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Una Esposa Por Un Año

Una Esposa Por Un Año

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

¿Qué sucede cuando un matrimonio comienza como un acuerdo y termina convirtiéndose en el único lugar al que ambos desean pertenecer?

Nyssa Johnson está dispuesta a sacrificarlo todo por su familia, incluso sus propios sueños. Cedric Vellane tiene dinero, poder y una vida sin compromisos, pero está a punto de perder a la única persona que siempre ha estado a su lado: su abuela.

Un matrimonio por contrato parece ser la solución perfecta para ambos. Ella obtendrá la estabilidad que necesita y él cumplirá el último deseo de Eleanor.

Sin amor, sin obligaciones y con una fecha de vencimiento.

Pero entre besos fingidos, discusiones y sentimientos inesperados, las reglas comienzan a desmoronarse.

Y cuando el contrato termine, tendrán que descubrir si lo que los une es suficiente para elegirse sin ninguna obligación.

Porque fingir un matrimonio es fácil. Lo difícil es dejar ir a quien nunca planeaste amar.

Él la dejó marchar porque creyó que no tenía derecho a pedirle que se quedara. Ella se fue creyendo que él nunca la había elegido. Ninguno imaginó que, al separarse, también estaban dejando atrás una parte de sí mismos.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La mujer detrás del cansancio

Ale estaba encantado con su nueva mochila.

Aquella mañana, George lo llevó a la escuela mientras Nyssa se despedía de él con un beso en la frente y la promesa de estar esperándolo cuando regresara.

—Pórtate bien y escucha a tu maestra.

—¡Siempre me porto bien!

Nyssa arqueó una ceja.

—¿Siempre?

Ale soltó una risita y corrió hacia el automóvil.

Cuando George se marchó, ella regresó al interior de la casa. Pensaba aprovechar la mañana para llamar al hospital y revisar los documentos del contrato, pero Cedric tenía otros planes.

—Ven al salón —le indicó cuando la encontró en el pasillo.

Nyssa lo siguió con cierta desconfianza.

Al entrar, se encontró con tres personas que llevaban maletas llenas de productos de maquillaje, herramientas para el cabello y varias fundas con vestidos.

Se detuvo en seco.

—¿Qué es todo esto?

Cedric, que revisaba unos mensajes en su teléfono, levantó la mirada.

—Un equipo de estilistas.

—Eso lo veo. ¿Por qué están aquí?

—Porque esta tarde conocerás a mi abuela y quiero que estés presentable.

Nyssa entrecerró los ojos.

—¿Estás diciendo que no estoy presentable?

Cedric alzó la vista hacia ella.

Llevaba unos pantalones sencillos, una camiseta y el cabello recogido en una coleta descuidada. Tenía ojeras por las noches sin dormir y la piel apagada por el agotamiento.

—Estoy diciendo que llevas semanas trabajando hasta caer rendida y que probablemente no tienes tiempo para preocuparte por tu aspecto. No es lo mismo.

Ella cruzó los brazos.

—Puedo arreglarme sola.

—No lo dudo. Pero estas personas saben lo que hacen y tenemos poco tiempo.

—¿Y no podías preguntarme antes de organizar todo esto?

Cedric dejó el teléfono sobre la mesa.

—Tienes razón. Debí preguntarte.

Su respuesta la tomó desprevenida.

—¿Eso es todo?

—¿Esperabas que discutiera contigo?

—Un poco.

Él soltó una pequeña risa.

—Bueno, puedo hacerlo si te hace sentir mejor.

—Ni se te ocurra.

Cedric sonrió y se dirigió hacia la puerta.

—Te dejo en buenas manos. Si algo no te gusta, díselo. Nadie va a obligarte a usar nada.

Nyssa lo observó marcharse antes de volverse hacia las estilistas.

Todavía le parecía extraño que alguien gastara tanto dinero en prepararla para una simple visita familiar.

Pero aquella tarde no iba a conocer a una mujer cualquiera.

Iba a conocer a la abuela del hombre con el que estaba considerando casarse.

Y quería causar una buena impresión, aunque fuera por su propia tranquilidad.

El equipo comenzó por su cabello.

Una de las estilistas le pidió que se sentara frente al espejo y le soltó la coleta. Su melena cayó sobre sus hombros en ondas naturales, revelando una longitud que Nyssa casi había olvidado.

—Tienes un cabello precioso —comentó la mujer mientras lo cepillaba—. ¿Alguna vez lo has llevado más corto?

—Hace años. Cuando todavía tenía tiempo para esas cosas.

La estilista la miró a través del espejo, pero no hizo preguntas.

Después se ocuparon de su maquillaje.

Nyssa estaba acostumbrada a maquillarse deprisa, cuando tenía unos minutos libres antes de entrar a trabajar. Un poco de corrector, máscara de pestañas y algún labial discreto eran todo lo que podía permitirse.

Aquello era completamente diferente.

Trabajaron su piel sin recargarla, resaltaron sus ojos y aplicaron un tono suave en sus labios. El resultado no la hacía parecer otra persona; simplemente dejaba ver la belleza que el cansancio había ocultado.

Finalmente, le presentaron varios vestidos.

