Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 8: Semillas de poder
La mañana no fue tranquila.
Fue pesada.
Ciel Rousla no se movía.
De pie frente a la ventana, observando la capital del Imperio del Rugido Eterno.
No por belleza.
Por cálculo.
Aquí no importaba quién eras.
Importaba cuánto podías sostener.
—“…No es suficiente.”
No bastaba con no caer.
Aquí—
tenías que hacer caer a otros.
—“…Tengo que construir.”
—“…Por fin lo dices.”
La voz llegó sin permiso.
Ciel no se giró.
—“…Sigues aquí.”
—“…No me pediste que me fuera.”
Silencio.
—“…Tu nombre.”
Pausa.
—“…Kaien.”
Ahora sí giró.
Lo miró.
De verdad.
—“…Bien, Kaien.”
Un paso.
—“…te necesito.”
No sonó débil.
Sonó peligroso.
—“…¿Para qué?”
—“…Para no equivocarme.”
Pausa.
—“…y para que otros paguen menos por mis errores.”
Silencio.
Kaien la midió.
—“…Eso no es común aquí.”
—“…No quiero ser común.”
Silencio más pesado.
—“…Entonces me quedaré.”
—“…Hasta que yo lo decida.”
No discutió.
Asintió.
Y eso—
ya era demasiado.
El palacio murmuraba.
No en voz alta.
Pero suficiente.
—“…¿La viste?”
—“…no gritó…”
—“…no hizo nada…”
—“…eso es peor…”
Ciel caminaba entre ellos.
Sin responder.
Pero escuchando todo.
—“…Ese es mi punto de partida.”
—“…Van a hablar más.”
Flora.
—“…No.”
Pausa.
—“…van a venir.”
Silencio.
—“…Haré una fiesta de té.”
—“…Eso es rápido.”
—“…Eso es tarde.”
La miró.
—“…Necesito aliados.”
Directo.
—“…o no sobrevivo.”
Las invitaciones salieron ese mismo día.
Siete días.
Ni más.
Ni menos.
Tiempo suficiente para fallar.
El aire estaba cargado.
No por ruido.
Por lo que no se decía.
La reina en el centro.
Intocable.
Los consortes—
callados.
Observando.
Joaquín—
inmóvil.
Pero presente.
—“…Miren quién apareció.”
Rosa.
—“…Pensé que no vendrías.”
Laura sonrió.
—“…o que vendrías gritando.”
—“…como siempre.”
Risa.
Ciel levantó la copa.
Bebió.
Y la dejó.
—“…¿Ya terminaron?”
Silencio.
Pequeño.
Pero incómodo.
—“…Antes no hablabas así.”
—“…Antes no pensaba.”
Eso cayó.
Pesado.
Y entonces—
Elira.
—“…Madre…”
Su voz fue suave.
Demasiado limpia.
—“…Ciel está diferente.”
Pausa.
—“…y eso es algo bueno.”
Silencio.
Nadie respondió.
—“…Antes…”
—“…era más fácil.”
Sonrió.
—“…ahora es interesante.”
Eso no fue elogio.
Fue advertencia.
Ciel no la miró.
Ni una vez.
Y eso—
rompió algo.
Porque antes—
habría reaccionado.
Ahora no.
Joaquín la observó.
Sin moverse.
Pero sin perder detalle.
El salón quedó vacío.
—“…No es un capricho.”
Joaquín.
Félix en la sombra.
—“…Siempre lo fue.”
—“…No.”
Pausa.
—“…esto tiene dirección.”
Silencio.
—“…Entonces es un problema.”
—“…Aún no.”
Pero lo sería.
La noche era fría.
—“…Sigues siendo la misma.”
Rosa.
—“…débil.”
Laura.
Ciel no respondió de inmediato.
Se giró.
Lento.
—“…Eso era antes.”
—“…demuéstralo.”
Silencio.
Tenso.
—“…No voy a caer en esto.”
Pausa.
—“…pero tampoco voy a permitirlo.”
—“…¿Y qué harás?”
Un paso.
Solo uno.
—“…Nada innecesario.”
Pausa.
—“…pero suficiente.”
Silencio.
—“…Compórtense.”
Bajo.
Frío.
—“…o lo lamentarán.”
No hubo risa.
Y eso—
fue nuevo.
Se fueron.
Sin ganar.
—“…Eso sí fue diferente.”
Kaien.
—“…Lo sé.”
—“…Antes habrías explotado.”
—“…Antes era fácil de romper.”
Ahora no.
La noche siguió.
Ciel abrió la caja.
Cristales.
Oscuros.
—“…No sirven para subir nivel.”
Flora.
—“…Lo sé.”
Pausa.
—“…sirven para algo mejor.”
Silencio.
—“…Belleza.”
Flora no rió.
—“…Eso…”
—“…va a funcionar.”
—“…No necesito que funcione.”
Pausa.
—“…necesito que las atrape.”
Silencio.
—“…y si las tengo a ellas…”
—“…tengo a sus esposos.”
Kaien habló.
—“…Sin dañarlos.”
—“…Sin necesidad.”
Pausa.
—“…el poder no siempre se impone.”
—“…se infiltra.”
Silencio.
—“…¿Y después?”
Flora.
Ciel no dudó.
—“…Información.”
—“…Un mercado.”
—“…que nadie vea.”
—“…pero todos usen.”
Kaien frunció el ceño.
—“…Eso es peligroso.”
—“…Lo sé.”
Pausa.
—“…por eso funciona.”
Ciel cerró la caja.
—“…La fiesta…”
Silencio.
—“…no es una invitación.”
Los miró.
—“…es una selección.”
Silencio.
Pesado.
Real.
—“…Aliadas…”
—“…y objetivos.”
La ciudad brillaba a lo lejos.
Pero ahora—
Ciel no la miraba como alguien que llegó.
La miraba como alguien que iba a quedarse.
—“…Siete días…”
Pausa.
—“…son suficientes.”
Y esta vez—
no estaba reaccionando.
Estaba empezando.
—“…Afilando las garras.”