NovelToon NovelToon
Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

V. humo y espina

Zhaeryntha:

Bajé a las caballerizas con el paso firme, tratando de ignorar el estúpido vuelco que daba mi corazón cada vez que recordaba el calor de su mirada en mi habitación. Pero lo que encontré al llegar borró cualquier rastro de confusión, sustituyéndolo por una furia fría y familiar.

Kaelthoryn estaba allí, apoyado contra una de las columnas de piedra, pero no estaba solo. Tenía a una de las empleadas jóvenes de las caballerizas acorralada contra la pared. La sostenía por la cintura con esa confianza asquerosa que tanto odiaba, inclinándose hacia ella con una sonrisa depredadora. Estaba a punto de besarla, ignorando por completo que teníamos una misión, que el mundo se caía a pedazos y que, apenas hacía una hora, me había estado mirando dormir como si fuera un tesoro sagrado.

Mujeriego. Embustero. Maldito idiota.

—¿Interrumpo tu agenda de conquistas, Dravenkael? —solté, mi voz resonando como un látigo en el aire húmedo de las caballerizas.

Ambos se sobresaltaron. La empleada se puso roja como una amapola, pero Kaelthoryn solo me dedicó esa mirada de suficiencia, sin soltarla del todo de inmediato. Me acerqué a grandes zancadas, sintiendo el roce de la seda de mi vestido contra mis piernas y el peso de la bolsa de provisiones en mi hombro.

Antes de que él pudiera soltar uno de sus comentarios sarcásticos, pasé por su lado y, con un movimiento seco, aparté a la chica de un empujón, no por odio hacia ella, sino para romper ese cuadro patético que estaban montando.

—Me estorban sus cursilerías —escupí, clavando mis ojos grises en los suyos con un desprecio que pretendía quemar—. Tenemos a un pueblo muriendo de hambre y tú estás aquí perdiendo el tiempo con juegos de alcoba. Patético, incluso para ti.

—Vaya, alguien se despertó con el pie izquierdo... otra vez —respondió él, acomodándose la capa con una elegancia irritante, aunque noté que sus orejas seguían un poco rojas por lo de esta mañana—. Solo estaba despidiéndome, Vaelkríass. No tienes por qué ser tan... dramática.

—Dramática será la caída que vas a tener si no te subes a tu dragón ahora mismo —sentencié, dándole la espalda.

Silbé con fuerza y Vharok emergió de las sombras del fondo, su inmensa silueta negra haciendo que las antorchas vacilaran. Me subí a su lomo de un salto, acomodando el vestido sobre mis shorts de cuero. No me importaba si el escote era pronunciado o si mi cabello suelto volaba con el viento; lo único que me importaba era alejarme de ese idiota y cumplir mi palabra con Grog.

—¡Vharok, arriba! —ordené.

Mi dragón rugió, un sonido que hizo vibrar las vigas del techo, y se impulsó hacia el cielo abierto. El aire fresco de la mañana me golpeó el rostro, llevándose el olor a establo y el rastro del perfume de Kaelthoryn.

Volé a toda velocidad hacia el Bosque Susurrante, sintiendo la potencia de Vharok bajo mis muslos. Sabía que Rhyx no tardaría en aparecer tras de nosotros. Kaelthoryn era un idiota, un mujeriego y un mentiroso, pero también era lo suficientemente orgulloso como para no dejar que yo llegara sola al claro.

Apreté las riendas. El "descanso" había terminado. Hoy descubriríamos qué demonios estaban haciendo esos orcos en mis fronteras, con o sin la ayuda de un Dravenkael distraído por faldas de sirvientas.

El aire cortaba como cuchillas mientras sobrevolábamos el linde del bosque. Podía sentir la presencia de Rhyx a mis espaldas; ese rastro de humo y ceniza era imposible de ignorar. Vharok soltó un gruñido profundo, una advertencia de que el dragón gris intentaba ganarnos terreno por el flanco izquierdo.

—Ni lo pienses, Dravenkael —mascullé entre dientes.

Con un movimiento preciso de mis muslos, incliné a Vharok para cerrarle el paso. Cada vez que intentaba rebasarme, yo viraba con una agresividad que lo obligaba a retroceder. No tenía ganas de hablar, ni de darle explicaciones sobre por qué me puse ese vestido, ni mucho menos de escuchar sus excusas baratas sobre la escena patética con la sirvienta.

Pero Kaelthoryn nunca sabía cuándo rendirse.

En lugar de quedarse atrás, instó a Rhyx a ascender con una velocidad vertical asombrosa. Lo perdí de vista por un segundo hasta que, de repente, una sombra se proyectó sobre nosotros. Rhyx estaba volando exactamente encima de Vharok, pero lo hacía boca abajo, con sus alas batiendo rítmicamente mientras mantenía una estabilidad perfecta.

Kaelthoryn colgaba de su montura, quedando con el rostro a escasos centímetros del mío. Su cabello castaño caía hacia abajo por la gravedad y esa sonrisa de suficiencia volvió a aparecer, aunque sus ojos verdes delataban que todavía recordaba el incidente en mi habitación.

—¿Sigues enojada, tormenta? —soltó con ese tono de galán de taberna que tanto me irritaba—. Lo de la chica no fue nada, solo una despedida diplomática. Sabes que no puedo evitar ser atento con las damas, pero ninguna tiene ese fuego que...

—Dravenkael, cállate y mira al frente —le advertí, mi voz era un susurro gélido mientras mantenía la vista fija en el horizonte.

