Minho y Jisung comparten algo más que amistad: miradas, risas y besos que comienzan a despertar un deseo que ninguno sabe cómo nombrar. Entre juegos, paseos, noches frente a la fogata y pequeños momentos de celos y ternura, ambos descubren que lo que sienten va más allá de un simple beso.
Mientras tanto, Hyunjin y Felix, Changbin y Jeongin, y Bangchan y Seungmin viven sus propias historias de amor y complicidad, creando un verano lleno de risas, secretos y recuerdos inolvidables.
Una historia sobre amistad, romance, deseo y la magia de los momentos compartidos que cambian la vida para siempre.
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El aula estaba llena de ruido, pero para Han Jisung todo parecía silencioso.
Porque alguien lo estaba mirando.
Otra vez.
Levantó la vista lentamente… y lo vio.
Lee Minho estaba sentado dos filas atrás, apoyado en la silla con una expresión tranquila, pero con los ojos completamente fijos en él.
Jisung frunció el ceño.
—¿Qué mirás? —murmuró.
Minho levantó una ceja.
—Nada.
—Mentiroso.
Minho sonrió apenas.
Eso solo hizo que Jisung se molestara más.
No era la primera vez que pasaba.
Desde hacía semanas, Minho parecía tener la costumbre de observarlo como si estuviera analizando cada movimiento que hacía.
Felix, que estaba sentado al lado de Jisung, se inclinó hacia él.
—Otra vez te está mirando.
—Lo sé —susurró Jisung.
—Creo que le gustás.
Jisung casi se atraganta.
—¡Ni loco!
Felix soltó una pequeña risa.
—Entonces explicá por qué no deja de mirarte.
Jisung no respondió.
Porque, honestamente… tampoco lo entendía.
En ese momento, el profesor entró al aula.
Todos se acomodaron en sus asientos.
Pero incluso mientras intentaba concentrarse en la clase, Jisung podía sentir la mirada de Minho en su espalda.
Y eso lo estaba volviendo loco.
Cuando sonó el timbre del recreo, Jisung se levantó rápidamente.
—Voy al patio —le dijo a Felix.
—Escapando, ¿eh?
—Callate.
Pero cuando salió al pasillo…
Minho estaba ahí.
Apoyado contra la pared.
Como si lo estuviera esperando.
Jisung suspiró.
—¿Qué querés ahora?
Minho se enderezó.
—Hablar.
—¿De qué?
Minho lo miró directamente a los ojos.
—De por qué me evitás.
Jisung cruzó los brazos.
—No te estoy evitando.
—Claro que sí.
—No.
Minho dio un paso hacia él.
—Entonces quedate.
Jisung sintió que el corazón le latía un poco más rápido.
—Solo porque quiero demostrar que estás equivocado.
Minho sonrió.
—Seguro.
El pasillo estaba casi vacío.
La mayoría de los estudiantes estaba en el patio.
Eso hacía que el silencio entre ellos se sintiera aún más extraño.
—Entonces —dijo Minho—. ¿Por qué te ponés nervioso cuando te miro?
Jisung frunció el ceño.
—No me pongo nervioso.
—Sí lo hacés.
—No.
Minho dio otro paso hacia él.
—Tu cara se pone roja.
Jisung se dio cuenta de que ahora estaban demasiado cerca.
—Retrocedé.
—¿Por qué?
—Porque sí.
Minho inclinó un poco la cabeza, estudiándolo.
—Interesante.
—¿Qué cosa?
—Te ponés más nervioso cuando estoy cerca.
Jisung lo empujó suavemente.
—Sos insoportable.
Minho no se movió.
—Y aun así no te vas.
Jisung abrió la boca para responder… pero no dijo nada.
Minho tenía razón.
Podría haberse ido.
Pero no lo hizo.
—Tal vez solo quiero ganarte una discusión
Jisung se quedó completamente quieto.
Minho estaba demasiado cerca ahora.
Podía sentir su respiración, tranquila, como si la situación no lo afectara en absoluto.
—¿Por qué? —preguntó Jisung, intentando mantener la voz firme.
Minho lo observó unos segundos antes de responder.
—Porque ya estás perdiendo.
Jisung frunció el ceño.
—¿Perdiendo qué?
Minho señaló su cara.
—La calma.
Jisung se apartó inmediatamente.
—No estoy nervioso.
—Claro que sí.
—No.
Minho sonrió con esa expresión que parecía saber algo que los demás no.
—Entonces mírame.
Jisung levantó la vista… y sus miradas se encontraron.
Por un momento, ninguno habló.
El corazón de Jisung empezó a latir más rápido.
—¿Ves? —murmuró Minho.
Jisung apartó la mirada.
—Sos insoportable.
—Eso ya lo dijiste.
El timbre sonó en ese momento, rompiendo la tensión.
Jisung suspiró aliviado.
—Tengo clase.
—Yo también.
Caminaron en silencio hacia el aula.
Pero justo antes de entrar, Minho habló otra vez.
—Sung.
Jisung se detuvo.
—¿Qué?
Minho lo miró con una pequeña sonrisa.
—Esto recién empieza.