Derek Greco, líder de una poderosa mafia italiana, sufre un atentado que lo deja en silla de ruedas, con pocas esperanzas de recuperar su antiguo poder. En su lucha por recuperarse, rechaza a todos los especialistas que se acercan, hasta que su padrino recurre a Alexa Clark D'Amico, una fisioterapeuta excepcional y la hija de un mafioso despreciable, responsable del atentado que cambió su vida. Aunque Alexa sabe que su vínculo con el hombre que destruyó a Derek podría ponerla en peligro, acepta el reto de rehabilitarlo y mudarse a su mansión. Desde el primer encuentro, Derek hace todo lo posible por hacerla huir, pero Alexa, con su determinación y talento, empieza a provocar avances en su recuperación. A medida que el tiempo pasa, entre ambos surgen sentimientos más profundos que van más allá de la amistad, mientras los secretos y el rencor amenazan con separarlos, ¿pero el amor podrá curar las heridas de sus pasados tan oscuros?
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CAPITULO 18
CAPÍTULO 18.
Por Alexa.
Los días fueron pasando. Alexey y James seguían contactándome por mensaje de texto, ya que habíamos regresado a Italia al día siguiente de aquellos sucesos. En cuanto a Victoria, Franco me ha dicho que se deshicieron del cuerpo. Claro que luego de que sus amigos me hayan ayudado a encargarme de aquello, Derek pego el grito en el cielo. Se disgustó por no haberle dicho la verdad de un principio. Sin embargo, lo veía feliz de saber que sus amigos y yo nos lleváramos tan bien. Además, después de aquel acontecimiento, Derek dijo por primera vez que me ama. Fue el día más feliz para mí.
Derek había salido temprano a la oficina y yo le dije que, como estaba algo adelantada con los contratos que estuve viendo, iría a visitar a Regina y a Bruno. Derek asintió y salió de la casa, no sin antes decirme y recalcarme que Jack o Giovanni me lleven y me esperen o que les avise para que me pasen a buscar al regreso.
—Lo sé cariño. Nada pasará conmigo. —Dije.
—Sabes que me preocupa pensar que alguien atente contra tu vida, mi dulce Alexa. Aunque teniendo en cuenta las últimas dos semanas sabes bien como defenderte. —Dijo él.
—Claro que sí. Además... Tú y yo estamos hechos para estar juntos. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé... Debo irme... Se me hace tarde para una reunión. —Dijo él.
—Quiero que escuches "Your Song", de Elton. Siempre que te sientas hundido. Así recuerdas que aquí, o en donde sea, siempre estaré esperándote. —Dije. —Tú eres mi hogar, el único lugar en el mundo donde quiero estar.
—Cariño... Eso fue... Lindo. —Exclamo sorprendido y algo confundido. —La escucharé de camino. Te amo... ¿Te veré a la noche?
—Claro que sí, Derek. —Dije, y luego de que me diera un tierno beso, el cual no quería terminar, me solté de él. —Debes irte amor, se te hará tarde. —Dije riendo.
Derek salió finalmente y yo bajé a desayunar. Luego de vestirme y arreglarme, le pedí a Giovanni que me lleve a casa de Regi.
—¿Quieres que te espere? —Dijo este cuando baje.
—No, puedes irte. No sé cuanto demore aquí. Te llamaré para que pases por mí de regreso. —Dije sonriéndole.
Giovanni asintió y regreso a la mansión. Mientras, yo golpee la puerta de la casa de mi cuñada. Cuando abrió, me abrazo feliz. Me dejo pasar y mi pequeño Brunito vino corriendo a mis brazos para abrazarme.
—¡Mi amor! —Grite, llenándolo de besos. —Te extrañé mucho.
—¿Dónde está el tío Derek? —pregunto en su idioma de bebe, apenas entendible.
—Oye... No nos vemos hace dos semanas y lo primero que haces es preguntar por Derek. —Dije riendo. —Está en el trabajo, pero podemos llamarlo luego si tú quieres. —Volví a decir. Él asintió y volvió a jugar con sus cosas.
—Ven, siéntate... Hablemos. —Dijo Regi, mientras traía dos tazas de café. —¿Cómo van las cosas con ese Dios romano?
—Todo está bien, Regi. Estoy muy feliz. Él está feliz. —Suspire, enamorada. —Han cambiado tantas cosas. Esa noche en Madrid, me dijo que me ama. —Dije tapándome la cara, para que no note lo roja que estaba.
—Vaya... Eso no me lo esperaba. —Dijo Regi, dándole un sorbo a su taza. —Le has hecho un bien a mi hermano adoptivo y eso me alegra muchísimo, amiga. —Exclamo, apoyando su taza en la mesita ratona. —Derek ha sufrido tanto en su vida y tú también y creo que entre ambos pueden sanarse las heridas.
—Y... ¿Tú?, ¿todo está bien con Sebas? Me sorprendió mucho la insistencia que tenías para que nos reunamos.
—Alex... Hay algo que tengo que contarte. —Dijo ella sonriendo.
—¿Qué es?, habla mujer. —Dije ansiosa.
—Vas a ser tía nuevamente. —Exclamo Regi y no pude aguantar la emoción. La abracé con fuerzas.
