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Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
​Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
​En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
​La víctima murió... hoy reina la destructora.

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CAPÍTULO 17: Las dos caras de la moneda

​Dante se abotonó la chaqueta del traje con frialdad, dio media vuelta y abandonó la sala de juntas de los Thorne a pasos firmes, dejando a Chloe con la palabra en la boca y a Aria con esa mirada de desafío contenida que todavía le encendía la sangre. Chloe intentó apresurar el paso para alcanzarlo en el vestíbulo ejecutivo, pero las puertas del ascensor se cerraron de golpe frente a sus ojos, dejándola plantada y frustrada en medio del pasillo.

​Aria, por su parte, aguardó unos segundos a solas en la enorme mesa de cristal. Ajustó el broche de su bolso con pulcritud, y abandonó la torre con la cabeza en alto para atender los compromisos previos que tenía pautados fuera de la corporación. Ninguno de los presentes sospechaba la tormenta que estaba a punto de desatarse en el tablero.

​Al caer la noche, la ciudad adoptó una faceta mucho más oscura y peligrosa. La camioneta negra de Dante recortó la penumbra del callejón posterior de Sanctum, un club nocturno subterráneo y ultraexclusivo blindado contra cualquier inspección policial: la fortaleza del imperio criminal más poderoso del país.

​Dos hombres armados y vestidos con trajes oscuros le abrieron paso de inmediato con inclinaciones de cabeza reverenciales. Dante avanzó por el pasillo de luces tenues hasta la suite privada del último piso, donde el humo denso de habano y el aroma a whisky de reserva dominaban la atmósfera.

​En el centro del reservado, cómodamente instalado en un sillón de piel, aguardaba su tío, Luciano Vance. A sus sesenta años, Luciano era el capo supremo del crimen organizado nacional, un hombre de mirada de acero cuya sola presencia infundía un terror absoluto en el inframundo.

​—Llegas puntual, Dante —dijo Luciano con su voz rasposa, haciendo una leve señal para que los escoltas despejaran la habitación y cerraran las puertas dobles con cerrojo.

​—El tiempo es el único activo que no se recupera, tío —contestó Dante, sirviéndose un vaso de cristal con licor sin pedir permiso antes de tomar asiento frente a él.

​Dante se recostó en el respaldo del sillón de cuero con una postura impecablemente relajada, cruzando una pierna con elegancia. Sin embargo, detrás de esa compostura serena se escondía un peligro acechante. Sus ojos verdes claros, intensos y magnéticos, resplandecían bajo la penumbra con una mirada oscura, fría y calculadora que infundía un respeto visceral en cualquiera que se atreviera a sostenerle la vista.

​Entre la dinastía Vance, la brecha familiar era un secreto a voces teñido de ambición y sangre. Décadas atrás, el padre de Dante y su hermano Luciano habían tomado caminos opuestos: mientras el padre de Dante construyó un imperio corporativo limpio, legal y multimillonario, Luciano se convirtió en el dueño absoluto de la mafia, el tráfico internacional y las redes clandestinas del país.

​El padre de Dante siempre luchó por mantener a su familia totalmente al margen del barro ilegal de su hermano. Sin embargo, Luciano estaba envejeciendo y necesitaba asegurar la transmisión del poder supremo.

​—He tomado la decisión de retirarme, Dante —soltó Luciano, clavando sus ojos oscuros en los de él—. Pero no voy a dejarle este imperio a incompetentes que lo destruyan en seis meses. Por eso te quiero a ti.

​Dante sostuvo la mirada en silencio, bebiendo un sorbo lento de su vaso. Una sonrisa amarga y helada cruzó por sus labios.

​—¿Y qué opinan tus hijos de esto, tío? —preguntó Dante con voz suave pero cargada de sarcasmo—. Sabes de sobra lo ambiciosos que son. Se han pasado la vida entera deseando quedarse con tu puesto, pero sobre todo, se han pasado la vida envidiándome y comparándose conmigo. Ponerme a mí por encima de ellos solo va a avivar ese fuego. No me gusta nada esa posición, porque sé perfectamente que siempre me han tenido en la mira.

​Luciano dejó escapar un bufido de desdén, descartando las objeciones con un ademán de la mano.

