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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:9.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Jaque al Rey

A las dos de la tarde, el teléfono del despacho de Valeria no sonaba: convulsionaba.

—¿Cómo que vendió su posición? —gritó Valeria, caminando descalza sobre los restos del contrato que aún alfombraban su suelo de parqué, con el auricular pegado a la oreja—. ¡El fondo soberano noruego tenía un pacto de caballeros con mi padre para no liquidar ese bloque sin derecho de tanteo preferente!

—Valeria, los caballeros no existen cuando alguien pone sobre la mesa una prima del cuarenta y cinco por ciento por encima del valor de cierre de ayer —la voz de Julian, su hermano mayor, sonaba al borde del colapso respiratorio desde el piso inferior—. Thorne compró el veintidós por ciento del fondo a las doce y cuarto. Y hace diez minutos absorbió otro ocho por ciento de los accionistas minoritarios a través de una filial en Luxemburgo. ¡Tiene el treinta por ciento del holding, Val! ¡Es el segundo mayor accionista individual de Sterling Global!

Valeria arrojó el teléfono sobre el escritorio con tanta fuerza que la base de baquelita crujió.

Treinta por ciento. En menos de cuatro horas, Bastian Thorne había desplegado una ofensiva financiera de casi novecientos millones de dólares solo para obligarla a sentarse a la mesa. No era una inversión: era un asedio medieval con billetes de cien dólares.

Antes de que pudiera respirar, su teléfono móvil vibró en la palma de su mano con una notificación de máxima urgencia del consorcio de administración de su edificio en el Upper East Side.

Abrió el correo electrónico. El asunto decía: Cambio de titularidad y notificación de obras en la Unidad Penthouse B.

El ático contiguo. La propiedad vacía que compartía rellano privado, ascensor de servicio y terraza perimetral con su propio departamento, desocupada desde que un magnate textil se declaró en quiebra hacía seis meses.

El documento adjunto era una copia de la escritura de compraventa exprés, liquidada en efectivo esa misma mañana, a nombre de Thorne Maritime Holdings. Incluía una autorización municipal firmada para retirar el tabique divisorio de la terraza exterior y "optimizar la circulación entre ambas unidades por motivos de seguridad patrimonial".

A Valeria se le heló la sangre en las venas.

—Maldito hijo de...

No terminó la frase. Agarró su bolso, se calzó los tacones esmeralda a toda prisa, ignoró los llamados histéricos de su padre por el intercomunicador de la torre y bajó directamente al estacionamiento subterráneo.

El trayecto hacia el Upper East Side fue una carrera contra el reloj. Mientras conducía su Porsche por la avenida Madison esquivando taxis con una agresividad propia de una piloto de carreras, llamó al portero principal de su edificio.

—Frank, escúchame bien —ordenó con voz de acero—. Hay un hombre alto, europeo, con traje oscuro y modales de dictador que probablemente intente ingresar a la torre antes de las cinco. Se llama Bastian Thorne. No le permitas cruzar el vestíbulo. Si pone un solo pie en el ascensor, llama a la policía del distrito diecinueve.

—¿Señorita Sterling? —la voz del veterano conserje sonaba extrañamente cautelosa, casi apenada—. El señor Thorne llegó hace media hora.

Valeria clavó los frenos ante un semáforo en rojo con un chirrido de neumáticos que hizo girar a tres peatones.

—¿Qué hiciste qué?

—No subió a su departamento, señorita Sterling. Subió al Penthouse B. Trajo consigo al presidente de la junta de propietarios, a dos agentes del servicio secreto suizo y una orden judicial de acceso inmediato a su propia propiedad. Además... trajo tres cajas enormes de juguetes y dos bandejas de cruasanes de la pastelería francesa de la esquina. Dejó una caja en recepción para el personal.

Valeria cortó la llamada sin responder. Apretó el acelerador en cuanto la luz cambió a verde, sintiendo cómo una mezcla explosiva de rabia, desesperación y una peligrosa oleada de adrenalina le incendiaba el pecho.

A las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde, las puertas doradas del ascensor privado se abrieron en el rellano del piso cincuenta y dos.

El piso estaba irreconocible. La pesada puerta de roble del Penthouse B, que había permanecido sellada durante meses, estaba abierta de par en par. En el vestíbulo compartido, que habitualmente albergaba solo una consola de mármol y dos cuadros abstractos de Valeria, ahora se erigía una pequeña fortaleza de cajas de madera noble con el emblema de la tienda de juguetes más exclusiva de Ginebra.

Y en el centro del espacio, apoyado contra el marco de la puerta de su propio ático con una taza de porcelana en una mano y una serenidad exasperante, estaba Bastian Thorne.

Se había quitado la chaqueta del traje. Llevaba la camisa blanca con las mangas prolijamente remangadas hasta los codos, dejando al descubierto unos antebrazos firmes y cruzados por venas tensas. Su reloj de platino brillaba bajo las luces del techo, pero lo que desarmó por completo a Valeria fue el sonido que provenía del interior de su propia casa: risas agudas, chillidos de emoción y una música estruendosa de naves espaciales.

—Llegas doce minutos antes de la hora acordada, Valeria —dijo Bastian, con esa voz barítona y pausada que parecía vibrar en las paredes—. Eso demuestra que la puntualidad europea es contagiosa.

