17 años regresa de visitar a su familia durante las vacaciones para descubrir que su novio y su mejor amiga la han traicionado y jugado con ella. Pero las vueltas del destino le demostrarán que siempre hay que dejar algo atrás, para que algo mejor llegue a nuestras vidas, en su caso, podría ser Sebastian, el joven profesor que se ha mudado recientemente a la ciudad.
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Labios de miel
Justo en ese momento cruzamos miradas, aquellos ojos color ámbar me parecían los más hermosos que jamás hubiera visto. Mi hermana me pidió que la llevara a casa y al imaginar que la tendría en mi auto a solas, los recuerdos de aquel hotel regresaron a mi mente. Sentí que debía alejarme de allí, al menos un momento, por lo que me disculpé y me dirigí a mi habitación. Refresqué mi rostro con agua fría, quizás así volvería a mis cabales.
Después de tomarme un momento, nos subimos al coche y nos dirigimos a su casa. Intenté conversar con ella, pero por algún motivo que desconocía, no pude hacerlo, aquella chica que iba a mi lado, logró ponerme de los nervios. Es así que durante todo el viaje, permanecimos en silencio.
Al llegar a su casa, ella me invitó a pasar, cosa que acepté. Me ofreció algo de beber y se sentó a mi lado. Yo necesitaba disipar las dudas que inundaban mi mente, por lo que, comencé a realizarle algunas preguntas. Cuando me dijo su edad, me quería asesinar a mi mismo. ¿Cómo fui tan tonto y dejar que aquello pasara? Me disculpé con ella por lo que había sucedido pero, para mi sorpresa, me dijo que no le importaba, que lo había disfrutado. Para luego besarme.
Al fin podía sentir aquellos dulces labios de miel, que tanto había soñado con volver a besar. Ella estaba dispuesta a estar conmigo nuevamente, pero no me perdonaría a mi mismo si permitía que las cosas avanzaran más que eso, por lo que me aparté de su lado y me excusé diciendo que debía volver a casa.
Necesitaba salir de allí, antes de perder la poca fuerza de voluntad que tenía. Pero sentí como esta se esfumaba al oírla a ella remarcar que si era consensuado, no era ilegal. Insinuando que quería estar conmigo, invitándome a estar juntos. Yo era muy consciente de que si ella estaba de acuerdo, no había ningún delito en el acto. Pero que algo sea legal, no significa que esté bien hacerlo.
Le dije que se vaya a descansar y le di un beso en la frente, para luego marcharme del lugar. Necesitaba irme de allí, lo antes posible.
Emelie:
Los días pasaron y el fin de ciclo se acercaba, las chicas del colegio fueron hablándome poco a poco, nuevamente. Pero Roxane, me dirigía miradas de odio cada vez que podía, por lo que ambas fingiamos que la otra no existía. Por su parte Nicole, evadía mi mirada, cuando nos encontrábamos. En cuanto a Marcus, él había intentado excusarse un par de veces, e intentar decir que estaba equivocada y luego que solo cometió un error. Pero no me interesaba escucharlo, sentía que era mejor alejarme de aquel tipo de personas.
Con el paso del tiempo, Marie y yo fuimos haciéndonos más amigas, por lo que además de hacer los deberes del colegio juntas, nos invitamos mutuamente a nuestras casas.
Cada vez que iba a la suya, tenía la esperanza de ver a Sebastián pero él nunca se encontraba allí. Y, al parecer, regresaba cuando yo ya me había marchado.