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EL HEREDERO "PROHIBIDO"

EL HEREDERO "PROHIBIDO"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Embarazo no planeado
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luiselys Marcano

"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."

NovelToon tiene autorización de Luiselys Marcano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: Sangre Azul y Manos Frías

POV: ELENA

Mis manos no tiemblan. No pueden permitírselo. He pasado más hambre de la que un ser humano debería soportar y he sobrevivido a los golpes de una madre que me miraba como si fuera un error de la naturaleza. Si sobreviví a eso, puedo sobrevivir a mi primer día de residencia en el hospital más importante del país.

—Doctora Valente, el instrumental está listo. El Dr. Alarcón es... exigente —me susurró una enfermera de ojos vivaces mientras me ayudaba con los guantes.

—Lo sé, enfermera Lucía —respondí, leyendo su placa de identificación. Ella me guiñó un ojo, y por un segundo, sentí que no estaba sola en este laberinto de mármol y tecnología.

Entré al quirófano y el aire se volvió pesado. Allí estaba él. Sebastián Alarcón. Su sola presencia llenaba la sala. A través de la mascarilla, sus ojos grises me atravesaron como un escalpelo. Hace tres semanas, esos mismos ojos me miraban con una devoción que me hizo olvidar quién era yo. Pero hoy, eran dos témpanos de hielo.

—Llega dos minutos tarde, residente —su voz, grave y aterciopelada, resonó en el silencio sepulcral—. En este hospital, dos minutos son la diferencia entre la vida y una demanda por negligencia. Lave sus manos otra vez.

Tragué saliva. Mi vientre dio un vuelco, y no supe si era por el miedo o por la vida que, en secreto, comenzaba a crecer dentro de mí. Él no sabía que esa noche de guardia, cuando nos refugiamos del mundo en el dormitorio de descanso, había cambiado mi destino para siempre.

Flashback:

La Noche del Incendio Invisible

Sucedió durante una guardia de tormenta, hace tres semanas. El Hospital Real parecía un barco fantasma bajo los rayos que iluminaban los ventanales del piso doce. Elena estaba exhausta; sus pies dolían de una forma que le recordaba a los días de infancia cuando caminaba kilómetros para llegar a la escuela sin desayunar.

Sebastián la encontró en la sala de descanso de los cirujanos, un lugar reservado para la élite al que ella no debería haber entrado. Pero la puerta estaba entornada.

—Doctora Valente... —su voz fue un susurro que rompió el silencio del hospital.

Elena se puso de pie de un salto, asustada. Él no llevaba la bata; solo una camisa de seda azul oscuro con los primeros botones desabrochados. Se veía humano, peligrosamente hermoso.

—Lo siento, Dr. Alarcón. Me iba ahora mismo...

Pero Sebastián no se movió. La distancia entre ellos se acortó en tres pasos lentos y cargados de una tensión que llevaban meses cocinando en silencio. Él puso una mano en la pared, atrapándola, y con la otra, le acarició la mejilla con una delicadeza que Elena no conocía. Nadie la había tocado nunca como si fuera algo valioso, algo frágil.

—Llevas todo el día huyendo de mi mirada, Elena —dijo él, usando su nombre de pila por primera vez.

—No pertenezco a su mundo, doctor —logró articular ella, aunque su respiración fallaba.

—Esta noche, el mundo no existe —respondió él antes de sellar sus labios con los de ella.

Fue un beso hambriento, pero no de comida, sino de reconocimiento. Sebastián la tomó por la cintura y la subió a la mesa de roble de la sala, sus manos grandes y seguras quemaban a través de la pijama quirúrgica de Elena. Para él, ella era una revelación de fuego y valentía; para ella, él era el primer hombre que no la miraba con desprecio, sino con una devoción casi religiosa.

El contraste era total: el reloj de oro de Sebastián brillaba contra la piel pálida de Elena, marcada por las cicatrices invisibles de su pasado. En la penumbra de la sala, rodeados de libros de medicina y el sonido de la lluvia contra el cristal, se entregaron el uno al otro.

No hubo jerarquías. No hubo apellidos. Solo dos cuerpos que se necesitaban para olvidar quiénes eran fuera de esas cuatro paredes. Sebastián fue posesivo, pero tierno, descubriendo en Elena una pasión que ella misma desconocía, mientras ella se aferraba a sus hombros anchos como si fuera la única ancla en medio de su tormenta personal.

Fin del flashback

Elena volvió en si al escuchar la voz del Dr Alarcón.

—Llega dos minutos tarde, residente —su voz, grave y aterciopelada, resonó en el silencio sepulcral—. En este hospital, dos minutos son la diferencia entre la vida y una demanda por negligencia. Lave sus manos otra vez.

Tragué saliva.

Mi vientre dio un vuelco, y no supe si era por el miedo o por la vida que, en secreto, comenzaba a crecer dentro de mí. Él no sabía que esa noche de guardia, cuando nos refugiamos del mundo en el dormitorio de descanso, había cambiado mi destino para siempre.

POV: SEBASTIÁN

La vi entrar y, por un instante, el ritmo de mi corazón se saltó un pulso. Maldita sea. Elena Valente era un problema que no supe prever. Se supone que las residentes son invisibles, piezas reemplazables en el engranaje de mi legado. Pero ella... ella tenía esa mirada de quien ha visto el abismo y no ha parpadeado.

—Bisturí —pedí, extendiendo la mano sin apartar la vista del campo operatorio.

Ella me lo entregó con una precisión mecánica. Sus dedos rozaron los míos por una fracción de segundo y sentí una descarga eléctrica que me irritó. Mi familia, los Alarcón, esperaban que me casara con alguien de mi altura, una mujer con un árbol genealógico que combinara con el mío. Elena no tenía apellido, no tenía linaje, era una "don nadie" que había escalado a base de becas.

—Concéntrese, Valente. Si se distrae una vez más, la saco de mi quirófano —sentencié con frialdad.

Necesitaba alejarla. Necesitaba olvidar el sabor de sus labios y la forma en que se aferró a mí como si fuera su único refugio. Sin embargo, mientras suturaba la aorta del paciente, no podía dejar de notar que Elena estaba inusualmente pálida.

—¿Se siente bien, doctora? —preguntó Julián, mi anestesiólogo y mejor amigo, desde el otro lado del monitor.

—Estoy perfectamente —respondió ella, aunque vi cómo cerraba los ojos con fuerza y se apoyaba apenas un segundo en la mesa auxiliar.

Algo no encajaba. La chica que conocí era inquebrantable. Esta versión de Elena parecía estar cargada con el peso del mundo entero sobre sus hombros. Lo que yo no sabía es que ese peso tenía mi apellido y que, en nueve meses, el linaje Alarcón recibiría al heredero más inesperado de su historia.

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Angelica Canquiz
me encanta🎁😘🇻🇪
yzil: gracias por tu apoyo soy nueva en esto ☺️👏
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Aurora Rico
Fastidia que siendo profesionista no tengan cerebro, 🤔😤 se necesita 2 dedos de frente para sumar 1+1
yzil: me gusta que interactúen con los personajes ☺️👏
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