En la ciudad prohibida, las reglas no solo están escritas en piedra, sino también en el corazón de un hombre que juró nunca amar.
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Capítulo 12: El Error de Cálculo
La atmósfera en la sala de conferencias principal de Li Corp no era simplemente tensa; era radiactiva. Tres días habían pasado desde la fatídica noche en las Colinas Fragantes y la posterior humillación en la sala de juntas. Tres días en los que Mei Ling se había sepultado bajo una montaña de cálculos estructurales, café frío y un orgullo herido que ardía más que cualquier fatiga.
Esta mañana, la reunión era de carácter internacional. No solo estaban presentes Li Wei y su junta directiva, sino también socios capitalistas de Singapur y el infame Chen Hui, cuya empresa constructora buscaba una alianza estratégica para la ejecución de la obra. Chen Hui se sentaba al otro extremo de la mesa de mármol, con una sonrisa de tiburón y los ojos fijos en Mei Ling como si fuera una presa herida.
—He revisado las proyecciones de la señorita Mei —comenzó Chen Hui, lanzando una carpeta sobre la mesa con un desdén ensayado—. Y debo decir que el título de "El Ala del Fénix" es muy apropiado. Al igual que el pájaro mitológico, este proyecto es pura fantasía. La curvatura propuesta para el atrio central no solo es un desafío a la gravedad, sino un insulto a la lógica financiera. Estamos hablando de un sobrecoste del cuarenta por ciento solo en la estructura de soporte.
Mei Ling sintió que la sangre le subía a las mejillas, pero mantuvo la espalda recta. Miró de reojo a Li Wei. Él estaba allí, impecable en un traje gris carbón, con los dedos entrelazados sobre la mesa, observando la escena con una impasibilidad que le resultaba insultante. No había hecho contacto visual con ella en toda la mañana.
—Señor Chen —respondió Mei Ling, su voz resonando con una firmeza que sorprendió incluso a Zhang Bo, que estaba a su lado—, la lógica financiera a corto plazo es lo que llena esta ciudad de cajas de zapatos de cristal sin alma. El sobrecoste que menciona es, en realidad, una inversión en valor de marca. La curvatura no es un capricho; es un sistema de ventilación pasiva y un icono visual que hará que este edificio sea reconocido mundialmente. Los cálculos de carga son precisos. Si su constructora no puede ejecutarlos, quizás el error de cálculo sea su falta de capacidad técnica, no mi diseño.
Un murmullo recorrió la sala. Chen Hui soltó una carcajada estridente, golpeando la mesa.
—¿Capacidad técnica? Llevo construyendo rascacielos desde que usted usaba lápices de colores, señorita. Lo que tenemos aquí es una arquitecta que confunde un edificio comercial con una escultura personal. Y me pregunto... —Chen hizo una pausa dramática, mirando a los otros socios—, me pregunto si el CEO de Li Corp está permitiendo este despilfarro por razones que no figuran en los libros de contabilidad. Los rumores sobre su... cercanía tras la gala benéfica son bastante ruidosos en los círculos financieros.
El silencio que siguió fue absoluto. Mei Ling sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. El ataque ya no era profesional; era un intento de asesinato social. Miró a Li Wei, esperando ver la misma frialdad con la que la había tratado los últimos días. Esperaba que él se distanciara, que la sacrificara para salvar su reputación.
Pero algo cambió en la mirada de Li Wei. La obsidiana de sus ojos se encendió con un fuego gélido. Se inclinó hacia delante, y el aura de poder que emanaba de él pareció succionar el aire de la habitación.
—Señor Chen —dijo Li Wei. Su voz era baja, un susurro peligroso que cortaba como una cuchilla—. En esta mesa se discuten estructuras de acero y retornos de inversión. Si quiere hablar de rumores y prensa sensacionalista, le sugiero que se retire y compre una suscripción a una revista de cotilleos. Pero no vuelva a faltar al respeto a la integridad profesional de mis consultores en mi presencia.
Chen Hui parpadeó, sorprendido por la reacción.
—Wei, solo estoy protegiendo nuestros intereses. El diseño es arriesgado y...
—El diseño es brillante —le interrumpió Li Wei, levantándose lentamente—. Y el único "error de cálculo" que veo aquí es su suposición de que puede usar ataques personales para encubrir su incapacidad de innovar. La señorita Mei ha presentado una solución arquitectónica que sitúa a Li Corp a la vanguardia del siglo XXI. Si su empresa no se siente capaz de alcanzar ese estándar, hay diez constructoras más en esta ciudad esperando por una oportunidad.
Li Wei caminó hacia el proyector y señaló el render de la torre. Su defensa no fue emocional, fue técnica, precisa y devastadora. Desmanteló cada una de las críticas de Chen Hui con una elocuencia que solo alguien que conocía el proyecto tan íntimamente como ella podría tener. Mei Ling lo observaba, atónita. Él no solo estaba defendiendo el edificio; estaba validando su existencia, su talento y su visión delante de los hombres más poderosos de la industria.
—La curvatura se queda —sentenció Li Wei, mirando fijamente a los socios de Singapur—. El presupuesto se mantiene. Y la señorita Mei Ling tiene mi total confianza y autoridad para supervisar cada fase de la construcción. Si alguien tiene un problema con eso, puede retirar su capital ahora mismo.
Nadie se movió. Chen Hui, con el rostro lívido, recogió sus cosas en silencio. La reunión fue clausurada diez minutos después con la aprobación unánime de continuar según el plan original.
Mientras los socios salían de la sala, Mei Ling se quedó clavada en su sitio. Zhang Bo le apretó el hombro con un gesto de alivio antes de salir también, dejándola sola con Li Wei.
Él se quedó junto al ventanal, de espaldas a ella, igual que el día anterior. Pero la tensión era distinta. El silencio ya no era un muro, era un puente que ninguno de los dos se atrevía a cruzar todavía.
—¿Por qué lo ha hecho? —preguntó ella al fin. Su voz era apenas un hilo, cargada de una mezcla de gratitud y confusión que la hacía temblar.
Li Wei no se giró de inmediato. El reflejo de la ciudad sobre el cristal enmarcaba su figura.
—Porque tenían razón sobre una cosa, Mei Ling —dijo él, y esta vez, cuando se volvió, su mirada ya no era la del CEO, sino la del hombre que la había besado bajo las estrellas—. No puedo permitir que nadie, ni siquiera yo mismo, destruya algo tan perfecto.
Mei Ling dio un paso hacia él, sintiendo que el nudo de su garganta se deshacía. El "error de cálculo" no había sido el diseño, ni la noche que pasaron juntos. El error había sido creer que podían volver a ser desconocidos después de haber visto el alma del otro.