Valeria avanzó hacia él como una tormenta de categoría cinco. Se detuvo a medio palmo de su pecho, apuntándolo con el dedo índice con los ojos echando chispas.

—¡Compraste el treinta por ciento de mi empresa! ¡Compraste el departamento de al lado! ¿Te has vuelto completamente demente?

Bastian no retrocedió. Bajó la vista hacia ella con una media sonrisa lenta, cargada de una arrogancia tan magnética que hizo que el pulso de Valeria se disparara contra su voluntad.

—El treinta por ciento de Sterling Global me costó ochocientos noventa millones de dólares. Una inversión razonable para garantizar un asiento en la junta y asegurarme de que no tomes decisiones precipitadas que perjudiquen el patrimonio de mis hijos.

—¡No son tus...!

—Y el ático contiguo me costó veintidós millones —continuó Bastian, ignorando su interrupción con una calma demoledora—. Un precio insignificante por no tener que cruzar Manhattan en hora pico cada vez que quiera darle las buenas noches a Mateo, revisar las ecuaciones de Lucas o escuchar las quejas de alta costura de Emma.

—¡Esto es allanamiento! ¡Es una invasión territorial!

—Técnicamente, estoy en el rellano compartido de mi propiedad, señorita Sterling —repuso él, dando un paso adelante que obligó a Valeria a apoyar la espalda contra la pared del vestíbulo. Bastian apoyó una mano contra el muro, justo al lado de la oreja de ella, atrapándola en su órbita con una facilidad insultante—. Y dentro de tu departamento, la señora Miller me abrió la puerta voluntariamente después de que le prometí triplicarle el sueldo y traerle un chef privado desde Zúrich para que no tenga que cocinar puré nunca más.

—Eres un monstruo manipulador.

—Soy un hombre que recupera el tiempo perdido —susurró Bastian, inclinando el rostro hasta que su aliento cálido rozó los labios de Valeria. Sus ojos grises se oscurecieron con una intensidad voraz, despojándose por un instante de la cortesía corporativa—. Dijiste esta mañana que yo era un extraño con un traje caro. Pues bien, querida... me quité el traje. Y a partir de hoy, vas a tener que acostumbrarte a verme cruzar este pasillo todas las mañanas.

El roce accidental de su rodilla contra la falda de Valeria mandó una descarga eléctrica directamente a su espina dorsal. Por un segundo letal, Valeria sintió la tentación absurda y traicionera de cerrar los ojos y dejar que la boca de ese hombre chocara contra la suya solo para saber si quemaba tanto como prometía su mirada.

Antes de que la locura pudiera apoderarse del rellano, un grito agudo interrumpió la escena.

—¡Mamá! ¡El señor gigante trajo un telescopio de la NASA que puede ver los anillos de Saturno! —Lucas apareció en el umbral de la puerta con una caja de herramientas diminuta y un destornillador en la mano, con los ojos brillando de una euforia que Valeria jamás le había visto en seis años.

Detrás de él, Mateo corría por el pasillo montado sobre un coche teledirigido con forma de todoterreno militar, derrapando peligrosamente contra las cajas de madera.

—¡Tiene tracción en las cuatro ruedas, mamá! ¡Aplasta los juguetes de Emma sin romperse!

Y cerrando el desfile, Emma salió caminando con un vestido de princesa de tul rosa con luces LED integradas en la falda y una diadema con tiara de cristales auténticos. Miró a Bastian con la cabeza ladeada y suspiró con condescendencia:

—Acepto el soborno, gigante. Pero la próxima vez, quiero que las luces de la falda sean recargables por USB. Las baterías desechables son pésimas para la huella de carbono.

Bastian soltó una carcajada genuina, profunda y tan cálida que transformó por completo las líneas severas de su rostro, haciéndolo parecer diez años más joven y devastadoramente atractivo.

Miró a sus tres hijos y luego volvió a mirar a Valeria, cuyos brazos habían caído a los costados en una rendición temporal ante el caos absoluto que acababa de apoderarse de su fortaleza.

—Tregua por esta noche, señorita Sterling —susurró Bastian, guiñándole un ojo con una complicidad perversa mientras daba un paso atrás hacia la puerta abierta del ático—. Tienes quince minutos para cambiarte de ropa. Lucas exige que le ayudemos a calibrar las lentes del telescopio antes de que caiga la noche... y según me informó mi nuevo socio de seis años, tú eres pésima calculando la distancia focal.

Bastian se dio media vuelta y entró a la casa como si hubiera vivido allí toda la vida, seguido de cerca por tres clones entusiastas que competían por llamar su atención.

Valeria se quedó sola en el vestíbulo, con la espalda apoyada en la pared y el corazón latiéndole en la garganta.

El hombre más peligroso de Europa no solo había descubierto su secreto: se había metido en su empresa, en su edificio y en el corazón de sus hijos en menos de veinticuatro horas. Y lo peor de todo, pensó mientras una sonrisa involuntaria y furiosa se dibujaba en sus labios carmín, era que la guerra apenas estaba comenzando... y ninguno de los dos llevaba armadura.

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Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
Cliente anónimo
Esos trillizos se pasan, les hace falta disciplina
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