El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará
NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
en el bosque : la gran serpiente
Iba oscureciendo cada vez más, inundando cada rincón del bosque y volviendo a los árboles simples figuras negras, que ayudaban a darle un toque de terror al paisaje. La brisa tibia de verano removía el follaje e incluso la maleza del claro donde se encontraba la cabaña; el ruido no le dejaba escuchar con claridad al pecoso, lo que tomó como otra desventaja más. La luz de la luna le permitía ver todo el claro y las copas de los árboles.
Jean se dio cuenta de un grave error que estaba cometiendo. Aun si él ya tenía todo preparado y ya había comido antes de ponerse a pelear por toda la noche, tenía las luces encendidas, lo que significaba que era como un faro para los mosquitos y en su caso los mosquitos eran los monstruos que emergen del bosque. Aun cuando apagara las luces, ellos ya sabrían que él estaba allí.
Ya en medio de la oscuridad solo le tocó esperar con su arma en mano. Desde afuera se acercaban un montón de wendigos siseando y babeando. Estaban esperando el momento oportuno para atacar; se arrastraban con sus huesudas manos rápidamente hacia la cabaña y la rodearon, bloqueando las zonas de las ventanas. Cuatro de ellos escalaron la pared de afuera para entrar por la ventana del segundo piso por lo que Jean les escuchó cuando entraron, pues rompieron la ventana rápidamente, llegando a arrastrarse por el techo como si fueran personas poseídas. El pecoso no se movió de su lugar, aun cuando estaba bastante asustado. Llegó el momento en que uno saltó sobre el joven con sus podridas fauces abiertas para intentar morderlo, pero cayó muerto cuando una bola de agua le atravesó la cabeza al ser disparada de una olla que estaba en el suelo. Las latas de comida que Jean había usado ahora estaban llenas de agua, rodeándolo en círculo.
Los otros tres corrieron contra el joven, muriendo de la misma manera que el anterior wendigo. Solo pasaron un par de segundos para que veinte más entraran en la cabaña como perros rabiosos, emitiendo sonidos infernales. Muchas gotas de agua se elevaron hasta el techo, cayendo contra los monstruos y matándolos casi instantáneamente al impactar con fuerza en sus cráneos o en la caja torácica. El joven se encontraba menos tenso al salir bien librado durante la primera parte de su plan, pero la noche era demasiado larga.
Sintió una pesadez en su cabeza, pero no era por usar su elemento, sino porque había algo más en el bosque, una maldad peor que la de los wendigos y los skinwalkers; sin duda esa cosa daba vueltas alrededor del claro. Jean salió de su zona de confort, caminando entre los cadáveres para mirar por una ventana hacia afuera.
Una enorme cabeza de serpiente salió del bosque. Era de color negro y de aspecto similar al del alquitrán, chorreando el espeso liquido por el suelo cada vez que se movía. Tenía seis ojos amarillos a cada lado de su cara; la mandíbula era corta, pero su boca podía abrirse como la de cualquier serpiente. Medía tres metros de altura y cuarenta de largo.
—¡Sal de ahí! —gritó la serpiente con una voz rasposa y hueca.
—¡Oh, carajo! —dijo Jean, asustado al ver al monstruo reptando rápidamente en dirección a la cabaña. Saltó por la ventana corriendo contra la serpiente—. ¿Qué estoy haciendo?, si destruye la cabaña joderá mi carta de triunfo y no podré aguantar hasta las seis de la mañana.
—Eh, realmente ssalisste, monstruito —dijo la serpiente frenando de golpe.
—Vamos, no tengo toda la puta noche —respondió Jean apuntándole con Fragarach.
—Sseráss parte de mí —añadió la serpiente abriendo sus fauces y embistiendo rápidamente contra el joven, pero este esquivó al ser oscuro, viendo cómo el resto del cuerpo reptaba a su costado.
—¡Carajo! —se quejó el pecoso, provocando que las escamas brotaran de su piel y sus ojos volvieran a su color original.
—Llenaron tu cabeza con pura basura, muchacho, todos los que vinieron a esta cabaña murieron creyendo que eran especiales, que podían asesinar a mi gente, ¡y eso me hace enojar! —gritó la serpiente, golpeando con su cola al chico, quién salió volando contra un árbol.
—¡Gahá! —se quejó el pecoso por el dolor, cayendo al suelo. Si hubiera sido un humano normal ya estaría muerto por el golpe—. Vete al carajo , monstruo horrible —dijo Jean manipulando el agua de las ollas, que salió de la cabaña. Los litros de líquido envolvieron su brazo izquierdo, simulando un escudo.