—Estoy tan feliz por ustedes. —Exclame. —Quiero que sean muy felices y siempre van a contar conmigo y con Derek.
—Lo sé, cariño. Gracias por eso. Eres la primera persona a la que se lo cuento. Ni siquiera Sebastián lo sabe aún. —Dijo ella riendo, emocionada.
Luego de unas horas de charla, risas, algunas fotos y audios que el pequeño Bruno le enviaba a Derek, decidí que era hora de regresar a la casa. Me despedí de ellos dos y estaba a punto de llamar a Giovanni para que pase a recogerme, cuando vi, la que parecía ser una de las camionetas de Derek fuera de la casa, y un hombre que no conozco, apoyado contra ella. Al verme, el hombre pregunto:
—¿Eres Alexa?
—Sí. —Exclame confundida. —¿Quién eres tú? —pregunte confundida. Tenía una fuerte presión en el pecho. Sentía que algo malo estaba a punto de pasar.
—Soy un empleado del Sr. Greco. El envío por mí para buscarte. —Exclamo.
—Bien... Yo... Solo dame un minuto. —Hice ademán para hacer una llamada, pero cuando el muchacho me vio, se adelantó enseguida, confirmándome que pasaría algo malo, así que, apretando rápidamente las teclas del lado de mi celular, alcance a enviar un mensaje SOS a Franco, que era mi contacto de emergencia. Derek me había dicho hace tiempo que debía tenerlo en caso de que necesitara algo, ya que era más seguro de esa manera. Franco se encargaría de reunir a su gente y darle aviso a él. Gracias a Dios le hice caso.
El hombre se acercó a mí y me hizo subir a la camioneta a punta de pistola. Claro que la tenía bien escondida, quien nos viera desde lejos pensaría que solo está siendo caballeroso o amigable al acompañarme hasta la camioneta. Sin resistirme, le hice caso. Rogando que Franco haya recibido el maldito mensaje.
Rápidamente, el hombre me quito el teléfono y lo lanzo al piso, pisándolo muchas veces hasta dejarlo destrozado en el suelo. Dentro de la camioneta había un hombre más esperándome, que me tenía a punta de pistola en el asiento trasero.
—Por Dios, que es esto. —Pensaba.
El primer hombre se subió del lado del conductor y comenzó a conducir hacia algún lugar. Estaba asustada. No entendía qué ocurría. Solo rogaba que Regi haya notado algo extraño, o que Franco ya esté movilizando a su gente. Estaba muy asustada y esta presión enorme en mi pecho no se iba.
—¿A dónde me llevas? ¿Quién eres? —pregunte.
—No hagas más preguntas. Te enterarás cuando lleguemos allí. —Exclamo el hombre que conducía. —Tengo que hacer una parada por órdenes del jefe, necesito que te encargues de ella. —Dijo este, dirigiéndose al que me tenía a punta de pistola.
Hicimos unos metros más, y el hombre se bajó en una especie de cafetería o bar y entro por una puerta alternativa a la de entrada al local.
—¿Tú eres la mujer de Derek Greco? —Dijo el hombre que se quedó conmigo en la camioneta.
—Eso está más que claro. No me tendrían aquí si no lo fuera. —Dije.
—Me llamo Marcelino. —Dijo. —Quiero que tengas tu vista fijada hacia adelante. Nadie puede saber que estamos teniendo esta conversación.
Lo miré asombrada.
—¡Hazlo! —Dijo, intentando no gritar demasiado fuerte.
Hice caso a su petición y luego siguió hablando:
—Trabajo para Alfonso Rinaldi. Escucha, Alexa. No tenemos tiempo. Quiero que me digas lo que necesitas que le haga llegar. No puedo ayudarte a escapar porque me comprometería. —Dijo él y luego de una pausa continua. —Quiero que sepas que esto no será fácil. Las personas que están detrás de esto, están dispuestas a todo por dañar a Derek y a toda la familia. Como dije antes, no podre ayudarte. Pero puedes decirme lo que necesites y yo se lo haré llegar.
—Quiero que le digas el lugar al que me llevan. —Dije, asustada. —Sé que él vendrá por mí.
—Se lo diré. Pero sabes de antemano que él no podrá rescatarte. —Dijo el hombre.
—Lo sé. —Dije suspirando, Soltando un sollozo. — "No siempre podre rescatarte". Esas fueron sus palabras. —Dije.
—No tenemos mucho tiempo, Alexa.
—Quiero que le digas a Derek que no hui. Que me espere. Dile que me espere en el lugar donde todo comenzó aquel tres de septiembre. Dile eso, él sabrá qué hacer.
—Donde todo comenzó, el día tres de septiembre.
—Entiendo.
—Anótalo si es necesario. Y, hay algo más. —Dije.
—Rápido. Mario está saliendo. —Dijo, refiriéndose al otro hombre.
—Si me estás traicionando, cuando salga liberada de esta mierda, al primero que buscaré será a ti.
El otro hombre arrancó la camioneta y nos dirigimos hacia ese maldito lugar que tanto odiaba. La casa de mis padres. Pero, ¿quién carajos me quiere aquí? Papa está muerto. Yo lo mate.