Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo XX: Huérfana de la vida
Tres semanas después …
Desde ese día Kendra era consciente de que caminaba sobre hielo fino, así que trasladó toda la renta de sus inversiones a criptoactivos, y toda su vida financiera ahora se encontraba en un teléfono del cual su madre desconocía su existencia, este era su plan de salida y una ruta de escape invisible en caso de ser necesario.
—Podría irme mañana mismo y no tendría que trabajar por el resto de mi vida —se susurró a sí misma, mientras revisaba la fecha de vencimiento de su pasaporte y sus tarjetas bancarias en la soledad de su habitación.
Entre tanto su corazón se sentía muy agitado, y buscaba refugio en sus conversaciones con Axel, estas eran cada vez más profundas, no solo había deseo en ellas sino enseñanzas sobre la vida y valores, descubrió que él era un hombre muy tradicional, pero no machista y se dio cuenta de que le gustaba su forma de pensar.
—Señorita Barreto, no sabía que le gustaban las películas de acción —comentó Axel con diversión, haciendo girar el volante con una mano.
—¡Debes estar bromeando, Axel! —Kendra soltó una risa con una expresión casi infantil por unos segundos—Die Hard, Terminator, Speed, Mad Max y, por supuesto, John Wick, las he visto tantas veces que podría recitar todos sus diálogos.
Axel la observó por el retrovisor y enarcó una ceja porque esta heredera lo acababa de dejar sorprendido, y en un descuido olvidó que debía poner música clásica durante el trayecto, no le agradaba este tipo de música porque no lo comprendía, y dejó que continuara sonando su lista personal, al darse cuenta de que sonaba algo más fuerte, hizo ademán de cambiarlo.
—Déjala, que me encanta esa banda —lo frenó ella.
De fondo se escuchaba Baba O´Riley de The Who y Axel y no pudo menos que sorprenderse porque no esperaba que alguien como ella pudiera disfrutar de este tipo de música.
—No pongas esa cara, que no soy una ignorante —bromeó ella—Solo escucho música clásica porque a mi papá le gusta, pero en realidad me da un poco de sueño.
Axel soltó una carcajada muy sincera y ambos comenzaron a conversar sobre sus gustos y fue así como descubrieron que eran sorprendentemente muy similares a pesar de la diferencia de clase social.
—¿No se cansa de esa imagen de "mujer perfecta"? —preguntó él con curiosidad.
—Es muy agotador —admitió ella, pegando la frente a la ventanilla— Pero, estoy segura de que pronto voy a ser yo misma.
—Supuse que ya era usted misma—dijo Axel de forma reflexiva.
—Para nada, en realidad sueño con un lugar acogedor donde pueda sembrar mis propias especias, cocinar, coser mis sábanas y cortinas... en fin un ambiente que realmente sea mío—dijo con una expresión de nostalgia.
En el fondo Kendra era un poco tradicional, pero debido a que era la heredera de la fortuna Barreto siempre tuvo que esforzarse por ser mejor su mejor versión, y superar la imagen del hijo varón que nunca tuvo Andrés.
—Ni en un millón de años me habría imaginado que usted le gusta cocinar y coser, no la ubico como a una ama de casa —admitió Axel.
Kendra soltó una carcajada porque acababa de revelar lo que estaba oculto en lo más profundo de su ser, pese a ser criada para ser dominante y empoderada, una parte de ella anhelaba un hogar tradicional en el cual refugiarse luego de su jornada laboral, algo totalmente diferente a lo que vivieron sus padres.
—Bueno, yo sí te imagino siendo un "manitas" en el hogar —replicó ella, recorriéndolo con la mirada—A diferencia de Ángel, tú pareces el tipo de hombre que sabe arreglar una tubería o un cortocircuito, eres la definición de masculinidad, pero sin la parte tóxica.
Axel la miró con amabilidad y asintió porque era cierto, la verdad es que le gustaba mantener todo en orden en su hogar, y hacerlo con sus propias manos.
—Me halaga señorita Barreto, aunque es cierto porque si me gusta que todo en mi casa funcione a la perfección —respondió él, con esa voz grave que a Kendra le gustaba tanto.
Kendra se dio cuenta de que atesoraba esos momentos y siempre hallaba excusas para buscarlo en especial a las horas en las cuales sabía que estaba entrenando porque ver su cuerpo tonificado debido a años de disciplina le arrancaba un par de sonrisas.
—¡Dios, ese hombre está mejor esculpido que cualquiera de los que asiste a mi gimnasio! —murmuró, sintiendo una punzada de culpa por observarlo con tanto descaro desde la sombra de la terraza.
Axel no era ciego y notaba las miradas cargadas de deseo de Kendra y no es que no le gustara esa sensación, pero se mantenía en control porque a pesar de tomar unas sesiones de terapia la traición de Marisol lastimó su autoestima de formas imaginables.
