Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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LA CANDIDATA DEL DRAGÓN – TRAMPA QUE SE CONVIERTE EN TRIUNF
PALACIO IMPERIAL • SALÓN DE LOS FÉNICES • AL MEDIODÍA
El gran salón de los fénices estaba adornado con telas de seda dorada y flores de loto blanco – símbolo de pureza y poder en el imperio. El consejo de nobles se reunía en semicírculo alrededor de un trono elevado, donde el emperador Teodoro presidía la sesión junto a la emperatriz Isadora, aún bajo restricciones pero obligada a asistir por protocolo.
Hacía meses que preparaba este momento. Mi candidata, Lyra, no era de familia humilde como había hecho creer al principio – era la hija secreta del duque Alejandro Valerius, uno de los nobles más poderosos del imperio, cuyo linaje se remontaba a los fundadores del trono. Había mantenido su origen en secreto para evitar que los enemigos intentaran desacreditarla, pero ahora era el momento de revelar toda su grandeza.
"Mis señores nobles," empecé, avanzando hacia el centro de la sala con paso seguro y voz clara que resonaba en cada rincón – "Hoy presento a la joven que considero la candidata perfecta para restaurar la honra de la casa de Taylor y fortalecer los lazos entre nuestras familias más antiguas. Permítanme presentar a Lyra de la casa Valerius, hija única del duque Alejandro Valerius de las tierras del Oeste."
Un susurro de admiración recorrió la sala. El duque Valerius era conocido por su lealtad al trono y por comandar las fuerzas más poderosas de la frontera occidental – su apoyo cambiaría el rumbo de cualquier alianza en la corte. Lyra avanzó con gracia, vistiendo un vestido de seda azul cielo con bordados de plata que representaban las estrellas, símbolo de su linaje.
"Mi padre siempre me enseñó que el deber con el imperio es lo más importante," dijo Lyra con voz dulce pero firme, dirigiéndose al consejo – "He pasado los últimos años trabajando con las comunidades pobres de la capital, enseñando a leer y escribir a los niños, y ayudando a las familias necesitadas. Si me honran con la posición de princesa, prometo dedicar mi vida a servir al pueblo y al trono."
La condesa Teresa, que había sido informada de la verdadera procedencia de Lyra, se adelantó para hablar a su favor: "La señorita Lyra ha demostrado una compasión y sabiduría que pocas personas de su edad poseen. Su padre, el duque Valerius, ha servido al imperio durante cuarenta años sin una sola sombra de traición. Con ella como princesa, la casa de Taylor recuperará el respeto que tanto necesita."
Los nobles comenzaron a debatir, pero la balanza se inclinó cuando el duque Alejandro Valerius mismo entró en la sala – una aparición que nadie esperaba. El hombre alto y imponente, con cabello gris plateado y ojos de color ámbar, se inclinó ante el emperador y dijo:
"Su majestad, confieso que he mantenido en secreto la existencia de mi hija para protegerla de las intrigas de la corte. Ahora que ha alcanzado la madurez y demostrado su valor, estoy dispuesto a ofrecer todo mi apoyo – mis tierras, mis ejércitos y mi lealtad – si ella es elegida como princesa del príncipe Taylor."
Con el respaldo del duque Valerius, la votación fue unánime. El emperador se levantó y anunció con voz sonora: "Por el poder que me ha sido concedido por la ley y por los dioses, declaro a Lyra de la casa Valerius como la nueva princesa del príncipe Taylor. La boda se celebrará en tres días, y con esta unión, fortaleceremos los lazos entre nuestras casas más antiguas y aseguraremos la prosperidad del imperio."
En la sombra, Rosa miraba con ojos llenos de odio y desesperación. Había creído que podría recuperar su posición alguna vez, pero con la llegada de Lyra – hija de un duque poderoso – su suerte estaba sellada. Taylor, sentado junto a ella, apenas levantó la mirada – su voluntad había sido rota completamente por los sucesos anteriores, y ahora solo obedecía las órdenes de quienes tenían poder.
La noticia de la elección de Lyra llegó al palacio de la emperatriz viuda María como un rayo en un día claro. La anciana se encontraba en su salón de los leones, rodeada de los pocos aliados que le quedaban, cuando su mayordomo anunció que el duque Octavio esperaba hablar con ella.
El duque Octavio – hombre corpulento con ojos pequeños y astutos que controlaba las arcas imperiales desde hacía dos décadas – se adelantó con una expresión maliciosa: "Señora emperatriz, la situación se está saliendo de nuestras manos. Lobelia no solo ha colocado a su candidata como princesa, sino que ha conseguido el apoyo del duque Valerius – un hombre que nunca antes se había involucrado en las intrigas palaciegas."
La emperatriz viuda golpeó su puño sobre la mesa de roble oscuro, dejando una marca en la madera. "Esa mujer es como una sombra que se cuela por todos los rincones," susurró con rabia – "Pensé que con el duque Octavio a nuestro lado, podríamos acabar con ella de una vez por todas. Ahora es el momento de actuar antes de que sea demasiado tarde."
Juntos, elaboraron un plan diabólico. Prepararon documentos falsos que parecían demostrar que Lobelia había estado robando fondos imperiales durante meses, usando cuentas a nombre de la casa Valerius para financiar a los rebeldes del sur. También contrataron a Elena, una sirvienta que había trabajado en mi habitación durante unos días, para que fingiera ser mi cómplice y acusarme públicamente de traición.
"Cuando la acusemos en una reunión secreta," dijo el duque Octavio con una sonrisa siniestra – "nadie podrá defenderla. El emperador tendrá que condenarla para mantener la ley, y nosotros podremos colocar a quien queramos en su lugar. Además, el duque Valerius será acusado de complicidad, y perderemos a uno de nuestros mayores rivales."
La emperatriz viuda asintió con satisfacción. "Envía la invitación a Lobelia. Hazle creer que quiero hablar con ella para llegar a un acuerdo. Ella no podrá resistir la oportunidad de acercarse a mí – su ambición la ciega."
Pero lo que no sabían es que Lucía – la criada que tenía bajo mi control – había escuchado cada palabra. Esa misma noche, envió una carta cifrada a Elle con todos los detalles de la trampa.