—¿Crees que con eso te basta para defenderte? —preguntó la serpiente, llamada Dahaka, manipulando los restos de alquitrán derramados en el suelo y que fueron agrandándose de la nada, tomando formas humanas retorcidas que rodearon al joven.
—¿Pero qué …, otro invocador? —preguntó Jean mientras les lanzaba bolas de agua, deshaciendo a los entes. Uno de ellos se abalanzó contra el muchacho, pero este le reventó la cabeza al golpearlo con el escudo de agua. Retrocedió un par de pasos, esperando el nuevo ataque del monstruo.
—¡Oh, no!, literalmente son parte de mí, una colección exclusiva y de calidad; los humanos suelen querer obtener todo lo que ven, estos incautos creyeron que podrían dominarme y dejarme dentro de su colección de familiares —dijo Dahaka levantando un tercio de su cuerpo en el aire y posteriormente dejándolo caer en la posición del muchacho, quien rodó tres veces para esquivar el ataque, pero la serpiente extendió dos brazos de brea, dándole un puñetazo al antiguo.
Jean logró bloquear gran parte del ataque con su escudo, pero aun así fue derribado por el impacto. La enorme serpiente dejó crecer otras dos patas traseras. Ahora el monstruo podía caminar. Nunca existió una con piernas realmente, eso era una subespecie de dragón de los llamados drake. Dahaka vivió hace 1500 años en Arabia junto a sus congéneres, disfrutaba de las dunas del desierto, alimentándose de los incautos que pasaban por allí. En esa época él era un joven y su especie casi estaba exterminada, quedando tan solo treinta en aquel país, ya que la recompensa por cazar solo uno era bastante alta. La tierra fue originalmente de ellos, ya que disfrutaban de las riquezas que esta les ofrecía, como depósitos de oro y cristales, además de comerse a los hombres, pero todo fue cuesta abajo para Dahaka cuando los soldados lograron asesinar al líder del grupo, quemando su armadura de alquitrán y revelando las escamas doradas, que eran la segunda razón por la cual los cazaban. Aun cuando tenían la ventaja de atacarles desde abajo, los hombres siempre conseguían derrotarles usando maquinarias como lanzallamas primitivos y ballestas gigantes que lanzaban arpones ideales para penetrar las escamas.
El líder de los drake fue su padre y la muerte de este lo dejó bastante dolido, al estar presente durante ese momento. Decidió escapar del campo de batalla sumido en una mezcla de emociones, con la tristeza de ver a su héroe morir, la ira por la ambición de los hombres y el miedo de ser asesinado. Desde entonces no supo más de su gente, se arrastró bajo tierra hasta sentir que se acercaba a una ciudad llena de riquezas y oro.
Olfateó el aroma de otros drake, así que creyó que en esa zona su especie podía convivir con la humana. Alzó su cabeza sobre la arena para encontrarse con una caravana de soldados entrando a la ciudad. Estos cargaban escamas y la cabeza de uno de los suyos para venderlas a un alto precio al gobernante de aquel sitio. La ira carcomió a la serpiente cuando escuchó los vitoreos de las personas celebrando la muerte de su camarada. Irrumpió en el reino desde abajo, destrozando el mercado con su cuerpo de aquel entonces, de diez metros de largo, escupiendo brea caliente, quemando a sus enemigos, devorando y aplastando a la gente que intentaba escapar. En solo dos días destrozó ese reino, devorando a un montón de personas. Según él pudo vengar a su gente con este acto cruel, quedándose en la ciudad, adueñándose de sus riquezas y durmiendo en el suelo por varios siglos.
Nació Charles L´Viere Strathman en el año 1280 DC creciendo en las sombras hasta 1310 ocultando su poder para sellar a los monstruos ya que a anteriores miembros de su familia les ejecutaron por ser adoradores de Satán por el hecho de tener poderes, Charles vivió en Francia matando hombres lobo ; como nunca reveló sus ojos al público la gente creyó que el hombre era ciego y comenzó a inventar rumores de que podía ver las almas de los seres vivos como regalo de Dios para contrarrestar su ceguera y Strathman lo afirmó para evitar que le vieran el color dorado de sus ojos, la iglesia le contrató para erradicar a más monstruos a lo largo de toda Europa.
