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Asado, Mate Y Destino

Asado, Mate Y Destino

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance / Yaoi
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nuestros sueños

Valentín Bianchi, un omega porteño de veinticinco años, está acostumbrado al ritmo frenético de Buenos Aires. Su vida gira entre cafeterías, subtes, reuniones y el ruido constante de la ciudad.
Todo cambia cuando hereda una antigua estancia en plena pampa bonaerense. Su único objetivo es venderla cuanto antes, volver a la Capital y olvidarse del barro, las vacas y los caminos de tierra.
Pero la estancia no está vacía.
Tomás Ferreyra, un alfa gaucho nacido y criado allí, administra el lugar desde hace años. Es serio, orgulloso, amante de los caballos y defensor de las tradiciones. Para él, esa estancia no es un negocio: es su hogar.
Desde el primer encuentro, ninguno soporta al otro.
—¿Vos sos el nuevo dueño? Mirá vos... pensé que mandaban a alguien que supiera ensuciarse las botas.
—Y yo pensé que los gauchos eran más educados.
Entre mates compartidos a regañadientes, asados con los peones, cabalgatas interminables y noches bajo un cielo lleno de estrellas, ambos descubrirán que hay se

NovelToon tiene autorización de nuestros sueños para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Bajo el mismo techo

—¡Corran!

La voz de Don Ramón retumbó por toda la estancia.

Las viejas vigas del box comenzaron a crujir cada vez con más fuerza.

Tomás reaccionó de inmediato.

—¡Valentín, salí primero!

—¡No, los dos juntos!

Otra tabla cayó pesadamente delante de la escalera.

El polvo llenó el aire.

Nico tosía mientras intentaba apartar algunos pedazos de madera.

Desde afuera, Marta gritaba desesperada.

—¡Tengan cuidado!

Julián, al ver el peligro, dejó de discutir con sus acompañantes.

—¡Ayúdenlos!

Los tres hombres corrieron hacia la entrada sin pensarlo.

En ese momento ya no importaban las diferencias.

Solo sacar a todos de allí.

Tomás tomó a Valentín de la muñeca.

—No te sueltes.

—No lo voy a hacer.

Subieron la escalera a toda velocidad.

Cuando faltaban apenas unos escalones, una viga cayó detrás de ellos con un estruendo que hizo temblar el piso.

Valentín perdió el equilibrio.

—¡Tomás!

El alfa lo sostuvo del brazo antes de que cayera.

—¡Te tengo!

Con un último esfuerzo, ambos lograron salir justo cuando parte del techo del viejo box se desplomó.

Una enorme nube de polvo cubrió el lugar.

Todos retrocedieron unos pasos.

Pampa ladraba sin parar.

Cuando el polvo comenzó a disiparse, Marta corrió a abrazar a Valentín.

—¡Qué susto me dieron!

—Estamos bien... tranquila.

Tomás respiró hondo, todavía agitado.

Miró a Valentín de arriba abajo.

—¿Te lastimaste?

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

El alfa recién entonces aflojó la tensión de sus hombros.

Julián observó el box destruido.

—Si tardábamos un minuto más...

No terminó la frase.

Don Ramón negó con la cabeza.

—Ese galpón era muy viejo.

Tarde o temprano iba a pasar.

Valentín recordó el diario.

—Por suerte alcanzamos a sacar esto.

Levantó el cuaderno de Don Ernesto, cubierto de polvo pero intacto.

Tomás sonrió aliviado.

—Es lo más importante.

Se reunieron todos en la galería de la casa.

Marta preparó café y tortas fritas para calmar los nervios.

Incluso Julián aceptó una taza.

El ambiente seguía siendo tenso, pero ya no hostil.

Valentín abrió nuevamente el diario.

—Quiero seguir leyendo.

Todos guardaron silencio.

Las siguientes páginas hablaban de una época muy difícil.

Años atrás, una fuerte sequía había puesto en riesgo la estancia.

