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La Villana Cambia.

La Villana Cambia.

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo mágico / Completas
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Isabella Mondragón es una joven que, en su primera vida, crece sin el cariño suficiente de su padre y se enamora de un duque joven y atento. Por descuido y traiciones en la corte, su vida termina trágicamente; su padre, desesperado, usa un hechizo prohibido para retroceder en el tiempo y tratar de salvarla, pagando un precio alto por ese poder. Gracias a ese retroceso, Isabella vuelve nueve años atrás: recupera una edad distinta y la oportunidad de rehacer su destino sin que todos sepan lo ocurrido en su anterior vida.....

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Capítulo 16

Se descubren traiciones entre los aliados.

La atmósfera en la capital, Ciudad Trébol, era asfixiante. A pesar de que el cielo estaba despejado, una bruma grisácea parecía envolver los tejados de las casas nobles. Isabella y Mateo habían llegado bajo el amparo de la noche, evitando las patrullas del Duque Melgarejo, que ahora actuaba como el brazo derecho del Emperador.

—Algo no está bien —susurró Mateo mientras se movían por los pasillos laterales del palacio—. Los guardias que conocíamos, los hombres de Daniel y Adrián, han sido sustituidos. Estos llevan el emblema de la Orden de la Obsidiana.

Isabella usó su don del Viento para captar las conversaciones en las salas contiguas. Lo que escuchó hizo que su sangre se congelara más rápido que su propio hielo.

—...el trato es simple, Mathias. Cuando el vacío consuma las tierras exteriores, nosotros tendremos el control de los refugios. El Emperador es un estorbo. Una vez que Isabella Mondragón sea declarada traidora por "incitar al pánico", no habrá nadie que pueda detenernos.

Era la voz de Gerardo, uno de los generales que Isabella había salvado durante la Gran Guerra. La traición sabía a hiel. Había peleado codo con codo con ese hombre, le había confiado la vida de sus soldados, y ahora él conspiraba con Melgarejo para entregar el imperio a la oscuridad a cambio de una seguridad ilusoria.

—¿Lo oyes? —preguntó Isabella a Mateo, sus ojos tornándose de un azul eléctrico—. No es solo Melgarejo. Es una red de oficiales que creen que pueden pactar con el vacío.

—Tenemos que llegar a la Princesa Paula y a la Emperatriz Sandra —dijo Mateo con urgencia—. Ellas son las únicas que pueden influir en Mario antes de que sea demasiado tarde.

Se infiltraron en las habitaciones de la princesa, solo para encontrarla bajo arresto domiciliario. Paula Cylrus, usualmente altiva y orgullosa, estaba sentada frente a la chimenea apagada, con el rostro hundido en sus manos. Al ver a Isabella, se puso en pie de un salto, con los ojos llenos de lágrimas.

—¡Isabella! Gracias a los dioses... Mi padre ha perdido el juicio. Melgarejo le ha dado una pócima, o algún tipo de influencia mágica. Ha firmado un edicto para arrestar a tu padre y confiscar las tierras de los Mondragón. Dice que ustedes han invocado la oscuridad para tomar el trono.

—¿Dónde está el Emperador ahora? —preguntó Isabella, tratando de contener la furia que amenazaba con desatar un incendio forestal en la habitación.

—Está en el Gran Salón con el Consejo —respondió Paula—. Pero no vayas, Isabella. Es una trampa. Han traído a magos mercenarios del Este. Dicen que tienen un arma que puede anular tus dones.

Isabella miró a Mateo. El vínculo entre ellos, forjado en batallas y fortalecido en la paz, vibraba con una sincronía perfecta. No necesitaban palabras.

—Si no actuamos ahora, el imperio se devorará a sí mismo desde dentro antes de que el vacío llegue a las murallas —dijo Mateo—. Yo iré por los capitanes que aún son leales. Tú detén esa sesión del consejo.

—Ten cuidado, Mateo. Gerardo está allí, y él conoce tu estilo de combate —le advirtió ella, dándole un rápido pero intenso beso que sabía a despedida y promesa—. No mueras hoy. Tenemos una hija que nos espera para cenar.

Isabella se dirigió hacia el Gran Salón. Al llegar a las puertas dobles, dos guardias de la Orden de la Obsidiana le cerraron el paso. No perdió el tiempo. Con un movimiento fluido, invocó el Hielo Supremo, congelando sus pies al suelo de mármol y sellando sus bocas con escarcha antes de que pudieran dar la alarma.

Abrió las puertas de par en par. El salón estaba lleno de nobles, muchos de ellos con expresiones de duda, mientras que Melgarejo, de pie junto al trono, gesticulaba con un documento en la mano. El Emperador Mario estaba sentado, con la mirada perdida y la piel con un tono ceniciento.

—¡Basta de mentiras, Duque Melgarejo! —La voz de Isabella resonó como un trueno en la estancia.

Todos los presentes se giraron. Melgarejo sonrió, una expresión de triunfo retorcido.

—Ah, la traidora aparece por su cuenta. Guardias, arresten a esta mujer. Ha venido a terminar el trabajo que empezó en el Norte: destruir nuestra estabilidad con su magia prohibida.

—¿Estabilidad? —Isabella avanzó por el pasillo central, y cada paso que daba dejaba una marca de escarcha y ceniza—. El puerto de Almaris ha desaparecido. El mar está muriendo. Y tú estás aquí, robando el tesoro real para construir un búnker mientras dejas que el pueblo perezca. ¿Es esa la lealtad que juraste, Gerardo? —preguntó, clavando su mirada en el general que estaba a un lado del trono.