Con sus hazañas fue nombrado un santo y el primer gran logro que este hizo fue viajar a la tierra de arabia cuando tenía 45 años, la leyenda decía que allí dormía el hijo del diablo; un Dragón que aborrecía a los humanos y que erradicó todo el país solo en la tercera cruzada cuando despertó por el conflicto bélico, devoró ejércitos enteros, quemó un montón de ciudades consumiendo sus riquezas como los hombres que sabían cómo derrotarle estaban muertos hace siglos se aprovechó de esto. Las criaturas de la noche se unieron a su causa en contra de los humanos ya que su existencia era gracias a estos mismos y sus pecados, solo un general logró enfrentarle para salir con vida describiendo al dragón que logró escapar de la batalla cuando vio un enorme monstruo de rocas golpeando al dragón hiriéndole gravemente.
Ya no existía el islam, solo un país lleno de monstruos con un ejército que se expandía cada vez más hasta acercarse a Roma, obviamente, conquistando Jerusalén en el proceso, así que Charles fue enviado a la undécima cruzada. Muchos soldados cayeron en batalla, ya que las legiones llegaron a rescatar a los países afectados por los monstruos. Esto fue una distracción que duró dos años para centrar las fuerzas enemigas en las fronteras de su territorio; Charles, por fin, consiguió entrar en Arabia junto a su legión y los resultados fueron devastadores para ambas facciones, muriendo cientos de miles en varios meses.
El final de la guerra llegó cuando Dahaka decidió salir de su agujero, arrasando desde abajo a los cruzados y lanzándolos decenas de metros al aire. Otros murieron aplastados, siendo reducidos a charcos carmesíes en el suelo; Charles cabalgó contra Dahaka, creando un montón de sellos para ralentizar a la bestia y que dejara de lanzarle brea a los soldados, sin éxito alguno. De entre los caballeros teutones salió un muchacho apodado Edel. Corría entre el caos levantando rocas afiladas con cada paso que daba y lanzándolas contra los monstruos que bloqueaban el paso; con su espada les partía por la mitad y les echaba a un lado; el resto de la caballería teutónica seguía al muchacho desde atrás, apoyándolo, uniéndose a la batalla y aplastando a los monstruos de la noche como una enorme ola blanca y plateada, que dejaba una enorme línea de sangre negra detrás de ellos.
Edel llegó hasta donde se encontraban Dahaka y Charles luchando. La serpiente no paraba de dispararle brea, pero los sellos mágicos de Strathman impedían que muriera quemado; el francés le lanzó un hechizo de fuego, impactando en un ojo, lo que provocó que el resto del cuerpo se incendiara también. La enorme serpiente se retorcía del dolor en medio del campo de batalla. Los monstruos vieron con horror a su ídolo en pésimo estado, bajando su moral, mientras que los cruzados cargaban contra ellos con más ánimo que nunca. Las escamas doradas del drake relucían al rojo vivo; la bestia lloraba del dolor y en esos instantes más rocas golpearon su cuerpo, presionándole como si fueran imanes e impidiendo que se moviera. Edel le estaba dando tiempo a Strathman para cargar el último sello.
—Ya no volverás a molestar más, demonio —dijo Charles lanzando su espada de plata, que emanaba una luz blanca. Esta se incrustó en el pecho del dragón, creando una explosión blanca que selló a la serpiente de una vez por todas, esta se extendió por varios kilómetros, desintegrando a los seres más débiles —el castigo de Salomón—. La explosión se disipó en un minuto, pero los sobrevivientes aún no podían celebrar, ya que el número de bajas fue exorbitante para todos en esos años de guerra; a pesar de que Edel llamara la atención de Strathman, este se perdió en combate ese día.
—¡Humanos, todo lo hacen por avaricia! —gritó Dahaka, agarrando a Jean y golpeándolo varias veces contra el suelo. Lo lanzó al aire y posteriormente le dio un coletazo—. Ser pisoteado por siblos, nosotros nacimos de sus pecados, ellos nos erradicaron y manipularon como mascotas por sus objetivos egoístas.
—Cof, cof… —tosió Jean intentando levantarse del suelo, pero el dolor le impedía hacerlo—. Yo no soy uno de ellos —dijo el chico arrojándole cuatro bolas de agua con las que logró herirle dos ojos a la serpiente, provocando que este se quejara del dolor, ya que estaban sangrando.
—No lo entiendes, ella los manipula y ustedes le hacen caso para estar tranquilos, para tener plata, por fama, por meras medallas decorativas; aceptan el enorme genocidio que ella trajo a esta tierra —dijo la serpiente escupiendo un montón de brea. El chico esquivó el ataque rodando por el suelo.
—NO PELEO POR ELLOS, YO SOLO QUIERO SABER LA VERDAD —gritó Jean corriendo contra el monstruo y desenvainando la espada—… Porque este puto mundo cruel fue creado a base de una mentira.