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Siento lo que sientes

Siento lo que sientes

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Romance de oficina / Completas
Popularitas:9k
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell

**Valentina Reyes nunca pidió este trabajo.**

Un día, una oferta misteriosa aparece en su correo. Al siguiente, está parada en el elevador VIP de Grupo Austral, frente al hombre más intimidante que ha visto en su vida: Santiago Montero, el CEO que nadie se atreve a mirar a los ojos.

Sus dedos se rozan en el botón del piso 25. Una chispa de estática. Un chasquido visible.

Y desde ese momento, Santiago empieza a sentir todo lo que ella siente.

Su ansiedad. Su hambre. Su rabia contra el jefe explotador. Sus ganas de llorar viendo telenovelas a medianoche. Y algo peor: los latidos desbocados de su corazón cada vez que él se acerca demasiado.

El problema es que Santiago Montero no ha sentido absolutamente nada —ni miedo, ni alegría, ni tristeza— desde que tenía doce años.

Ahora, atrapado en las emociones de una chica que lo saca de quicio, Santiago tiene dos opciones: encontrar la forma de romper el vínculo... o admitir que, por primera vez en veinte años, no quiere dejar de sentir.

**Ella le devolvió el color a un mundo en blanco y negro. Pero, ¿qué pasa cuando él descubre que también puede sentir por cuenta propia?**

NovelToon tiene autorización de Angel_fr_Hell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Cap 17: Dos semanas después

Dos semanas cambiaron todo sin cambiar nada.

Todas las mañanas, Valentina llegaba a Michi Café a las 8:15. Todas las mañanas, su horchata latte ya estaba en la mesa —la misma mesa junto a la ventana, la del gato en el alféizar—, con la espuma intacta y la temperatura exacta. Santiago no decía "te lo compré." Valentina no decía "gracias." El vaso simplemente aparecía, como si el universo hubiera decidido que esa era la forma correcta de empezar el día.

Santiago tomaba su americano negro. Valentina tomaba su horchata. El gato dormía. Nadie hablaba hasta que alguno de los dos miraba la hora y decían, casi al mismo tiempo: "Vámonos." Luego caminaban los cuatro minutos hasta Torre Austral en silencio, uno al lado del otro, con sus vasos y sus pasos sincronizados y la ciudad despertando alrededor de ellos como si no tuviera nada que ver con lo que estaba pasando entre esos dos cuerpos que compartían un ritmo cardíaco.

En la oficina, Valentina descubrió que ser asistente de Santiago era noventa por ciento silencio y diez por ciento café. Pero en algún momento de la segunda semana, Santiago empezó a darle cosas para leer. Primero fueron reportes —"Revisa la redacción"— que Valentina mejoró sin que él lo pidiera. Luego fueron propuestas de campaña. Un slogan para un cliente de cosméticos decía "El éxito empieza contigo." Valentina lo leyó tres veces.

—¿Y si cambiamos "éxito" por "impulso"? —dijo, sin pensar demasiado—. "Éxito" suena a comercial de banco.

Santiago se detuvo. La miró. Valentina se preparó para el "no." Pero lo que pasó fue que Santiago borró "éxito," escribió "impulso," guardó el archivo y lo mandó al cliente sin decir una palabra.

La versión final que apareció en la presentación de la semana siguiente decía: "Tu impulso empieza contigo." Era la versión de Valentina. Santiago nunca se lo dijo. Pero ella lo vio en la pantalla durante la junta, y algo cálido le subió por el pecho como un sorbo de horchata que no se había tomado.

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Los días tenían ahora una textura diferente.

Valentina observaba a Santiago como se observa a un idioma extranjero: con atención, con paciencia, buscando patrones. El café siempre a las 9:50. La corbata siempre aflojada después de las 14:00. La mano izquierda siempre con la manga abajo, cubriendo la muñeca. El Junghans marcando cada segundo como si fuera el único compañero que Santiago toleraba sin condiciones.

Cuando Valentina se ponía ansiosa —y se ponía ansiosa a menudo, porque era Valentina—, Santiago no le decía "tranquila." No le decía nada. Pero un vaso de agua aparecía en su escritorio. O la puerta de su oficina se abría un poco más, como para que el aire circulara. O él caminaba hasta la ventana y se quedaba ahí unos minutos, dándole la espalda, y de alguna forma ese gesto silencioso —"estoy aquí pero no te estoy mirando"— le bajaba el pulso más que cualquier palabra.

