Un bailarín apasionado. Un deportista reservado. Dos mundos completamente diferentes que chocan desde el primer día. Lo que ninguno imagina es que ese choque podría cambiarlo todo
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Los Choques
La mañana había comenzado de forma bastante normal.
Lo cual, para Liam, significaba llegar cinco minutos tarde.
—Corre.
—Estoy corriendo.
—Eso parece un trote emocional.
—¿Qué significa siquiera eso?
Emma señaló el reloj.
—Significa que vas tarde.
—Otra vez —agregó Noah.
—Los odio a los dos.
—Y nosotros te queremos mucho —respondió Emma.
Liam suspiró.
Aquella era su rutina habitual.
Emma hablando demasiado.
Noah observando el caos.
Y él sobreviviendo como podía.
Los tres avanzaban por uno de los senderos principales de la universidad cuando Emma volvió a sonreír de esa forma sospechosa que siempre terminaba mal.
—Entonces…
—No.
—Ni siquiera he preguntado nada.
—Porque ya sé por dónde vas.
—¿Por Kae?
—Emma.
—¿Qué?
—Emma.
—¿Qué?
—Emma.
—¿Qué?
Noah soltó una carcajada.
Emma parecía orgullosa de sí misma.
—Solo digo que últimamente aparece mucho.
—Estudiamos en la misma universidad.
—Ajá.
—Eso es normal.
—Ajá.
—Emma.
—Ajá.
—Voy a dejar de hablarte.
—Mentira.
Liam estaba a punto de responder cuando algo llamó su atención.
Más adelante.
A unos metros.
Caminando solo.
Con una mochila negra colgando de un hombro.
Kae.
La conversación desapareció inmediatamente de su cabeza.
Emma siguió la dirección de su mirada.
Y sonrió.
Oh no.
Esa sonrisa.
Noah también lo entendió.
—Ah.
—¿Verdad? —susurró Emma.
—Sí.
—¿Verdad?
—Sí.
—¡LO SABÍA!
—No grites.
—No estoy gritando.
—Toda la facultad te escuchó.
Emma ignoró el comentario.
—Ve.
—¿Qué?
—Ve.
—¿A dónde?
—Con él.
—Emma.
—Liam.
—Emma.
—Liam.
—Emma.
—Liam.
—…
—Ve.
Liam abrió la boca.
La cerró.
Volvió a abrirla.
Y finalmente suspiró.
—Los veo después.
Emma emitió un sonido tan agudo que Noah tuvo que taparse un oído.
—¡DIOS MÍO, SE VA!
—Emma.
—¡SE VA CON ÉL!
—Emma.
—¡NOAH, MÍRALO!
—Lo estoy mirando.
—¡ESTÁ CAMINANDO HACIA ÉL!
—Eso suele pasar cuando alguien quiere alcanzarlo.
—ESTO ES HISTÓRICO.
—Necesitas ayuda.
—Necesito palomitas.
⸻
Mientras tanto…
Kae caminaba observando distraídamente los árboles que bordeaban el sendero.
No había dormido bien.
Otra vez.
Las últimas semanas se estaban volviendo cada vez más difíciles.
Y comenzaba a cansarse de fingir que todo estaba bien.
—¡Kae!
Reconoció la voz inmediatamente.
Giró.
Y vio a Liam acercándose.
Casi trotando.
—¿Te persigue alguien? —preguntó Kae.
—No.
—Entonces corres muy raro.
—Eso fue ofensivo.
—Fue sincero.
—Qué cruel.
Por alguna razón…
Kae sonrió.
Muy levemente.
Pero Liam lo vio.
Y sonrió también.
—Ahí está.
—¿Qué?
—La sonrisa.
—No sé de qué hablas.
—Claro.
Continuaron caminando.
Uno junto al otro.
Sin darse cuenta de cuándo exactamente habían empezado a hacerlo con tanta naturalidad.
—Pareces cansado —comentó Liam.
Kae bajó un poco la mirada.
—No dormí bien.
—¿Otra vez?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Y para sorpresa de ambos…
Kae respondió.
—Sí.
Liam no habló.
Esperó.
Porque estaba aprendiendo algo importante sobre Kae.
Si lo presionabas, se cerraba.
Si le dabas espacio…
A veces hablaba.
—Son las mismas pesadillas —continuó Kae.
—¿Las de siempre?
—Sí.
—¿Quieres hablar de ellas?
Kae tardó varios segundos en responder.
—Ni siquiera sé cómo explicarlas.
—Inténtalo.
El viento movió algunas hojas sobre el camino.
—Es extraño.
—Ajá.
—No son recuerdos.
—Ajá.
—Pero tampoco parecen sueños.
Liam lo escuchaba atentamente.
—¿Entonces?
Kae frunció el ceño.
Buscando las palabras correctas.
—Se sienten…
Guardó silencio.
—¿Cómo?
—Como impactos.
Liam lo observó.
—¿Impactos?
—Sí.
Kae apretó ligeramente los dedos.
—Como cuando dos cosas chocan.
La expresión de Liam se suavizó.
Porque aquella descripción sonaba mucho más pesada de lo que parecía.
—¿Choques?
Kae se quedó inmóvil.
Por un segundo.
Dos.
Tres.
Y algo cambió en su mirada.
Como si aquella palabra hubiera golpeado algo oculto dentro de él.
—Sí…
Su voz salió apenas en un susurro.
—Exactamente así.
Choques.
No sabía por qué.
Pero era la primera vez que alguien encontraba una palabra que describiera aquella sensación.
Y por primera vez en mucho tiempo…
No se sintió completamente solo con ella.
Porque Liam seguía allí.
Caminando a su lado.
Escuchándolo.
Sin juzgarlo.
Sin burlarse.
Simplemente quedándose.
Y, aunque ninguno de los dos lo sabía todavía…
Ese pequeño momento iba a cambiar mucho más de lo que imaginaban.