—Oh, vamos, no intentes cambiar de tema con tus tácticas de distracción —continuó él, ignorándome por completo y balanceándose peligrosamente cerca—. Como te decía, mi lealtad es...

—¡Árbol! —le grité, señalando con un gesto seco hacia adelante.

Él arqueó una ceja, soltando una carcajada breve.

—Ese truco es viejo, Vaelkríass. No voy a caer en...

Justo en ese instante, desvié a Vharok con un giro brusco hacia la derecha, descendiendo varios metros en un parpadeo. En el segundo en que me aparté, el camino quedó despejado para revelar un roble milenario de dimensiones colosales que se alzaba como un muro de madera y musgo directamente en su trayectoria.

Kaelthoryn abrió los ojos como platos. El discurso se le quedó atascado en la garganta y solo alcanzó a soltar un insulto ahogado antes de que Rhyx, en su posición invertida, no pudiera maniobrar a tiempo.

¡BAM!

El sonido del impacto fue glorioso. No fue una colisión mortal, pero sí lo suficientemente fuerte para que el dragón gris se estampara de costado contra las ramas altas y Kaelthoryn terminara enredado entre las hojas y el follaje, con un estruendo de ramas rotas y quejidos.

Vharok soltó un rugido que, por primera vez, sonó a una carcajada genuina. Yo no pude evitarlo; una risa ronca y victoriosa escapó de mi garganta mientras dábamos media vuelta en el aire para observar el desastre.

—¡Vaya "diplomacia" con el bosque, Dravenkael! —le grité desde la seguridad de mi montura, burlándome abiertamente de su figura desgarbada que intentaba desenredarse de las ramas.

Me acerqué un poco más, solo para verlo con la cara llena de hojas y la armadura cubierta de musgo, mientras Rhyx sacudía la cabeza, luciendo tan avergonzado como su jinete.

—¿Están bien, o necesitas que llame a otra sirvienta para que te de un beso en la herida? —añadí con puro desdén, disfrutando cada segundo de su humillación.

Él me miró con furia, escupiendo una hoja que se le había metido en la boca, mientras yo hacía que Vharok diera un giro triunfal. El día de "descanso" estaba mejorando considerablemente.

Kaelthoryn Dravenkael:

El mundo se volvió un torbellino de hojas, ramas y un crujido seco que retumbó en mis costillas. Rhyx soltó un gruñido de pura frustración mientras sus garras resbalaban por la corteza milenaria del roble. Por un segundo, sentí el vacío en el estómago; la gravedad me reclamaba y mi dignidad estaba cayendo al suelo más rápido que yo.

—¡Maldita sea! —alcancé a gritar mientras me soltaba de la montura, enredado en un nudo de ramas y musgo.

Estaba a punto de besar el fango del bosque cuando una sombra inmensa cubrió la poca luz que se filtraba. Sentí un tirón violento en el cuello de mi capa y, de repente, la presión de una mano firme de guerrera me sacudió. Con una fuerza que no debería tener alguien con un vestido tan sutil, Zhaeryntha me jaló hacia arriba, obligándome a aterrizar de mala gana sobre las escamas negras de Vharok, justo detrás de ella.

—¡Suéltame, Vaelkríass! ¡Puedo hacerlo solo! —protesté, aunque me aferré a su cintura por puro instinto de supervivencia.

—Cállate, Dravenkael. Si te dejo caer, el enano se asustará con el ruido de tu cabeza hueca chocando contra las piedras —escupió ella, sin siquiera mirarme.

Vi cómo Vharok, con una inteligencia casi humana, extendía una de sus garras traseras para enganchar el arnés de Rhyx, ayudándolo a desenredarse del follaje. Mi dragón, que normalmente es el ser más letal del cielo, lucía como un perro apaleado mientras se sacudía las hojas de las alas.

Zhaeryntha soltó una carcajada vibrante que me hizo arder las orejas de pura vergüenza. Se giró a medias, con el cabello plateado azotándome la cara, y antes de que pudiera decir otra palabra para salvar mi orgullo, me asestó un golpe seco con los nudillos en la parte superior de la cabeza.

—¡Auch! ¡Oye! —me quejé, frotándome el cráneo.

—¡Eso es por idiota! —sentenció ella, y juraría que había un destello de diversión genuina en sus ojos grises—. Solo a ti se te ocurre dar discursos de seductor volando boca abajo hacia un árbol de diez siglos de antigüedad. Eres un peligro para ti mismo y para cualquiera que tenga la mala suerte de volar cerca de ti.

—Estaba... estaba estableciendo contacto visual —mascullé, tratando de acomodarme el cabello, que ahora parecía un nido de pájaros—. Era una maniobra táctica de comunicación.

—Era una maniobra de suicidio social —se burló ella de nuevo, dándole una orden a Vharok para que descendiera con suavidad hacia el claro donde nos esperaba Grog—. Ahora quédate quieto y no toques nada. Ya has causado suficiente daño a la flora local por hoy.

Me quedé allí, sentado detrás de ella, sintiendo el calor que emanaba de su espalda y el aroma de su cabello que, a pesar del desastre, olía a flores silvestres. Estaba humillado, me dolía la cabeza y tenía el orgullo en el suelo, pero mientras la escuchaba reírse de mí, me di cuenta de que esa era la primera vez en años que no me miraba con odio puro, sino con algo que casi parecía... camaradería.

Aunque, conociéndola, probablemente me recordaría este choque todos los días de los próximos cincuenta años.

1
Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play