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Atrapada En Tu Mundo

Atrapada En Tu Mundo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo de fantasía / Padre soltero
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tiinii_1605

Elizabeth solo quería terminar de leer el libro que su amiga le recomendó.

Una historia oscura sobre un poderoso señor del Norte, un hombre que pasó años en el campo de batalla y que, en su obsesión por la guerra, terminó abandonando a sus propios hijos. Niños que crecieron sin el amor de su padre, sin una madre que los protegiera y bajo el cuidado de una madrastra cruel que solo sabía repetir el mismo dolor que alguna vez recibió.

Todo porque, cuando más lo necesitaban, nadie estuvo allí para ellos.

Elizabeth conocía perfectamente aquella historia.

Sabía quiénes serían los villanos.

Sabía cómo terminaría cada personaje.

Y, sobre todo, sabía que la madrastra tendría un final terrible.

Y lo peor para ella es que la verdadera madrastra Elizabeth ha cambiado de lugar con ella, y ahora ella ha reencarnado como la madrastra.

NovelToon tiene autorización de Tiinii_1605 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La señora del Norte

«Mierda».

Fue lo primero que pensó Elizabeth al despertar.

Siempre que salía a beber con sus amigas terminaba sintiéndose así. Ya fuera porque habían bebido demasiado o porque, una vez más, había terminado comiéndose algún postre con marihuana que sus amigas dejaban olvidado en la cocina. Ella, con hambre y sin preguntar de qué era, se lo comía como si nada. Después venía la misma promesa de siempre: no volver a beber tanto y, sobre todo, no volver a comer nada cuya procedencia desconociera.

Se rio para sí misma mientras intentaba recordar la noche anterior.

¿Qué locura habría hecho esta vez?

No recordaba absolutamente nada. Quizá había sido una borrachera especialmente fuerte o, tal vez, la maldita comida había vuelto a jugarle una mala pasada.

Suspiró e intentó abrir los ojos, pero apenas lo hizo tuvo que volver a cerrarlos. La luz era demasiado intensa. Su cabeza dolía, tenía la garganta completamente seca y, por alguna razón, podía escuchar demasiadas cosas a su alrededor. El viento golpeando una ventana, el leve crujido de la madera e incluso unos pasos que parecían provenir de algún lugar muy lejano.

También había demasiados olores.

Madera.

Flores.

Polvo.

Y algo parecido al incienso.

Elizabeth se llevó una mano al rostro y, después de unos segundos, consiguió abrir los ojos nuevamente. Miró hacia arriba y se quedó completamente inmóvil.

«Este no es mi techo».

Se incorporó lentamente y comenzó a observar la habitación.

No reconocía absolutamente nada.

Era enorme, con paredes decoradas, cortinas pesadas y muebles de madera oscura. Había un sofá junto a una de las ventanas, una pequeña mesa y varios adornos que parecían sacados directamente de una película ambientada en otra época. La cama era tan grande que fácilmente podrían dormir cuatro personas allí.

Elizabeth recorrió la habitación con la mirada y finalmente murmuró:

—Mierda... este tampoco es mi piso.

Se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro, intentando encontrar alguna explicación para lo que estaba viendo. Todo era demasiado elegante y antiguo, pero al mismo tiempo había algo extraño en aquel lugar que no conseguía identificar.

Por un momento pensó que quizá sus amigas habían decidido llevarla a algún hotel temático.

Sí.

Eso explicaría la decoración.

Aunque, cuanto más observaba la habitación, menos sentido tenía aquella explicación.

No había televisión, ni teléfono, ni siquiera un cargador, una computadora o algún aparato que le resultara familiar. Elizabeth abrió uno de los cajones, pero no encontró nada. Revisó la pequeña mesa junto a la cama y volvió a obtener el mismo resultado.

Nada.

Miró alrededor.

Absolutamente nada.

—¿En serio?

Quizá se trataba de un hotel extremadamente raro. Tal vez sus amigas habían preparado todo aquello como una broma y en algún momento aparecerían riéndose de ella.

Decidió dejar de pensar en ello por unos minutos y continuó explorando la habitación.

Entonces encontró un espejo.

Y se detuvo.

La mujer que la observaba desde el otro lado no era ella.

Elizabeth se acercó lentamente al espejo. La desconocida tenía la piel muy clara, unos enormes ojos color esmeralda, orejas ligeramente puntiagudas y un cabello largo de color naranja rojizo.