—Y luego dice Marisol que ya estoy viejo —pensó con una media sonrisa.
A pesar de que desde que comenzó su divorcio tuvo un par de citas y algunas culminaron en sesiones de sexo casual, no se sentía a la altura de una mujer como Kendra, joven, rica y hermosa, en su mente se decía que ella era demasiado deslumbrante para un hombre tan sombrío como él.
—Debería entrenar más pecho, brazos … o tal vez piernas —se dijo a sí mismo mientras hacía unos estiramientos para calentar.
El orgullo masculino de Axel le ganaba y como un pavo real, entrenaba en las áreas verdes usando camisetas muy ajustadas, permitiéndose el lujo silencioso de ser el objeto de deseo de una mujer que estaba prohibida.
—Es mejor ignorarla — se dijo a sí mismo para convencerse.
Los preparativos de la fiesta de compromiso iban viento en popa, aunque Kendra mostraba poco interés y evitaba a Ángel como a la peste, ella estaba más preocupada porque por alguna razón su padre que al principio la mantenía informada de todo lo relacionado con los negocios de la familia, ahora la había hecho a un lado y eso le causaba una puntada de dolor
Intentó hablar con Andrés, pero él, solo le respondía con evasivas porque la verdad era más compleja de lo que Kendra pensaba, el legado de los Barreto se estaba desmantelando y él temía que Kendra al ser la marioneta de Ifigenia si se enteraba arruinaría sus planes.
Para alivio de Andrés se enteró de que Keila estaba viviendo con Fabián y Rosie, aunque eso no era del todo cierto porque en un acto impulsivo Keila y René se casaron y vivían juntos como una pareja, descubrieron que a ambos les gustaban las mismas películas de terror gótico, las mismas bandas, y la comida picante, René disfrutaba cocinar para Keila mientras ella mantenía el orden de la casa en un equilibro que parecía como si estaban hechos el uno para el otro.
Ángel con el pretexto de la fiesta de compromiso cada vez se hacía más cercano a Marisela, y esto a Kendra no le pasó desapercibido, por alguna razón se sentía muy decepcionada con su amiga y al verla caer en las redes de Ángel fue como tragar una cucharada amarga de su propia medicina.
—Marisela, te sugiero que mantengas la profesionalidad —soltó Kendra en una de las reuniones de planificación— No creo que le convenga a tu negocio familiar que la organizadora coquetee con el novio.
El rostro de Marisela palideció porque si bien sentía atracción hacia Ángel nunca pondría en riesgo al negocio familiar por él.
—Creo que me estás malinterpretando Kendra— balbuceó, negando con una vehemencia que delataba su culpa.
—¡Por favor Marisela! No me insultes tratándome como a una tonta —replicó Kendra, cruzando los brazos con autoridad — ¿O ya olvidaste que así fue exactamente como empezó mi "romance" con él?
Marisela bajó la cabeza sintiéndose un poco avergonzada, porque era verdad que había cruzado algunos límites que no eran apropiados entre un cliente y el organizador además de que la novia era su amiga.
—No se volverá a repetir —prometió Marisela, recogiendo sus cosas a toda prisa.
Kendra asintió y la observó con severidad, no sentía celos por su coqueteo con Ángel, en realidad le preocupaba otra cosa, sabía que Marisela era una mujer muy talentosa y hermosa, pero con una autoestima muy baja, y al ser la única mujer en una familia de tres hermanos la cual era muy machista fue criada para solo obedecer y trabajar hasta que el matrimonio la salvara por eso un escándalo como este solo la hundiría a ella porque Ángel no tendría ninguna consecuencia.
—Eso espero, o de lo contrario me veré obligada a hablar con tus padres — le advirtió Kendra.
—No es necesario Kendra ya entendí el mensaje—dijo Marisela.
Por suerte para Kendra no necesitaba cumplir con "ciertos deberes" con su prometido porque Ángel estaba recibiendo tratamiento debido al golpe que recibió en su ingle, aunque no se olvidaba de presionar constantemente a Kendra para tomar medicinas que aceleraran su ovulación porque tenía prisa de embarazarla en cuanto terminara su reposo.
Kendra poco a poco preparaba su plan de salida siempre conservando su máscara de frialdad y eso la hacía sonreír, aunque solo lamentaba dejar atrás a su padre … y a Axel, pero era necesario.
Todo estuvo bien hasta que dejó de estarlo y esa sensación de triunfo se desmoronó cuando Ifigenia la invitó a salir, y tras varias evasivas para no reunirse, Ifigenia se le acercó y le susurró al oído.
—Vi las compresas usadas en la basura de tu baño, así que, o salimos a hablar, o le cuento a tu padre tu pequeño secreto.