Casarse no estaba en los planes de Renata.
Y menos si habían cambiado a el que sería su esposo.
Ahora comparte casa con un hombre que poco a poco está dejando de sentirse como un completo desconocido...
Espero les guste.. cualquier opinión se los agradecería. 🤍
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Capítulo 17
Camila abrió la boca indignada.
—Camila preguntó: —¿Perdón?
—Gael respondió: —¿Me equivoco?
Renata no pudo evitar reírse.
Eso solo empeoró las cosas.
—Camila dijo: —¡No puedo creer que te pongas de su lado!
—Renata respondió: —Porque tienes fama de hablar demasiado.
—Camila respondió: —Eso se llama ser sociable.
—Gael dijo: —Interesante forma de decirlo.
Camila lo señaló inmediatamente.
—Camila dijo: —Ya entendí por qué ella vive confundida.
—Renata respondió: —Camila...
—Camila dijo: —¿Qué? Estoy observando.
Gael tomó una botella de agua del refrigerador.
—Gael preguntó: —¿Siempre es así?
—Renata respondió: —Peor.
—Camila respondió: —Gracias por el apoyo.
Durante los siguientes minutos la conversación se volvió sorprendentemente normal.
Camila hacía preguntas.
Gael respondía solo cuando quería.
Y Renata observaba todo desde su silla.
Era extraño.
Porque esperaba que Gael se cansara rápido.
Pero no ocurrió.
Incluso llegó a responder algunas preguntas con una pequeña sonrisa.
Algo que todavía sorprendía a Renata.
—Camila preguntó: —¿Cómo sobreviviste todos estos años siendo tan serio?
—Gael respondió: —Con mucho esfuerzo.
—Camila respondió: —Eso explica muchas cosas.
—Gael preguntó: —¿Y tú cómo sobrevives hablando tanto?
Renata se cubrió la cara.
—Renata dijo: —Por favor, no los dejen solos nunca.
Los tres terminaron riéndose.
Y por primera vez desde que empezó toda aquella locura del matrimonio, Renata sintió algo raro.
Comodidad.
Como si todo estuviera empezando a encajar.
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Una hora después, Camila finalmente decidió marcharse.
—Camila dijo: —Bueno, me voy.
—Renata respondió: —Milagro.
—Camila respondió: —No te emociones.
Antes de salir, Camila abrazó a Renata.
Luego se acercó un poco a Gael.
—Camila dijo: —Cuídala.
Gael la miró unos segundos.
Y respondió con total tranquilidad.
—Gael respondió: —Lo hago.
La sonrisa de Camila apareció inmediatamente.
—Camila dijo: —Perfecto. Esa era la respuesta correcta.
Y después desapareció por la puerta.
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El silencio volvió a la casa.
Pero ya no era incómodo.
Renata empezó a recoger algunas cosas de la cocina.
—Gael dijo: —Déjalo para mañana.
—Renata respondió: —Solo me tomará unos minutos.
Gael tomó uno de los platos antes de que ella pudiera alcanzarlo.
—Gael dijo: —Entonces terminaremos más rápido.
Renata lo observó.
—Renata preguntó: —¿Siempre ayudas a recoger?
—Gael respondió: —No.
—Renata preguntó: —¿Entonces?
—Gael respondió: —Me estás haciendo muchas preguntas.
—Renata respondió: —Eso significa que no quieres responder.
—Gael dijo: —Eso significa que aprendí de Camila.
Renata soltó una carcajada.
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Cuando terminaron, ambos fueron a la sala.
Era tarde.
Muy tarde.
Pero ninguno parecía tener sueño.
Renata se acomodó en uno de los sofás.
—Renata preguntó: —¿Sabes qué es lo peor?
—Gael respondió: —Depende.
—Renata dijo: —Ahora Camila va a pensar que somos una pareja normal.
Gael levantó una ceja.
—Gael preguntó: —¿Y no lo somos?
La pregunta la tomó desprevenida.
Renata se quedó unos segundos pensando.
Porque la respuesta parecía sencilla.
Y al mismo tiempo no.
—Renata respondió: —No exactamente.
—Gael preguntó: —¿Por qué?
Renata apoyó la cabeza contra el respaldo.
—Renata respondió: —Porque las parejas normales no empiezan con una boda inesperada.
Gael soltó una pequeña risa.
—Gael respondió: —Tienes un punto.
Por un momento ninguno habló.
La casa estaba tranquila.
Y el ambiente también.
Era extraño cómo habían cambiado las cosas.
Al principio apenas podían estar en la misma habitación.
Ahora podían pasar horas juntos sin discutir.
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—Gael preguntó: —¿Te arrepientes?
Renata giró la cabeza para mirarlo.
—Renata preguntó: —¿De qué?
—Gael respondió: —De haberte quedado.
La pregunta quedó suspendida entre ellos.
Renata no respondió enseguida.
Porque, si era sincera...
ya conocía la respuesta.
—Renata respondió finalmente: —No.
Gael sostuvo su mirada.
Sin decir nada.
Pero algo en su expresión cambió.
Como si esa respuesta significara más de lo que ella imaginaba.
—Renata preguntó: —¿Y tú?
Gael tardó apenas un segundo.
—Gael respondió: —No.
El corazón de Renata dio un pequeño salto.
Y eso empezaba a pasar demasiado seguido.
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Cuando finalmente subieron las escaleras, el reloj ya marcaba más de la una de la madrugada.
Se detuvieron frente a sus habitaciones.
Como siempre.
Y otra vez apareció ese momento extraño.
Ese que ninguno sabía explicar.
—Renata dijo: —Buenas noches.
—Gael respondió: —Buenas noches, Renata.
Ella abrió la puerta.
Pero antes de entrar, escuchó su voz nuevamente.
—Gael dijo: —Me alegra que Camila haya venido.
Renata lo miró sorprendida.
—Renata preguntó: —¿En serio?
—Gael respondió: —Sí.
—Renata preguntó: —¿Por qué?
Gael sonrió apenas.
—Gael respondió: —Porque ahora entiendo mejor por qué eres como eres.
Y antes de que ella pudiera responder algo, entró en su habitación.
Dejándola sola en el pasillo.
Con una sonrisa imposible de ocultar.
que pongas los nombres y después lo que dicen ejemplo.
Gael: maña irás conmigo a una cena- le dijo de forma sería mirándola a los ojos