Nyssa eligió uno elegante de color azul oscuro, de corte sencillo, que se ajustaba delicadamente a su figura sin resultar demasiado llamativo. El escote era discreto y la falda caía hasta debajo de las rodillas.

Cuando terminaron, una de las mujeres se apartó para que pudiera verse de cuerpo entero.

Nyssa se quedó inmóvil.

El cabello suelto enmarcaba su rostro. El maquillaje iluminaba sus facciones y el vestido resaltaba su altura y su silueta.

Era hermosa.

No de una manera que necesitara joyas costosas o prendas extravagantes.

Había algo en sus facciones, en la forma de sus ojos y en la elegancia natural con la que se mantenía de pie que hacía que pareciera salida de una sesión fotográfica.

Durante un instante, recordó las fotografías guardadas en una caja debajo de su cama.

Las imágenes de aquella chica que soñaba con ser modelo.

La chica que había dejado de perseguir sus sueños porque su familia necesitaba que trabajara.

—Tienes una presencia increíble —dijo la estilista—. ¿Has trabajado alguna vez como modelo?

Nyssa bajó la mirada.

—No profesionalmente.

No quiso explicar más.

La mujer sonrió, sin insistir.

—Pues deberías considerarlo.

Nyssa contempló su reflejo una vez más.

Por primera vez en mucho tiempo, no se vio como la camarera agotada que corría de un empleo a otro.

Vio a una mujer joven que todavía tenía mucho por descubrir de sí misma.

Y esa sensación fue tan inesperada que tuvo que apartar la mirada.

Cedric estaba en el salón cuando ella apareció.

Tenía el teléfono en la mano y hablaba con George sobre unos asuntos de la empresa. Se interrumpió a mitad de una frase cuando la vio bajar las escaleras.

Nyssa no caminaba como una mujer acostumbrada a aquel tipo de atención. Bajaba con cuidado, sujetando ligeramente la tela del vestido, todavía incómoda con la idea de que tantas personas estuvieran pendientes de su aspecto.

Pero Cedric apenas reparó en su inseguridad.

Lo primero que notó fue su rostro.

Después, su cabello suelto.

Y finalmente, la elegancia natural con la que el vestido acompañaba su figura.

Era la misma mujer que había visto trabajando en el restaurante, con los pies doloridos y el cansancio marcado en los ojos.

Sin embargo, aquella imagen parecía pertenecer a otra versión de ella.

Una que había permanecido oculta bajo jornadas interminables y preocupaciones que no le correspondían a una mujer de veinticuatro años.

George, que seguía al otro lado de la llamada, tuvo que repetir su nombre.

—¿Señor Vellane?

Cedric parpadeó y volvió a mirar el teléfono.

—Te llamo después.

Colgó.

Nyssa se detuvo frente a él, incómoda con su silencio.

—¿Qué pasa? ¿Está mal el vestido?

Cedric negó despacio.

—No.

—¿Entonces?

Él guardó el teléfono en el bolsillo.

—Te ves preciosa.

Nyssa se quedó callada.

No porque nunca hubiera recibido un cumplido, sino porque no esperaba escucharlo de él. Cedric tenía la clase de seguridad que le permitía decir aquellas cosas sin parecer avergonzado.

—Gracias —respondió finalmente.

Él la observó un instante más.

—¿Sabes que tienes facciones de modelo?

El corazón de Nyssa dio un pequeño vuelco.

—¿Quién te dijo eso?

—Nadie. Tengo ojos.

Ella desvió la mirada.

—Eso ya lo sé.

—¿Entonces por qué pareces sorprendida?

Nyssa dudó antes de responder.

—Porque no es algo que importe ahora.

Cedric percibió el cambio en su expresión. Había tocado un tema que ella no quería compartir y no pensaba presionarla.

—Está bien —dijo—. No tienes que hablar de ello.

Nyssa volvió a mirarlo.

Aquella respuesta sencilla le permitió relajarse un poco.

Cedric le ofreció el brazo, aunque no intentó tomarla de la mano.

—¿Lista para conocer a mi abuela?

Ella miró su brazo antes de aceptarlo con cierta cautela.

—Eso creo.

—No te preocupes. Es bastante más amable que yo.

—No parece difícil conseguirlo.

Cedric soltó una carcajada.

—Vaya. Y yo que estaba pensando en decirle que eres una mujer encantadora.

—Puedes decirle lo que quieras, siempre que no inventes cosas sobre mí.

La sonrisa de Cedric se suavizó.

—Trato hecho.

Salieron juntos de la casa.

Nyssa todavía no sabía cómo sería aquella visita ni qué pensaría la abuela de Cedric sobre ella.

Pero mientras caminaba a su lado, con el cabello moviéndose suavemente sobre sus hombros, sintió algo que llevaba años sin experimentar.

No era felicidad completa.

Mucho menos amor.

Era el recuerdo de una posibilidad que creía haber perdido.

La posibilidad de volver a ser algo más que la persona que siempre tenía que hacerse cargo de todo.

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Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Renata Mabel
me encanta esta historia ✨🦆
Carmen Chávez Rebolledo
excelentes relatos me encantan
𝑴𝒊𝒏𝒂𝒓𝒚ღ
Nueva seguidora ✨
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida y cobarde!!! xq no lo llamo a Cédric y averigua?
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