Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.
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Capitulo 17
Cuando Marlon se enteró de que Andrea había vuelto a estar tranquila, que sus dudas se habían desvanecido y que de nuevo miraba a Sebastián con esa fe absoluta y ciega que le era tan propia, sintió una mezcla de frustración, tristeza y miedo profundo. Sabía muy bien cómo actuaba su antiguo amigo, conocía su facilidad para encontrar las palabras exactas, para armar explicaciones que parecían perfectas y convincentes, capaces de transformar la mentira en verdad ante los ojos de quien quería creer. Comprendió al instante que Sebastián no le había dicho todo, que había tejido una historia nueva, recortada y modificada, donde omitía lo esencial y disfrazaba su situación real bajo nombres de obligaciones, problemas familiares o ataduras imposibles de romper. Pero también sabía que ese remedio era solo un aplazamiento, una tregua peligrosa que haría que el golpe final fuera mucho más fuerte, más doloroso y más difícil de soportar cuando llegara el momento inevitable de la verdad.
—Te estás engañando a ti misma y te estás preparando para una caída terrible —murmuró para sí mismo, decidido a no darse por vencido ni un segundo. Había asumido como una responsabilidad propia protegerla, evitarle sufrimiento y devolverle la claridad, y no iba a permitir que una mentira bien contada lo apartara de su propósito.
Entendió que las palabras solas ya no eran suficientes. Andrea tenía ahora una versión que le parecía coherente, sentía que ya tenía respuesta a todas sus preguntas, y si él volvía simplemente a decirle lo mismo de antes, ella lo vería como alguien que insistía sin razón, que tenía prejuicios o que quería causar problemas sin sentido. Tenía que cambiar su forma de actuar, tenía que mostrarle, con hechos y detalles, que la historia que le habían contado estaba llena de huecos, de contradicciones y de cosas que no podían encajar. Empezó entonces a buscar, a recopilar y a reunir cualquier indicio, cualquier dato pequeño que sirviera para demostrarle que lo que ella creía saber estaba muy lejos de ser la realidad completa.
Se encontraron una tarde en aquel mismo lugar donde todo había comenzado, la cafetería tranquila que se había convertido en su punto de encuentro habitual. Andrea llegó con una expresión serena y alegre, pero también con cierta reserva, porque aunque había recuperado su confianza, sabía muy bien que Marlon no pensaba igual y que volvería a hablarle de aquello que ella prefería dejar atrás.
—Ya sé por qué quieres verme —empezó ella, sentándose frente a él sin esperar preguntas, con voz calmada pero firme—. Y te pido por favor, Marlon… no vuelvas a decirme que me engaña, ni que me oculta cosas graves. Ya hablamos, ya lo sé todo. Él me ha contado su vida, me ha explicado por qué es todo tan complicado, por qué tiene secretos y por qué no puede estar libre como quisiéramos. Tiene cargas que le impusieron, lazos que no dependen de él, obligaciones heredadas que le atan las manos. Ya entiendo todo eso, y ahora mismo estoy a su lado para ayudarlo y esperar hasta que pueda salir de todo eso. Ya no hay misterios, ya no hay nada que temer.
Marlon la miró con dulzura y con pena, viendo con claridad cómo ella se aferraba a esa versión porque era la única forma de mantener intacto su amor y su felicidad.
—Andrea… te entiendo, y sé que lo que te ha dicho suena doloroso, noble y justificado. Sé que te ha contado de familias estrictas, de negocios y compromisos antiguos, de cosas que no quiso contarte antes para protegerte. Pero te pregunto ahora, con toda la franqueza del mundo: ¿te dijo exactamente qué tipo de compromisos son? ¿Te dio nombres, te explicó con quién tiene esos lazos, te dijo qué es lo que le impide ser libre de verdad?
Ella vaciló un instante, bajando la mirada.
—No… no entró en detalles precisos. Me dijo que son asuntos muy complejos, cosas que no son fáciles de explicar, que involucran a mucha gente y situaciones largas de contar. Dijo que no quería confundirme ni llenarme la cabeza de problemas que no son míos. Me basta con saber que son cosas ajenas a su voluntad y que está luchando por resolverlas.
—Ahí está justo donde está el problema —respondió Marlon, acercándose un poco y hablando con seriedad, pero sin agresividad—. Te ha dado una explicación que cubre todo, sí, pero que no te da nada concreto. Te ha hecho creer que se trata de obligaciones generales, de negocios o de reglas familiares… y te lo ha dicho para que no sigas preguntando, para que te quedes tranquila y para que no busques más allá. Pero yo te pregunto ahora: ¿has pensado por qué nunca te ha llevado a su casa? ¿Por qué nunca te ha presentado a nadie de su familia ni de su círculo verdadero? ¿Por qué todos los lugares donde se ven son sitios apartados, desconocidos, donde nadie puede verlos ni reconocerlos? Si lo que tiene son solo problemas o negocios difíciles… ¿por qué eso ha de ser un secreto absoluto, como si lo que tienen ustedes fuera un delito o una vergüenza?
Andrea abrió los labios para responder, pero las palabras se quedaron ahí. Esas eran cosas que también ella se había dicho a sí misma, razones que había aceptado tal cual él se las había dado, pero que puestas así, unas tras otras, empezaban a parecer distintas.
—Me dijo… me dijo que si me llevaba a su mundo, me arrastraría a todo eso malo y complicado que hay allí, y que prefiere mantenerme alejada para que esté limpia y a salvo —susurró ella, repitiendo lo que le habían enseñado a decir.
Marlon sacó entonces de su bolsillo unos recortes de periódico social, documentos discretos que había reunido con paciencia y cuidado, y los puso sobre la mesa delante de ella.
—Mira esto, por favor. Léelo con atención y dime después si encaja con lo que te han contado.
Ella tomó aquellas hojas con manos inseguras. Eran notas de eventos, galas, reuniones importantes donde el nombre de Sebastián aparecía una y otra vez. Y al lado, siempre, siempre estaba escrito el mismo nombre: Renata Dawson. En las descripciones se hablaba de ellos como una pareja consolidada, admirada, de una unión que unía dos familias poderosas, de un matrimonio que era ejemplo de estabilidad y elegancia ante todos.
—¿Qué significa esto? —preguntó ella con voz débil, sintiendo que el suelo empezaba a moverse otra vez bajo sus pies—. Renata Dawson… él me dijo que son amigos de la familia, que tienen negocios juntos…
—Amigos y socios que aparecen juntos en cada acto oficial, que son presentados como marido y mujer ante la sociedad, ante la ley y ante todo el mundo —completó Marlon con gravedad—. Él te habla de ataduras generales, de obligaciones impuestas… pero lo que no te dice es cuál es el nombre exacto de esa atadura. Lo que no te dice es que esa unión de la que habla, ese compromiso que le impide ser libre, tiene nombre, apellido, rostro y existencia real. Y no es un contrato comercial ni una promesa antigua… es un vínculo que lo ata a otra mujer, Andrea.
Ella negó con la cabeza con desesperación, queriendo rechazar esas palabras, queriendo volver a la tranquilidad de antes.
—No… no es así. Si fuera eso, si estuviera casado, me lo habría dicho. Me habría contado la verdad tal cual es, aunque doliera. Él no me mentiría de esa forma tan grande. Me dijo que me ocultaba cosas para protegerme… no para engañarme.
—Y precisamente ahí es donde está su mayor habilidad —respondió Marlon con tristeza pero sin dejar de ser firme—. Te hace creer que el silencio es protección, que la falta de detalles es delicadeza, que no saber todo es para tu bien. Pero lo que hace en realidad es elegir qué parte de la verdad quieres que conozcas, y esconder la que te haría alejarte de él de inmediato. Escúchame bien: yo no te traigo esto por malicia ni por querer destruir lo que sientes. Te lo traigo porque sé que ahora te duele dudar, te duele pensar que puede ser mentira… pero ese dolor es pequeño comparado con lo que vendrá después si sigues así, si sigues construyendo tu vida sobre algo que no es completo.
Se detuvo un momento, mirándola a los ojos con esa mezcla de afecto y determinación que ya le era característica.
—Yo conozco su forma de ser desde que éramos niños. He visto cómo hace esto mismo una y otra vez: presenta solo lo que le conviene, arma historias que parecen verdades absolutas, se pone como víctima de las circunstancias, de reglas o de otros… y consigue que los demás le den la razón, que lo compadezcan y que lo quieran sin poner condiciones. Y tú… tú eres la persona más leal, más sincera y más buena que he conocido, y por eso mismo eres la que corre más peligro, porque tú das todo sin pedir nada a cambio, y aceptas lo que te den aunque sea incompleto.
Andrea se quedó en silencio, mirando aquellos papeles que tenía entre las manos, y otra vez la lucha interna volvió a apoderarse de ella. Quería tirarlos, querer decir que todo eso eran malentendidos, querer volver a confiar sin fisuras… pero las preguntas estaban ahí otra vez, vivas y fuertes. ¿Por qué siempre aparecían juntos? ¿Por qué nunca se hablaba de otra cosa? ¿Por qué Sebastián había evitado siempre nombrar claramente qué clase de relación tenían? ¿Por qué tantos rodeos, tantos secretos, tanta necesidad de ocultarse si todo era tan noble y sencillo como él le decía?
—No voy a dejarte sola en esto —le prometió Marlon con voz suave pero decidida—. Sé que ahora estás confundida, que no sabes qué pensar ni a quién creer. Pero yo seguiré aquí. No me rindo, no me aparto y no dejo de intentar que veas la realidad, aunque te cueste o aunque te duela. Prefiero que sufras ahora por saber, a que te destroces después por haber creído demasiado. Y te pido solo una cosa: no cierres tus ojos ni tu mente. Mira, compara, busca tú misma. Si lo que él te dice es verdad completa, entonces todo esto que te digo yo se caerá por sí solo y podrás estar tranquila para siempre. Pero si hay verdad en lo que te muestro… entonces, por favor, prepárate y cuídate, porque lo que viene será muy difícil.
Cuando se separaron, Andrea caminó por la ciudad como si estuviera en un sueño pesado, llevando consigo aquellos recortes, llevando consigo de nuevo la duda que ella creía haber expulsado para siempre. Marlon, por su parte, se quedó observándola alejarse, sabiendo que todavía no había logrado convencerla del todo, pero sabiendo también que había cumplido con su parte. Había puesto otra vez la semilla de la realidad, había mostrado pruebas, había señalado las contradicciones. Y aunque Sebastián había ganado tiempo, aunque había logrado calmarla por un momento, Marlon estaba seguro de una cosa: la verdad ya estaba ahí, esperando, y era solo cuestión de tiempo —muy poco tiempo— para que todo saliera a la luz, y entonces ya nada ni nadie podría ocultarlo más.