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Renací Siendo La Villana

Renací Siendo La Villana

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Venganza
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Miranda lo tenía todo: un esposo que la amaba y una vida perfecta. Pero un "accidente" le arrebató el aliento. Ahora, ha despertado en el cuerpo de Ámbar Valer, la chica señalada como su asesina. Atrapada en una casa llena de enemigos y perseguida por el odio implacable de su propio esposo, Damián Villegas, Miranda deberá jugar un juego peligroso. ¿Podrá convencer al hombre que ama de que ella sigue viva, o morirá de nuevo a manos de su propia venganza?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La caída de un pilar

[Perspectiva de Ámbar]

El silencio que siguió al portazo de Damián fue más ensordecedor que sus gritos. Durante unos segundos, el tiempo se suspendió en una dimensión líquida y fría. Me quedé allí, de rodillas sobre la alfombra persa, con la respiración entrecortada y el brazo ardiendo donde sus dedos habían dejado marcas lívidas. Pero mi dolor no importaba. Lo que importaba era el hombre que yacía inerte frente a mí.

—¿Papá? —susurré. Al principio fue un hilo de voz, un ruego infantil que no encajaba con la madurez de mi alma de mujer—. ¡Papá, mírame! ¡Arturo!

Me abalancé sobre él. Arturo tenía el rostro de un color grisáceo aterrador, un tono de piedra que presagiaba lo peor. Sus labios estaban azulados y sus manos, antes firmes y protectoras, colgaban del brazo del sillón como ramas secas. Busqué su pulso con dedos temblorosos; era un latido débil, errático, como el aleteo de un pájaro que se estrella contra un cristal.

—¡Llamen a una ambulancia! —grité hacia el pasillo, con una fuerza que me desgarró la garganta—. ¡Vanessa! ¡Una ambulancia, ahora!

Desde el umbral, vi aparecer a Vanessa. No corría. Caminaba con tanta tranquilidad que parecía estudiada, con el rostro compuesto en una máscara de falsa preocupación que no llegaba a sus fríos ojos. Detrás de ella, Esteban observaba la escena con una curiosidad morbosa, como quien mira un accidente en la carretera.

—Dios mío, ¿qué ha pasado? —preguntó Vanessa, llevándose una mano al pecho—. Ese hombre... Villegas se volvió loco. Arturo no tenía que recibirlo solo.

—¡Deja de actuar y llama al hospital! —le rugí, sintiendo una rabia que me quemaba las entrañas—. Se está muriendo, Vanessa. ¿Es eso lo que quieres? ¿Que se muera para que dejes de fingir?

Ella entrecerró los ojos, y por un segundo, la máscara cayó, revelando la víbora que acechaba debajo. Pero luego, recordó que los sirvientes empezaban a asomarse al estudio.

—Esteban, llama a emergencias —ordenó con voz cortante.

Los minutos que siguieron fueron un descenso al infierno. Arturo empezó a convulsionar levemente, pequeños sumbidos en su pecho indicaba que su corazón estaba luchando una batalla que perdía por segundos. Lo sostuve, le hablé, le supliqué que no me dejara sola en esta casa de lobos. No era solo por la protección que su apellido me brindaba; era porque en este cuerpo, en este mundo de sombras, él era el único que me miraba con amor genuino. Me sentía como si estuviera perdiendo a mi propio padre por segunda vez.

Cuando los paramédicos irrumpieron en la habitación, me apartaron con brusquedad. Vi cómo le ponían los electrodos, cómo cargaban el desfibrilador. El sonido del "¡despejen!" y el golpe del cuerpo de Arturo contra el asiento me perseguirán por siempre. Una, dos, tres veces.

—Tenemos ritmo —gritó uno de los médicos—. ¡Rápido, a la unidad de cuidados intensivos!

Lo sacaron en camilla mientras la mansión Valer se convertía en un caos de luces azules y sirenas. Quise subirme a la ambulancia, pero Vanessa me bloqueó el paso, poniéndome una mano firme en el pecho.

—Tú te quedas aquí, Ámbar —dijo con una frialdad que me heló la sangre—. Ya has causado suficiente daño. Damián vino por ti, y Arturo está así por tu culpa. Si apareces en el hospital, los médicos dirán que tu presencia lo altera. Como tu madre legal, prohíbo tu entrada.

Me quedé en la escalinata, viendo cómo la ambulancia se alejaba. El mundo se me venía abajo. Si Arturo moría, yo estaba perdida. Damián me destruiría legalmente y Vanessa me destruiría físicamente.

Entré de nuevo a la casa, ignorando las miradas de lástima de los empleados. Fui directo al despacho de mi padre. El olor de Damián —esa mezcla de sándalo y furia— aún impregnaba el aire. Me senté en la silla de Arturo, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre mis hombros. Miranda Durán no se rendía ante la tragedia; Miranda Durán calculaba.

Si Arturo estaba incapacitado, la empresa quedaba en un limbo legal peligroso. Vanessa intentaría tomar el control hoy mismo. Abrí los cajones del escritorio, buscando los documentos de representación legal. Mis dedos volaban sobre los papeles hasta que encontré lo que buscaba: un poder notarial que Arturo había firmado años atrás, en un momento de lucidez absoluta después de la muerte de la madre biológica de Ámbar. El documento estipulaba que, en caso de incapacidad del titular, la dirección de los activos pasaría a un comité, pero el voto de calidad y la firma autorizada recaerían sobre su hija consanguínea, Ámbar Valer, siempre y cuando fuera mayor de edad.

Vanessa no lo sabía. Ella creía que su contrato matrimonial la ponía por encima de todo.

—Ámbar, ¿qué haces todavía aquí? —La voz de Vanessa me sacó de mis pensamientos. Estaba en la puerta, ya vestida de negro, lista para su papel de viuda en potencia—. Te dije que subieras a tu cuarto.

—No voy a ir a ninguna parte, Vanessa —dije, levantándome con una calma que la descolocó—. Y tú vas a escucharme bien. Mi padre está en el hospital por culpa de las mentiras que tú le contaste a Damián Villegas. Tú provocaste este enfrentamiento.

—No sé de qué hablas —bufó ella, acercándose al escritorio—. Damián está dolido por su esposa. Tú eres la responsable de todo.

—Sé que le entregaste informes psiquiátricos falsos. Sé que lo convenciste de que el diario que le di era una invención —me incliné sobre el escritorio, sosteniéndole la mirada—. Pero cometiste un error, Vanessa. Pensaste que Arturo no me daría poder.

Le mostré el documento. