Eliana Casillas nunca soñó con gobernar un imperio criminal. Gordita, bondadosa y aparentemente inofensiva, siempre prefirió mantenerse al margen de las luchas de poder de su familia. Pero cuando las traiciones amenazan con destruir al clan Casillas y la vida de su pequeña hija Chloe corre peligro, descubre que su mayor fortaleza no está en las armas, sino en su inteligencia.
Entre enemigos disfrazados de aliados, secretos familiares y una conspiración que pretende arrebatarle todo, Eliana tendrá que demostrar que subestimarla fue el peor error de sus adversarios.
Con el destino de su hija en juego y la lealtad de los suyos puesta a prueba, la heredera inesperada deberá tomar el control del imperio.
Porque ser gordita no significa ser débil, y tocar a su familia tiene un precio.
¡Fuera cucarach@s! La nueva jefa ha llegado, y no piensa pedir permiso.
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La voz del pasado
A la mañana siguiente, el sol se filtraba suavemente por las cortinas de la cocina cuando el teléfono sonó. No era un número conocido, pero tampoco estaba marcado como desconocido. Era un número local de la ciudad. Eliana dudó antes de contestar, pero tomó el aparato y lo llevó al oído. Al principio solo se escuchaba una respiración entrecortada, como si la persona al otro lado estuviera dudando si colgar o hablar.
—¿Hola? —dijo suavemente—. Soy Eliana. Si necesita decirme algo, estoy escuchando. No voy a juzgarle. Solo escucharé.
Entonces la voz sonó, casi en un susurro, tensa y temblorosa:
—No diga mi nombre. No me pregunte quién soy. Solo escúcheme rápido, porque si descubren que le hablo, están acabados conmigo. Soy alguien que trabaja cerca de ellos. Alguien que vio lo que hicieron y que no tiene el valor de enfrentarlos abiertamente, pero tampoco puede seguir callado viendo cómo intentan destruir a una familia entera.
Eliana se sentó despacio en la silla más cercana, señalando a sus primos que guardaran silencio.
—Le escucho. Y le agradezco que me llame. Sabe que arriesga mucho al hacerlo. Dígame qué necesita que sepa.
—La fase dos del viernes… no es solo intimidación. Van a hacer creer que su padre intentó escapar de la cárcel y murió en el intento. Tienen todo planeado: la hora, los guardias que estarán de turno, la versión que darán a los medios. Y después, cuando él ya no esté, dirán que usted huyó con dinero de la familia y que nunca más se supo de usted. Que ambos desaparecieron para que nadie pueda cuestionar las transferencias de propiedades que ya están firmadas por adelantado. No van a esperar al juicio. El viernes por la mañana, todo habrá terminado. Y nadie podrá probar que fue asesinado. Parecerá un accidente. Una decisión propia. Una tragedia lamentable. Y la gente creerá lo que le digan. Tiene que sacarlo de ahí antes del viernes. Es su única oportunidad. No confíe en nadie dentro de la cárcel. Nadie. Ni siquiera el director. Adiós. No llame a este número. No intente encontrarme. Solo… cuide a su familia. Por favor.
La llamada se cortó. Eliana se quedó con el teléfono todavía en la mano, mirando a sus primos con el corazón latiéndole desbocado, sintiendo cómo el miedo se convertía en urgencia pura.
—Tienen planeado matar a papá el viernes —dijo con voz firme aunque sus manos temblaban—. Lo van a hacer pasar por un intento de fuga. Necesitamos actuar antes. No tenemos tres días. Quizás menos.
Marcos tomó nota mental de cada palabra.
—Si la conspiración llega hasta dentro de la penitenciaría, no podemos esperar a que el fiscal resuelva trámites burocráticos. Necesitamos verlo hoy mismo. Pero no podemos ir a su oficina. Si nos siguen, alertamos a todos los que están involucrados en esto. Llamémoslo desde un teléfono seguro, desde una línea que no puedan rastrear. Le decimos lo que sabemos y le pedimos que solicite la custodia inmediata de su padre bajo protección especial. Si lo trasladan a un centro seguro antes del viernes, su plan se desmorona.
—Pero ¿y si el sistema está corrompido hasta ese nivel? —preguntó Leonardo con seriedad—. Si alguien dentro de la fiscalía está informando a Ramiro, entonces cada paso que damos lo saben antes de que lo terminemos. Necesitamos estar seguros de quién está de nuestro lado y quién solo finge.
—Entonces no le decimos todo por teléfono —decidió Eliana, poniéndose de pie con renovada determinación—. Le pedimos que se reúna con nosotros en un lugar público y concurrido, donde no se atrevan a intervenir. La plaza principal, a mediodía, donde hay mucha gente. Sin asistentes. Sin avisar a nadie de su oficina. Si llega solo, sabremos que podemos confiar en él. Si no llega… entonces sabremos que la situación es más grave de lo que imaginamos. Y tendremos que actuar por nuestra cuenta.
—No me gusta que te expongas así —dijo Santiago con preocupación—. Si es una trampa, estarán esperándote entre la multitud y nadie lo notará hasta que sea demasiado tarde. Déjame ir yo primero. Yo llego antes, reviso los alrededores, y si todo está bien, te hago una señal para que te acerques. Así si algo sale mal, al menos tú no estás en el centro del peligro. Por favor, Eliana. Déjame cuidarte en esto. No me pidas que me quede aquí sin saber si estás a salvo.
Eliana asintió, comprendiendo que no tenía que hacer todo ella sola.
—Está bien. Tú llegas diez minutos antes. Si ves algo raro, cualquier cosa que no te cuadre, cruzas los brazos sobre el pecho y me doy la vuelta y me voy. Si todo está bien, te tocas el sombrero. Marcos se queda conmigo a cierta distancia. Leonardo se queda aquí con Chloe, por si acaso. Si no regresamos en una hora, llamas a todos los contactos que hemos recopilado y explicas la situación. No guardes nada. Que se sepa todo. ¿De acuerdo? Es el mejor plan que tenemos. No es perfecto, pero el viernes está demasiado cerca para esperar a que surja uno mejor.
Esa mañana, mientras se preparaban, Eliana entró a la habitación donde Chloe jugaba con sus muñecas. Se arrodilló a su altura y le acarició las mejillas con ambas manos.
—Mami va a salir un ratito con tus tíos. Tu tío Leonardo se queda contigo, ¿de acuerdo? Sé buena y obedece, ¿sí? Te quiero con toda mi alma, mi cielo. Y pase lo que pase, siempre voy a volver a ti. Prométeme que serás valiente mientras no estoy. No porque no tengas miedo, sino porque sabes que te amo más que nada en el mundo.
—Prometo, mami —dijo la pequeña abrazándola con fuerza—. Y tú también sé valiente. Los valientes no ganan porque no tienen miedo. Ganan porque siguen adelante aunque estén asustados. ¿Lo dijiste tú, recuerdas? Así que respira hondo y diles la verdad. Ellos no pueden contra nosotros porque nosotros estamos juntos.
Eliana la abrazó con los ojos llenos de lágrimas que esta vez eran de fortaleza renovada. Su hija le había recordado justo lo que necesitaba escuchar. No era sola. No era una batalla de una sola persona contra todos. Era la verdad contra las mentiras. Y la verdad, aunque tardara, siempre encontraba el camino.
Al mediodía, la plaza estaba llena de gente. Santiago llegó primero, caminando con calma, observando cada rostro, cada vehículo estacionado, cada ventana que daba a la plaza. Diez minutos después, hizo la señal acordada: se tocó el sombrero. Eliana y Marcos salieron de entre la multitud y se acercaron al banco donde el fiscal los esperaba, solo, con aspecto cansado pero atento. No se sentaron. Se quedaron de pie, como si simplemente estuvieran conversando de cualquier cosa.
—Gracias por venir —le dijo ella en voz baja—. Alguien nos llamó anónimamente. Tienen planeado algo irreversible para el viernes. Necesitamos que mi padre sea trasladado hoy mismo a custodia segura. No podemos esperar más. Si se queda ahí dos días más, no saldrá con vida.
El fiscal la miró a los ojos, y en su expresión no había duda, sino alarma genuina.
—Lo que me dice cambiaría todo el calendario del caso. Pero si es cierto… tiene razón. No puedo arriesgarme a no creerle. Iré personalmente a gestionar el traslado. Pero necesito que entienda algo: si alguien se opone, si las ordenes vienen de arriba para detener el movimiento, sabremos que la corrupción llega hasta los niveles más altos. Y cuando eso ocurra, no podré garantizar que el traslado sea secreto. Tendremos que actuar a la luz pública, con periodistas presentes, con testigos. Será arriesgado. Pero es mejor que dejarlo ahí a que le hagan daño. ¿Está de acuerdo con ese riesgo?
—Estoy de acuerdo —respondió Eliana con firmeza—. Prefiero que todo salga a la luz y que todos sepan la verdad, a que mi padre muera en silencio. No le pedimos que gane esta batalla por nosotros. Solo le pedimos que nos dé la oportunidad de pelearla con vida. El resto lo haremos nosotros.
El fiscal asintió con respeto.
—Nos vemos mañana por la mañana. Le avisaré dónde y cuándo. Y Eliana… manténgase cerca de sus personas de confianza. Porque cuando ellos sepan que hemos interferido en su plan del viernes, reaccionarán con desesperación. Y la desesperación de personas poderosas es peligrosa. Cuídense mucho. Los necesitamos vivos y a salvo para que la verdad se escuche.
Se separaron sin darle la mano, sin llamar la atención, mezclándose cada uno con la gente que pasaba. Pero mientras caminaba de regreso al encuentro con sus primos, Eliana sintió que por primera vez no estaban corriendo detrás de la verdad. Estaban caminando junto a ella. Y eso, aunque fuera solo un pequeño paso, era suficiente para seguir adelante.