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La Frecuencia Del Barro

La Frecuencia Del Barro

Status: En proceso
Genre:Apoyo mutuo / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados / Sci-Fi
Popularitas:122
Nilai: 5
nombre de autor: Pluma Magna

Ji-Hoon Kang, un genio de la acústica de Seúl, vive atrapado en una corporación que produce buen sonido. Se cansa del mundo frío y artificial de León, Nicaragua, y vive en un universo diferente que está vivo, es imperfecto y está lleno de recuerdos de estos lugares y de cada uno de ellos. Allí Xiomara Aguilar, arquitecta que lidia con su memoria emocional de los espacios, y tanto ella como Ji-Hoon lo ayudan a reconstruir el Teatro de la Merced, un lugar donde el barro y la madera forman un sonido fantástico. Pero su antigua corporación quiere usar esa esencia para comercializarla. Entre los viejos túneles y el poder de la tierra, Ji-Hoon debe decidir qué camino elegir: regresar a lo artificial o quedarse como el "Ingeniero de Barro" y proteger una frecuencia que puede cambiar la forma en que el mundo escucha la vida.

NovelToon tiene autorización de Pluma Magna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: El Canto de la Piedra y la Sombra del Vidrio

La ceniza del Telica no se fue del todo; se quedó en las grietas de las aceras y en la memoria de los pulmones de León. Pero para Ji-Hoon, esa arena gris y vítrea era un tesoro. Había descubierto que, al mezclar la ceniza volcánica con la resina de ámbar local, creaba un compuesto cerámico con una capacidad de reverberación única: La Cerámica de Fuego.

—Si logramos moldear esta pasta en el interior de los tubos de viento, el sonido no solo rebotará; se acelerará —explicó Ji-Hoon a sus estudiantes, mostrando un prototipo de flauta traversa construida con bambú y recubierta internamente con el sedimento del volcán.

Xiomara lo observaba desde el umbral, limpiándose el sudor de la frente. El calor de abril era sofocante, pero había algo más que la ponía inquieta. En su mano sostenía un edicto municipal que acababa de recibir.

—Ji-Hoon, dejá de jugar con el lodo un momento —dijo ella, su voz cargada de una preocupación que él reconoció de inmediato—. El "progreso" acaba de estacionar sus excavadoras en la esquina.

El Gigante de CristalUn consorcio europeo, Lux-Europa, había comprado el predio colindante al Teatro de la Merced. Su plan: el Hotel Mirador Volcánico, una torre de doce pisos de acero y vidrio templado. Para León, era una promesa de empleos y turismo de lujo; para la acústica del teatro, era una sentencia de muerte.

—Un edificio de esa altura y con esa superficie reflectante creará un "cañón de eco" en la calle —dijo Ji-Hoon, analizando los planos del hotel en su tableta—. El rebote del sonido del tráfico golpeará el vidrio y entrará directamente por nuestros ductos de ventilación natural. Destruirá el silencio que construimos.

La Diplomacia del AceroEsa tarde, el representante de Lux-Europa, un hombre llamado Marcus Thorne, visitó el teatro. Vestía un traje de lino impecable y cargaba una sonrisa de tiburón educado.

—Ingeniero Kang, Arquitecta Aguilar... es un placer —dijo Thorne, mirando el techo de adobe con una mezcla de curiosidad y lástima—. He oído maravillas de su "experimento" aquí. Queremos que el Hotel Mirador sea un aliado. Podemos ofrecerles patrocinio, tal vez una pasarela de cristal que conecte nuestro bar en la azotea con su balcón superior.

—Señor Thorne, su edificio es un espejo sónico —respondió Ji-Hoon, sin rodeos—. El ángulo de su fachada de vidrio está diseñado para reflejar la luz del sol, pero también reflejará el ruido de las mototaxis y los camiones hacia nuestro escenario. Usted va a "ensordecer" el teatro.

Thorne se encogió de hombros, restándole importancia. —El progreso hace ruido, ingeniero. León no puede quedarse atrapada en el siglo XVIII para siempre. El permiso de construcción ya está firmado. Empezamos la cimentación el lunes.

