Javier Müller, heredero de una de las corporaciones más poderosas de Europa, siempre fue educado para ser perfecto: elegante, obediente y fuerte ante el mundo. Pero cuando la estabilidad financiera de su empresa se ve amenazada, su padre toma una decisión cruel: unir su fortuna con el imperio criminal más temido del continente.
Así, Javier es obligado a casarse con Damián Moretti, el mafioso número uno, un hombre sin corazón
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Capitulo 10: Máscaras de cristal y ceniza
El amanecer sobre el Lago de Como no trajo consuelo, solo una luz cruda que obligaba a las sombras a esconderse. Para Javier Müller, el despertar fue un proceso doloroso de reconocimiento.
Cada centímetro de su cuerpo protestaba, recordándole la brutalidad de la noche anterior. Sin embargo, no hubo espacio para el luto personal. El contrato exigía una actuación, y Javier, ahora convertido en un bloque de hielo, estaba dispuesto a dar la función de su vida.
Se sentó frente al tocador mientras Ágata entraba con pasos amortiguados. La mujer soltó un pequeño jadeo al ver el estado de su rostro.
—Señor… déjeme ayudarlo —susurró ella, sacando un kit de maquillaje profesional que Damián había enviado con un mensajero al amanecer.
Javier no dijo nada. Observó cómo las manos expertas de la mujer cubrían el moretón púrpura con corrector y base de alta cobertura. Capa tras capa, el rastro de la mano de Damián desapareció bajo una piel artificialmente perfecta. El labio partido fue sellado con un bálsamo especial. Al terminar, el espejo no reflejaba a una víctima, sino al heredero Müller: frío, elegante ,impecable y letal.
—Gracias, Ágata—dijo Javier. Su voz ya no temblaba. Era un metal afilado—. Ahora, tráeme el traje de lino blanco. Si vamos a navegar, que piensen que somos la viva imagen de la pureza.
Mientras tanto, en la sede central del imperio en Milán, Luca Ferretti caminaba por los pasillos de mármol con el peso de mil secretos sobre sus hombros. Luca era la mano derecha de Damián, su amigo y confidente, pero antes que eso, era un hombre de la Familia Moretti. Y en esa estructura piramidal, el vértice siempre sería Vittorio.
Luca fue anunciado y entró en el despacho del patriarca. Vittorio estaba de pie, alimentando a los halcones que mantenía en la terraza. No se giró al escuchar los pasos de Luca.
—Dime, Luca —la voz del anciano era un susurro rasposo—. ¿Cómo progresa la inversión en el Lago? ¿El joven Müller ha aceptado finalmente su destino?
Luca bajó la cabeza, una señal de respeto que le quemaba el orgullo, pues sabía que su lealtad a Damián se estaba fragmentando.
—Señor… las tensiones son altas. Damián no ha sido… sutil. Ha habido conflictos físicos. El joven Müller estuvo enfermo, pero Damián no ha moderado su conducta.
Vittorio se rió, un sonido seco como hojas muertas.
—Damián siempre ha tenido un temperamento volcánico. Necesita una salida para su frustración por la pérdida de ese muchacho, Ángel. Si Müller tiene que ser el saco de boxeo para que mi hijo mantenga la cabeza en los negocios, que así sea. ¿Y Javier? ¿Está doblegado?
Luca recordó la mirada de Javier antes de salir hacia la villa: no era la mirada de alguien doblegado, sino la de alguien que estaba calculando el precio de cada herida.
—Es un Alfa puro, señor. No se dobla fácilmente. Pero ante el mundo, están cumpliendo. Hoy saldrán al lago para las fotos de Vogue Italia y los paparazzi contratados.
—Bien —asintió Vittorio—. Asegúrate de que parezcan enamorados. La estabilidad del mercado depende de esa farsa. Si Damián necesita romperle un hueso para que sonría, asegúrate de que no se vea en las fotos. Puedes retirarte.
Luca salió del despacho sintiendo un asco creciente. Estaba atrapado entre un padre sociópata y un hijo que se estaba convirtiendo en un monstruo.
El sol brillaba con una intensidad irónica cuando Damián y Javier subieron a la lancha de madera pulida, un modelo clásico de Riva que gritaba aristocracia italiana. Damián vestía una camisa de seda azul oscuro, abierta en el cuello, proyectando una imagen de relax que contrastaba violentamente con la tensión de su mandíbula.
A lo lejos, en una lancha discreta, los fotógrafos preparaban sus lentes de largo alcance.
—Sonríe —masculló Damián entre dientes, mientras rodeaba la cintura de Javier con un brazo que se sentía como un grillete—. Pon tu cabeza en mi hombro. Haz que parezca que me amas, Müller.
Javier obedeció. Inclinó la cabeza, permitiendo que su rostro impecablemente maquillado descansara cerca del cuello de Damián. Para los lentes de los fotógrafos, era una imagen de devoción absoluta. Un Alfa y un Delta encontrando la paz tras una boda tumultuosa.
—Lo hago por mi familia, no por ti —susurró Javier, manteniendo la sonrisa congelada para las cámaras—. Pero recuerda esto, Damián: cada segundo de esta humillación tiene un precio. Y te aseguro que no tienes suficiente dinero para pagarlo.
Damián apretó el agarre, sus dedos hundiéndose en la cadera de Javier, justo donde un moretón fresco palpitaba bajo la tela del traje.
—Eres un excelente actor. Quizás deberías haberte dedicado a la actuación en lugar de a las finanzas.
—En mi mundo, ambos son lo mismo —respondió Javier—. Mira hacia allá. Saluda. El mundo quiere ver al gran Damián Moretti feliz. Dales lo que quieren mientras yo preparo lo que tú te mereces.
Durante dos horas, navegaron por las aguas cristalinas. Se tocaron, se susurraron al oído y fingieron una complicidad que engañó incluso a los ojos más cínicos de la prensa internacional. Javier se aseguró de que los ángulos fueran perfectos. Sabía que cuanto más perfecta fuera la farsa, más dolorosa sería la caída cuando él decidiera tirar del hilo.
Continuará....
🔥 Luca Ferretti
Edad: 45 años
Subgénero: Delta dominante
Posición: Mano derecha de Damián Moretti
Lealtad pública: Casa Moretti
Lealtad real: Fragmentada
Luca Ferretti no nació para liderar… nació para sostener imperios desde las sombras.
Fue criado bajo la estructura jerárquica de la Familia Moretti, donde aprendió que la lealtad no es una emoción, sino una estrategia de supervivencia.
Su mayor conflicto no es externo. Es interno.
Porque Luca entiende que Damián se está transformando en algo peligroso… y que el patriarca Vittorio jamás permitirá debilidad en su heredero. Está atrapado entre dos fuegos: el padre que exige resultados y el amigo que se está autodestruyendo.
No es cruel.
Pero tampoco es inocente.
Luca no levanta la voz.
No amenaza.
No golpea.
Pero cuando finalmente actúe, el tablero entero cambiará.
El final me encanta, es lo que se necesita para este tipo de historias.
Bueno no se que comentar más, muy buena historia.