Gerardo bajó la vista, incapaz de sostenerle la mirada, pero desenvainó su espada.

—El mundo está cambiando, Isabella. No podemos ganar contra lo que viene. Solo podemos sobrevivir.

—Sobrevivir como ratas bajo tierra no es vivir —replicó ella.

En ese momento, el aire en el salón se volvió gélido. Melgarejo sacó un amuleto oscuro, un fragmento de piedra negra que emitía un pulso de energía nula. Isabella sintió que su conexión con el Fuego y los Rayos se debilitaba. Sus rodillas flaquearon.

—Este es un regalo de nuestros nuevos aliados del Este —dijo Melgarejo, acercándose a ella—. Un inhibidor de origen. Eres poderosa, Isabella, pero sin tus dones, no eres más que la niña asustada que mi padre debió haber ejecutado hace años.

Isabella cayó sobre una rodilla, sintiendo cómo el vacío del amuleto intentaba succionar su esencia vital. Pero entonces, recordó las palabras de su padre: "El hielo puede convertirse en agua cuando conoces el secreto de su fluidez".

No luchó contra el vacío. Se dejó llevar por él. Si el amuleto absorbía energía, ella le daría una sobrecarga que no podría contener. Concentró todo su Hielo Supremo no hacia afuera, sino hacia adentro, convirtiéndolo en un torrente de Agua que fluyó por sus venas, pura y constante. El agua no es algo que se pueda atrapar fácilmente; se adapta, se filtra, persiste.

—Te equivocas en algo, Mathias —dijo ella, levantando la cabeza. Sus ojos ya no eran azules, sino de un plateado líquido—. No soy poderosa por mis dones. Soy poderosa porque sé lo que es perderlo todo y tener el valor de volver para recuperarlo.

Con un grito que sacudió los cimientos del palacio, Isabella liberó una onda de choque de agua a presión mezclada con Viento, rompiendo los cristales de las ventanas y haciendo añicos el amuleto en la mano de Melgarejo. La explosión de energía lanzó a los conspiradores por los aires.

Valeria (Isabella) y Mateo deben actuar rápidamente para evitar un conflicto interno.

Mateo irrumpió en el salón en ese preciso instante, seguido por Daniel, Adrián y un grupo de soldados que habían jurado lealtad a los Mondragón. La lucha estalló en el Gran Salón.

—¡Aseguren al Emperador! —gritó Mateo, bloqueando un tajo de Gerardo—. ¡Daniel, a las puertas! ¡No dejen que Melgarejo escape!

Isabella se puso en pie, recuperando el control de sus otros dones. El fuego azul volvió a arder en sus manos. Vio a Melgarejo arrastrándose hacia una salida secreta detrás del trono.

—Se acabó, Mathias —dijo ella, bloqueándole el camino con una muralla de llamas—. Tu alianza está rota. El imperio no caerá hoy por tu cobardía.

Sin embargo, a pesar de haber ganado esta escaramuza, Isabella sabía que el tiempo se les agotaba. La traición interna había dejado las fronteras vulnerables. Miró hacia afuera, a través de las ventanas rotas, y vio que en el horizonte del Este, las estrellas empezaban a parpadear y desaparecer, una por una.

—Mateo —llamó ella, mientras el ruido de la batalla se calmaba y los traidores eran encadenados—. No tenemos días. Tenemos horas. Si no vamos al corazón del enemigo ahora, no habrá nada que reconstruir cuando regresemos.

La unidad del imperio estaba herida, la confianza entre las casas nobles se había quebrado, y la verdadera sombra finalmente había llegado a sus puertas. Isabella Mondragón, la mujer que había vencido a la muerte una vez, se preparaba ahora para enfrentarse a algo mucho más definitivo: el fin de toda existencia.

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Yesica Paola Noriega Arrieta
Me gusta como escribes cada libro y el amor que le colocas, pero está no la entiendo, la siento muy confusa 🤔
Mariela Serrano
Ando perdida, tiene muchas inconsistencias la novela
Mariela Serrano
Acaso al principio no se llamaba Valeria, su hija? la que iba a la guerra con su padre. O es otra hija?
anais angie paola molina chacon
porque aquí habla de que ya Isabella es adulta y casada y con hijos
Dora Guzman Pacherres
Ahora le toca planear bien su futuro con su familia y el de los Blackraven y comenzar paso a paso con los que destruyeron su vida debe ser muy cautelosa y acabar con todos los traidores de forma impecable para que su familia no corra peligy😈.
MariaVG😘
no estoy entendiendo nada está historia. va de un tiempo a otro
Sara Rojas Retamal
que raro que después de terminar con el vacío Aurora vuelva a tener un año y Vlad ocho, no entiendo
Mónica Aulet
Recapitulemos, si ya sabía que Gerardo era un traidor porque lo dejo con vida ? Si sabía que Melgarejo era un manipulador porque lo dejo con vida?. Yo sé que sirven a la continuidad de la historia pero no es consistente y al final todo lo que les pasa es culpa de ella por no hacer lo que tiene que hacer. Será que yo no perdería el tiempo en traidores y los eliminaría, ya lo dije antes hubiera matado a toda la cúpula desde el emperador para abajo lo que no sirve se va
Mónica Aulet
Yo no perdonaría a ninguno ,ni siquiera al padre . Es más ya no tendría emperador ni cúpula principal, los habría matado a todos
Ava Smith Evans
Ameeee
Mónica Aulet
Ya me parecía que saltaste muchos años y yo quería la historia del regreso , de la venganza!!!
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