—¿Qué...?

Se tocó el rostro.

La mujer del espejo hizo exactamente lo mismo.

Elizabeth dio un paso hacia atrás.

—No.

Se acercó nuevamente y comenzó a examinarse de arriba abajo. No reconocía aquel rostro, aquel cuerpo ni aquella apariencia. Su corazón comenzó a latir con fuerza mientras una sensación de miedo se apoderaba lentamente de ella.

—Esto tiene que ser una broma.

Miró alrededor buscando alguna explicación. Quizá sus amigas habían preparado algo. Quizá estaba soñando. Quizá seguía borracha y todo aquello no era más que una alucinación.

Necesitaba comprobarlo.

Elizabeth bajó la mirada hacia las prendas que llevaba. Parecían esos pijamas antiguos que tantas veces había visto en películas. Sin pensarlo demasiado, decidió quitárselas una por una. No lo hizo por pudor, sino por pura curiosidad. Necesitaba saber si todo su cuerpo había cambiado o si solamente se trataba de su rostro.

Cuando terminó, volvió a mirarse en el espejo.

La respuesta fue evidente.

Todo había cambiado.

Elizabeth se tocó los brazos y observó sus manos. Después bajó la mirada hacia su cuerpo y volvió a contemplar aquel rostro desconocido.

Era como si hubiera despertado dentro del cuerpo de otra persona.

—Esto no es normal...

Entonces escuchó que alguien llamaba a la puerta.

Elizabeth no tuvo tiempo de vestirse ni de esconderse.

—¿Señora?

Volvieron a tocar.

—¿Señora, se encuentra despierta?

Elizabeth abrió la boca, pero no alcanzó a responder antes de que la puerta se abriera.

Un hombre de aproximadamente cincuenta años entró en la habitación. Vestía un traje negro de mayordomo, limpio y perfectamente acomodado, aunque la tela mostraba el desgaste de alguien que llevaba muchos años utilizando el mismo uniforme. Algunas partes incluso habían sido remendadas cuidadosamente.

El hombre se detuvo al verla.

Su expresión permaneció sería, aunque apartó inmediatamente la mirada.

—Señora... está desnuda.

Elizabeth bajó la mirada hacia su propio cuerpo.

—Ah.

Se quedó unos segundos en silencio antes de tomar rápidamente una sábana y cubrirse.

—Cierto.

El hombre carraspeó y volvió a mirarla con discreción.

—Disculpe mi atrevimiento. Mi nombre es Sebastián. Soy el mayordomo de esta mansión.

Elizabeth lo observó con una mezcla de confusión y vergüenza.

—¿Esta mansión?

Sebastián asintió.

—Llamaré a María para que la ayude a vestirse.

Antes de que Elizabeth pudiera preguntarle algo más, el mayordomo salió de la habitación.

Poco después, una joven entró cargando varias prendas entre los brazos.

—Buenos días, señora. Soy María.

La muchacha llevaba un vestido de sirvienta. Estaba limpio y cuidadosamente arreglado, aunque también mostraba señales de desgaste. Las mangas estaban ligeramente descoloridas y algunas costuras habían sido reparadas.

—Permítame ayudarla.

Elizabeth no entendía absolutamente nada, pero decidió no discutir. Se dejó vestir mientras observaba en silencio a la joven, intentando encontrar alguna pista que pudiera ayudarla a comprender dónde se encontraba.

Cuando terminó, María hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación.

Elizabeth volvió a mirar el espejo.

«Primero descubro dónde estoy. Después averiguo qué demonios pasó».

La puerta volvió a abrirse.

Sebastián regresó y se quedó de pie frente a ella.

—Señora, lamento no haber podido recibirla apropiadamente anoche. Llegó muy tarde y no tuve oportunidad de mostrarle la mansión.

Elizabeth sonrió débilmente.

—No se preocupe.

Sebastián hizo una reverencia.

—Entonces permítame darle la bienvenida a su hogar, señora del Norte.

Elizabeth se quedó inmóvil.

«¿Señora del Norte?»

—¿Disculpe?

—Su esposo estará ausente por un tiempo. Mientras permanezca aquí, usted será la señora de esta mansión.

Elizabeth sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

¿Su esposo?

No recordaba haberse casado.