​—Mis hijos no tienen el carácter, la frialdad ni el talento que exige este trono —sentenció Luciano con dureza—. Son impulsivos, ambiciosos sin visión y se dejan llevar por el orgullo. Si les entrego la red criminal, en menos de un año habrán desatado una guerra de plazas y terminarán muertos o en la cárcel. No me importa su envidia hacia ti. Tú eres el único con la inteligencia táctica y la mente calculadora para gobernar ambos lados.

​Luciano hizo una pausa, observando detenidamente la postura relajada de Dante y el brillo letal de sus ojos verdes.

​—Admiro tu entrenamiento, Dante —continuó Luciano, bajando el tono de voz a una confidencia pesada—. La forma impecable en que dominas el manejo de armas, tu precisión quirúrgica y, sobre todo, tu maestría absoluta en las operaciones tácticas del tráfico de armas. Has demostrado mover cargamentos multimillonarios por las fronteras más blindadas del continente sin dejar un solo rastro. Esa frialdad sanguinaria que ocultas tras la fachada de ejecutivo perfecto es exactamente lo que se necesita para controlar a los carteles y a los proveedores internacionales. Todo en ti me demuestra que naciste para esto.

​Dante mantuvo la vista fija en su tío, dando un pequeño giro al vaso de cristal para hacer sonar los cubos de hielo. La penumbra resaltaba el contraste entre su serenidad exterior y el peligro letal que representaba su dominio en el mercado negro de armamento.

​—Conozco la logística del tráfico de armas mejor que cualquiera de tus comandantes, tio —admitió Dante con voz helada—. Sé qué rutas comprar, qué generales financiar y cómo mantener a raya a los proveedores extranjeros. Pero que yo tenga las agallas y la capacidad para mover un arsenal militar no cambia el conflicto interno. Tus hijos no van a aceptar que el sobrino de las empresas legales se quede con las rutas del mercado negro.

​—Que lo intenten si quieren probar su suerte —interrumpió Luciano con severidad—. Tu padre cometió el error de creer que el mundo legal bastaba. Si aceptas tomar mi lugar, unificarás los dos mundos. Serás el dueño absoluto de la corporación legal que heredarás de tu padre y el líder indiscutible de la red criminal y el tráfico de armamento de la región. Nadie podrá tocarte jamás. Ni la ley, ni tus propios primos si se atreven a dar un paso en falso.

​La propuesta retumbaba en el aire con un peso aplastante. Unificar el imperio legal de su padre con el reino criminal de su tío convertía a Dante en el hombre más poderoso del país, pero ponerse la corona significaba ponerse también una diana en la espalda frente a sus propios primos.

​Dante apoyó el vaso de cristal sobre la mesa de madera, inclinándose ligeramente hacia adelante sin perder esa expresión relajada pero aterradora.

​—Acepto el trato, tio —dijo Dante tras un silencio prolongado, con la voz serena y una determinación de hierro—. Me pondré al frente del imperio y tomaré las riendas del tráfico de armas. Pero lo haré bajo una condición no negociable.

​Luciano alzó las cejas con interés, fijando la mirada en su sobrino.

​—Dime tu condición —exigió el viejo capo.

​—No tomaré el control absoluto hasta que termine la universidad —sentenció Dante firmemente, sosteniendo la mirada oscura de su tío con sus intensos ojos verdes claros—. Voy a culminar mis estudios y graduarme con honores para mantener mi cobertura legal intachable frente a mi padre y el mundo corporativo. Solo cuando tenga mi título en la mano me colocaré oficialmente al frente de todo el negocio criminal.

​Una sonrisa amplia y satisfecha se dibujó en el rostro arrugado de Luciano. El viejo capo soltó una carcajada llena de júbilo y le dio una palmada sonora a la mesa.

​—¡Hecho! —asintió Luciano felizmente, levantando su vaso de whisky en señal de brindis—. Sabía que no me fallarías, Dante. Termina la universidad, mantén la fachada perfecta y, cuando llegue el día, el trono será completamente tuyo.

​Dante alzó su vaso y chocó el cristal contra el de su tío en un pacto silencioso y definitivo. La suerte estaba echada: el futuro rey del inframundo estaba listo para asumir su corona.

1
Flor R
v a super increíble espero que entre dos le den un paliza a esas basuras vamos Dante
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