La Sinfonía del Telica: Una Protesta AcústicaXiomara no se quedó de brazos cruzados. Sabía que la ley nicaragüense protegía el patrimonio, pero las inversiones extranjeras a veces tenían "vías rápidas".

—Si no podemos detener el edificio con papeles, vamos a usar el volcán —dijo ella, sus ojos brillando con esa chispa de rebeldía leonesa—. Ji-Hoon, terminá esos instrumentos de ceniza. Vamos a organizar un concierto de "Prueba de Impacto Ambiental".

Ji-Hoon trabajó sin descanso. Creó los Litófonos de Ceniza, una serie de láminas de piedra volcánica afinadas por grosor que, al ser golpeadas, producían un sonido puro, casi celestial, pero extremadamente sensible a las interferencias externas.

El domingo por la noche, antes de que las excavadoras empezaran a rugir, invitaron al Alcalde, a la prensa local y al mismísimo Marcus Thorne a una demostración en la calle, justo en el límite entre el teatro y el futuro hotel.

—Lo que van a escuchar ahora —anunció Ji-Hoon— es la armonía natural de León.

Los estudiantes empezaron a tocar. El sonido de los litófonos era tan delicado que parecía flotar en el aire húmedo. Pero entonces, Ji-Hoon hizo una señal. Un grupo de camiones de la municipalidad, estacionados a una cuadra, encendieron sus motores y pitaron.

El sonido chocó contra una estructura temporal de vidrio que Ji-Hoon había colocado para simular la fachada del hotel. El efecto fue desastroso. El eco regresó con una distorsión tal que la música de los litófonos se convirtió en un chirrido insoportable. Los presentes se taparon los oídos. El Alcalde arrugó el ceño.

—Eso es lo que pasará cada noche en este sector si el Hotel Mirador no cambia su diseño —sentenció Ji-Hoon—. No pedimos que no construyan, pedimos que usen arquitectura acústica.

El Trato de la CenizaMarcus Thorne estaba lívido, pero la presión de la prensa y el descontento del Alcalde lo obligaron a sentarse a negociar.

—¿Qué es lo que quieren? —preguntó Thorne en una reunión privada tras el concierto.

—Queremos que cambie el ángulo de la fachada —dijo Xiomara, desplegando un plano que ella y Ji-Hoon habían rediseñado en secreto—. Si inclinan el vidrio tres grados hacia arriba y recubren la base con paneles de concreto poroso mezclado con ceniza volcánica, el sonido se dispersará hacia el cielo en lugar de rebotar hacia el teatro.

—Eso aumentará el costo de la fachada en un 15% —protestó Thorne.

—Pero salvará la joya de la ciudad —replicó el Alcalde, interviniendo—. O cambian el diseño, o el permiso de altura será revocado por impacto sonoro al patrimonio.

Thorne miró a Ji-Hoon. Vio al ingeniero que prefería el barro al cristal, pero que sabía usar la física para ganar una guerra.

—Está bien —cedió Thorne—. Pero usted, ingeniero Kang, supervisará la fabricación de esos paneles de ceniza. Si su teoría falla, la demanda será astronómica.

La Victoria del BarroSemanas después, las excavadoras empezaron a trabajar, pero esta vez con un plan diferente. Ji-Hoon y Xiomara observaban desde el balcón del teatro. Los camiones traían toneladas de ceniza del volcán que, en lugar de ser un desecho, se convertirían en la piel del nuevo hotel, integrando el edificio moderno con la acústica de la ciudad antigua.

Xiomara suspiró, acariciando su vientre, que ya estaba en la recta final. —Vencimos al gigante de vidrio con un puñado de polvo de volcán, chele.

—No lo vencimos, Xiomara —dijo Ji-Hoon, abrazándola por la espalda—. Le enseñamos a escuchar. El progreso no tiene que ser sordo.

Esa noche, Ji-Hoon escribió en su cuaderno:

"Capítulo 17: La arquitectura es el arte de negociar con el viento y el ruido. Hoy salvamos el silencio del teatro convirtiendo al enemigo en un aliado de ceniza. Mi hijo nacerá en una ciudad que sabe proteger su voz, incluso frente al acero."

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