Ni siquiera recordaba haber conocido a aquel hombre.

—Si me acompaña, le mostraré la mansión.

Elizabeth decidió seguirle la corriente.

Por el momento, discutir solamente conseguiría hacer que pareciera aún más extraña.

—Claro.

Caminaron por los largos pasillos de la mansión. El lugar era enorme y, aunque debió haber sido impresionante en otra época, ahora mostraba evidentes señales de abandono. Algunas paredes tenían pequeñas grietas, varios muebles estaban cubiertos por una fina capa de polvo y ciertas zonas necesitaban reparaciones.

No parecía una mansión pobre. Parecía una mansión que había sido abandonada poco a poco.

Elizabeth también notó que no solo la propiedad estaba descuidada. Los pocos empleados que encontraba llevaban ropa limpia y ordenada, pero claramente gastada por los años. Era evidente que hacían todo lo posible por mantener una apariencia digna con los recursos que tenían.

—¿Cuántas personas trabajan aquí? —preguntó Elizabeth.

—Actualmente, somos pocos —respondió Sebastián.

—¿Por qué?

El mayordomo tardó unos segundos en responder.

—El Señor del Norte lleva muchos años fuera.

Elizabeth frunció el ceño.

—¿El Señor del Norte?

—Su esposo.

Otra vez aquella palabra.

Su esposo.

Elizabeth decidió guardar silencio.

Continuaron recorriendo la mansión. Sebastián le mostró el comedor, la biblioteca, los jardines y algunas de las habitaciones principales. Elizabeth intentaba memorizar los caminos, aunque su mente estaba demasiado ocupada intentando comprender la situación.

No había televisores, teléfonos ni computadoras. Tampoco había ningún aparato moderno que pudiera reconocer. Todo parecía pertenecer a otra época y, sin embargo, la mansión seguía funcionando con una normalidad que ella no lograba comprender.

Elizabeth prefirió no preguntar demasiado.

Primero necesitaba descubrir dónde estaba, quién era la mujer cuyo cuerpo ocupaba, quién era aquel hombre que supuestamente era su esposo y por qué todos parecían conocerla menos ella misma.

Mientras caminaba detrás de Sebastián, una idea comenzó a formarse en su cabeza.

«Cuando descubra qué está pasando, me voy».

Encontraría una forma de regresar a su mundo. Llamaría a sus amigas, buscaría un teléfono y haría cualquier cosa que fuera necesaria. Solo necesitaba descubrir primero dónde estaba y qué había ocurrido.

Todavía no sabía que aquella mansión no era un hotel ni una extraña broma preparada por sus amigas.

Mucho menos sabía que la respuesta a todas sus preguntas estaba a punto de cambiar su vida para siempre.

Es como me imagino a Elizabeth

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rina marcela vergara martinez
me encanta tu historia
inuyasha/ Tomoe🦊
amo esta historia autora, no dejes de actualizar plis😭🫠 lo espero con ansias
Vanessa Ibáñez Fernández
jajajajajajaajajajajajaja un poco tóxico el pequeño no? jajajajajajajajajaajajajajaj
Vanessa Ibáñez Fernández
que guapos serán cuando crezcan
Vanessa Ibáñez Fernández
tan adorable que es Bastian
Vanessa Ibáñez Fernández
muuuuajajajajajajaa llego la Ama del lugar!!!!
Vanessa Ibáñez Fernández
me pregunto si el señor del norte nunca regresaba a casa, como carajos tuvo hijos y quienes son sus madres.?
Vanessa Ibáñez Fernández
woooo eso a sido intenso, me gusto mucho el tema de cambio de almas en ves de la reencarnacion típica dd siempre
Vanessa Ibáñez Fernández
es hermosaa, aunque ella no describió los cuernos.. serán dragones??
Vanessa Ibáñez Fernández
jajajajajaja
Ania ✈️
La quiere como su mamá 🥺
Ania ✈️
Que alguien me espere así 😭
Anny Daniela Beleño
gracias execelente historia
Alianay Guirola
Mi apoyo para la autora
ミ★ 𝘔𝘰𝘳𝘰𝘤𝘩𝘢-𝘤𝘩𝘢𝘯★彡
♥️♥️♥️♥️♥️
Rosmery Romero Beltré
me encantó quiero más capitulo por favor 😭😭
Cosass UNI
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