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Bajo Las Luces Del Hielo

Bajo Las Luces Del Hielo

Status: En proceso
Genre:Romance / Hijo/a genio / Traiciones y engaños
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Juliana Torra

Mi nombre es Sara Miller, y antes de llegar a la Universidad de Minnesota, creía que la distancia geográfica era un factor suficiente para alterar el resultado de un trauma. Huí de Boston con una beca de excelencia académica y el alma rota, buscando desaparecer entre la nieve de Minneapolis. Pero el destino no entiende de estadísticas. En mi primer día de clases, la ecuación de mi supervivencia colapsó al encontrarme frente a frente con Thomas y Carter, los mismos dos monstruos con uniforme de hockey que habían convertido mi pasado en una pesadilla y que ahora jugaban para los Gophers.
Fue en ese pasillo helado donde todo cambió. Cuando la violencia física era inminente, apareció la variable más impredecible de todo el campus Jhon King.

NovelToon tiene autorización de Juliana Torra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

(Sara)

El viernes por la mañana, el ambiente en la oficina del profesor Henderson se sentía extrañamente melancólico.

Las cajas de cartón apiladas en una esquina contenían mis apuntes de todo el semestre, mis libros de referencia y las pocas pertenencias que había acumulado desde mi llegada a Minnesota.

Era mi último día oficial en el campus. Henderson estaba sentado detrás de su escritorio de roble, observándome por encima de sus lentes con una mirada cargada de un orgullo paternal que me oprimía el pecho.—Debo admitir, Sara, que extrañaré tener a alguien en el pasillo capaz de corregir mis ecuaciones antes de que yo mismo note el error —dijo el profesor, esbozando una sonrisa amable mientras se ponía de pie y me tendía un paquete envuelto en papel madera—. Esto es para ti. Considerlo un recordatorio de que tu mente pertenece a las grandes ligas, sin importar a dónde decidas llevarla.

Abrí el paquete con cuidado.

Era una edición antigua, bellamente encuadernada en cuero, de un tratado clásico de análisis matemático, con una dedicatoria escrita a mano en la primera página: «Para Sara, la mente más brillante que ha pisado mis aulas. Nunca dejes de buscar la verdad».—Muchas gracias, profesor —respondí, y sentí que las lágrimas amenazaban con nublar mi vista. Me acomodé las gafas, pero esta vez la emoción era puramente humana—. Significa el mundo para mí. Esta universidad me dio el espacio que necesitaba para sanar cuando sentía que lo había que lo había perdido todo.—Tú te ganaste ese espacio, Sara. Y el joven King solo fue la variable que te ayudó a recordar el valor que ya tenías dentro — Henderson miró hacia la puerta de cristal, donde la silueta masiva de Jhon acababa de aparecer, sosteniendo un sobre beige oficial entre sus manos—. Hablando del capitán, creo que tiene excelentes noticias de Boston para ti.Jhon entró a la oficina con paso firme, despidiéndose del profesor con un asentimiento respetuoso, y me guió hacia el patio central del campus.

El sol de la primavera adelantada brillaba con fuerza, derritiendo los últimos rastros de hielo en los jardines.

Se detuvo bajo el gran arco de piedra, sacó el documento del sobre y me lo tendió con una sonrisa inmensa que iluminó sus ojos grises.

Era el anexo oficial firmado por los Bruins de Boston y la junta universitaria.

Contenía la carta de disculpa oficial emitida por el rectorado de Massachusetts y la aprobación de mi beca de doctorado completa y financiada al cien por ciento, con mi propia oficina de investigación asignada para el próximo semestre. Jhon había cumplido cada una de sus promesas.—Está hecho, Sara. Todo lo que pedimos está ahí —susurró Jhon, guardando el papel y tomando mis dos manos entre las suyas. Su agarre era tan cálido y protector que sentí que todo el peso del pasado se desvanecía por completo—. Regresamos a Boston, pero esta vez entramos por la puerta grande. Juntos.—No puedo creer que hayas hecho todo esto por mí, Jhon —dije, mirándolo hacia arriba, sintiendo que el corazón me estallaba de amor por él. Ya no quería pensar en variables, en distancias ni en estadísticas de éxito; solo era una chica completamente enamorada de su protector—. Me cambiaste la vida entera. Pensé que venía aquí a esconderme del mundo, y en lugar de eso, te encontré a ti.—Tú me salvaste a mí primero, genio —Jhon se inclinó lentamente, reduciendo la distancia, y depositó un beso tierno y pausado en mis labios, un beso que selló nuestro futuro antes de que la noche nos llamara a la última gran cita de la temporada.

Jhon)

El restaurante The Silver Skate, ubicado justo frente al lago de Minneapolis, se sentía inusualmente elegante esa noche.

Las luces de cristal se reflejaban en los ventanales y el aroma a leña y salmón ahumado llenaba el comedor privado que había reservado para la ocasión.

Mis padres, Eleanor y Arthur, habían aterrizado desde Ottawa al mediodía y ya estaban sentados a la mesa, conversando animadamente cuando Sara y yo cruzamos la puerta principal.

Sara lucía el vestido azul marino que acentuaba la forma de sus hombros, con el cabello oscuro recogido en un moño suave del que escapaban algunos mechones. Seguía llevando sus inconfundibles gafas de marco negro, recordándole a cualquiera que la mirara que detrás de esa belleza había una de las mentes más brillantes de la universidad, pero su postura era relajada, feliz, desprovista de los escudos científicos que solía usar para protegerse.—¡Sara, querida! Qué alegría verte de nuevo —Eleanor se levantó de inmediato, rodeándola con un abrazo cálido que hizo sonreír a Sara—. Jhonny no ha dejado de hablar de ti en toda la semana. Su padre y yo estábamos ansiosos por celebrar el contrato de la NHL, pero sobre todo, por agradecerte en persona por lo que hiciste con sus calificaciones.—El mérito es todo de Jhon, señora King —respondió Sara con una voz suave y una sonrisa sincera que me llenó el pecho de orgullo—. Demostró tener una disciplina increíble cuando se propone entender las cosas. Solo necesitaba que alguien le hablara en un idioma que pudiera comprender.

—Por favor, Sara, llámame Eleanor. Ya eres de la familia —insistió mi madre, guiándola hacia su asiento—. Arthur y yo estamos felices de saber que viajarán juntos a Boston. Jhon necesita a alguien que mantenga sus pies sobre la tierra ahora que entrará a la liga profesional.

La cena transcurrió de una forma asombrosamente natural y divertida.

Sara conversó con mi padre sobre los inviernos en Canadá y escuchó con paciencia las historias vergonzosas de mi infancia que mi madre se encargó de relatar entre risas.

Verla reír de esa manera, con una ligereza que jamás le había visto en los pasillos de la facultad de ciencias exactas, me confirmó que todo el esfuerzo, las peleas en la banca y las discusiones en el tribunal habían valido la pena.

Ella estaba sanando. Estaba bajando la guardia y permitiéndose ser una chica normal que disfrutaba del momento, sin olvidar la fuerza y la brillantez que la caracterizaban.

A mitad del postre, cuando las copas de champaña ya estaban servidas para el brindis final, me aclaré la garganta y me puse de pie, atrayendo la atención de los tres. Mi padre me miró con una sonrisa cómplice y mi madre contuvo el aliento, intuyendo lo que estaba a punto de pasar.—Quiero aprovechar que mis padres están aquí para hacer algo que debí haber hecho hace mucho tiempo —comencé, manteniendo mis ojos grises fijos en Sara. Saqué una pequeña caja de terciopelo azul del bolsillo de mi chaqueta y caminé hacia su lado de la mesa, arrodillándome sobre una rodilla frente a ella.Sara abrió los ojos de par en par detrás de sus gafas, y un rubor hermoso tiñó sus mejillas de inmediato.

Sus manos volaron a su boca, pero no se alejó; se inclinó hacia mí, con una mezcla de sorpresa y una ternura infinita brillando en su mirada.—Sara, me elegiste en medio de la peor tormenta de tu vida y me permitiste ser tu escudo en las sombras —dije en un susurro ronco, abriendo la caja para revelar un anillo de oro blanco con un pequeño diamante incrustado en el centro—. Me enseñaste a ser un mejor hombre fuera del hielo y me demostraste lo que significa la verdadera valentía.

No sé qué nos depare el futuro en Boston o en cualquier otra pista de hockey del mundo, pero sé una cosa con absoluta certeza matemática: mi universo no funciona si tú no estás en el centro de la ecuación. ¿Quieres ser mi novia oficial ante todo el mundo y acompañarme en este viaje para siempre?

Sara se mordió el labio inferior, intentando contener las lágrimas de felicidad que ya se asomaban en sus ojos. Se agachó un poco más, rompiendo toda la formalidad de la cena, y rodeó mi cuello con sus brazos, pegando su rostro al mío con una fuerza que me devolvió la vida entera.—Sí, Jhon. Mil veces sí —respondió ella en un hilo de voz, directo a mi oído, con una felicidad tan pura que hizo que mi madre soltara un sollozo de emoción en el fondo—. Ya no me importa el pasado ni las probabilidades. Estoy completamente enamorada de ti, mi capitán.

Le coloqué el anillo en el dedo y me puse de pie, levantándola en vilo para sellar nuestro compromiso con un beso largo, profundo y apasionado que resonó en el comedor privado como el resultado perfecto de nuestra historia.

Las sombras de Boston finalmente se habían disuelto en el suelo del restaurante y el invierno de Minneapolis daba paso a la primavera más hermosa de nuestras vidas, unidos por una fórmula perfecta de amor y supervivencia que prometía quedarse para siempre en nuestra realidad..

1
Maria Muñoz
va muy bien
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