Don Ernesto no podía pagar las deudas y estaba a punto de perder las tierras.

Fue entonces cuando Manuel Ferreyra, el abuelo de Tomás, vendió parte de su propio campo para ayudarlo.

Gracias a ese sacrificio, La Esperanza pudo sobrevivir.

Nadie dijo una palabra durante varios minutos.

Tomás cerró los ojos.

—Mi abuelo nunca me contó eso.

Don Ramón sonrió con nostalgia.

—Porque hizo lo que creía correcto.

Nunca esperó nada a cambio.

Valentín sintió un profundo respeto por aquellos dos hombres que habían construido una amistad tan fuerte.

Siguió pasando las hojas.

Hasta que encontró un pequeño sobre pegado entre dos páginas.

Lo abrió con cuidado.

Dentro había un documento muy antiguo.

Y una segunda carta.

"Si encontraste este sobre, significa que descubriste la verdad sobre nuestra amistad."

"La Esperanza pertenece legalmente a la familia Bianchi."

"Pero en mi corazón siempre perteneció también a los Ferreyra."

"Por eso dejo escrito mi último deseo: que ambas familias sigan caminando juntas, cuidando estas tierras como lo hicieron Manuel y yo."

Valentín levantó lentamente la vista.

Miró a Tomás.

No necesitó decir una sola palabra.

Los dos entendieron el verdadero significado de aquella carta.

Julián permanecía en silencio.

Finalmente habló.

—Ahora entiendo por qué mi abuelo nunca quiso contar toda la historia.

Todos lo miraron.

—Él siempre creyó que había un tesoro escondido.

Pero el verdadero tesoro...

Era esto.

La historia.

La amistad.

La promesa.

Tomás asintió lentamente.

—Mi abuelo también pensaba así.

Julián bajó la cabeza.

—Me equivoqué.

Creí que todo se trataba de dinero.

Valentín respiró hondo.

—Todavía estás a tiempo de hacer las cosas bien.

Julián sonrió con cierta tristeza.

—Supongo que sí.

Cuando el sol comenzó a esconderse, Julián se acercó a Tomás antes de irse.

—Perdón.

El alfa lo observó unos segundos.

—No puedo olvidar todo de un día para el otro.

—Lo sé.

—Pero podemos empezar de nuevo.

Julián extendió la mano.

Tomás la estrechó.

Esta vez no hubo tensión.

Solo respeto.

—Suerte, Ferreyra.

—Vos también.

Julián subió a la camioneta y se alejó lentamente de la estancia.

Aquella noche, Valentín y Tomás salieron a caminar hasta el viejo ombú.

Pampa corría delante de ellos persiguiendo luciérnagas.

—¿En qué pensás? —preguntó Tomás.

Valentín sonrió mientras observaba el cielo estrellado.

—En que mi abuelo tenía razón.

—¿Sobre qué?

—Las personas son el verdadero corazón de este lugar.

Tomás lo miró en silencio.

El viento movía suavemente el cabello de Valentín.

Sin pensarlo demasiado, tomó su mano.

Esta vez ninguno retrocedió.

Valentín entrelazó sus dedos con los de él.

Los dos sonrieron.

No hacía falta decir nada.

Porque, por primera vez desde que se conocieron de verdad, ambos aceptaban en silencio lo que sus corazones llevaban tiempo intentando decir.

Y bajo el inmenso cielo de la pampa argentina, mientras el aroma del pasto y la tierra mojada llenaba el aire, comenzó una nueva etapa para ellos... una en la que el destino ya no los empujaba a encontrarse.

Ahora eran ellos quienes elegían caminar juntos.

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Amparo Carvajal
historia diferente que relata la libertad de poder amar, sin señalamientos, además muestra el amor tierno de la pareja de amantes.
Pollo
Okeeeeeey, recién empiezo a leer pero ya quedé enganchada, me encanta 😁
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