"No sabe consolar a nadie," pensó Valentina un martes a las tres de la tarde, mirándolo resolver un problema fiscal con la frialdad de un cirujano. "Pero hace cosas que funcionan como consuelo. Es como un médico que no entiende el dolor pero sabe exactamente dónde poner la venda."

Su smartband marcó 72 lpm. Normal. Estable. Casi feliz.

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A las 22:00 de un jueves, Valentina estaba en su cama en Ecatepec con Camila en altavoz.

—...y me dieron los reportes de gastos del trimestre pasado. ¿Sabes cuántas hojas son? Trescientas cuarenta y siete. Trescientas cuarenta y siete hojas de Excel que tengo que conciliar a mano porque la licenciada Soto dice que "las fórmulas automáticas generan errores de redondeo." —Camila hizo una pausa para respirar—. Val, ¿soy diseñadora o contadora? Porque estoy empezando a olvidar la diferencia.

Valentina se mordió el labio. Camila llevaba dos semanas haciendo el trabajo que nadie más quería: reportes, archivo, actualización de bases de datos. Todo lo que no era diseño. Todo lo que no sumaba puntos en la evaluación trimestral.

—¿Y Diego?

—Diego está perfecto. Andrea le asignó la campaña nueva de temporada, y él ya armó un mood board con referencias que "casualmente" coinciden con todo lo que Andrea propuso en la junta del viernes. El tipo es un espejo.

—¿Le dijiste algo a Andrea?

—¿Qué le voy a decir? "¿Licenciada, por qué me tiene haciendo Excel mientras Diego hace la campaña del año?" —Camila suspiró—. Val, ¿crees que me van a despedir?

La pregunta cayó como una piedra en agua quieta. Valentina no sabía la respuesta. Quería decir "no," pero mentirle a Camila era algo que le costaba cada vez más. La distancia entre ellas —Valentina en el piso de arriba con Santiago, Camila en el de abajo haciendo reportes— se estaba convirtiendo en algo más que pisos de diferencia.

—No lo sé —dijo—. Pero no voy a dejar que pase sin pelear.

Camila no contestó durante unos segundos. Luego dijo, con una voz más suave:

—Gracias, Val.

Colgaron. Valentina miró el techo. La gotera del baño hacía plop, plop, plop.

Su teléfono vibró. WhatsApp. Diego Herrera Campos.

Un mensaje con cuatro archivos adjuntos. Contratos. El texto decía: "URGENTE — Necesita firma del director antes de mañana a las 10. ¿Puedes pasárselos?"

Valentina abrió los archivos. PDFs escaneados, membrete de Grupo Austral, logos corporativos. Se veían oficiales. Tenían fechas recientes y montos que ella no entendía pero que parecían razonables.

No notó que no tenían sello del sistema OA. No sabía lo que era el sistema OA. No sabía que en Grupo Austral cada contrato pasaba por un sistema de aprobación electrónica antes de llegar al escritorio de cualquier director. No sabía que un contrato sin sello OA era como un cheque sin firma: papel bonito sin ningún valor legal. Era su tercera semana como asistente de un CEO y nadie le había explicado cómo funcionaba la cadena de aprobaciones internas de un grupo corporativo. Nadie pensó que haría falta.

Reenvió los archivos a Santiago con una nota: "De parte de Diego. Dice que son urgentes."

Dejó el teléfono en la mesita. Se tapó. Cerró los ojos. La smartband marcó 68 lpm.

No supo que acababa de entregar una bomba.

1
Lau
interesante 🤭 comenzando
Graciela Pinto Caetano
esperaba otro final!!!
Tere Bru
novela tan larga ,para un final así !! desilusión total 😔
Milo Mosquera
Muy linda.
Milo Mosquera
😍😍😍😍
Stella Vega
??? Y ???
Stella Vega
????Y ??
engerling marrugo arroyo
😭 y el final 😭😭
Viviana Gonzalez
Estimada Escritora, muchas gracias, por una historia Fascinante, Extraordinario, me encantó pero siento que faltaron los besos, más vida de ellos como pareja,
Is Cantil
Jajaja pobre, no sabe porque comió ese taquito 🤣🤣
Karen Bel
que paso aquí? así termina 😢
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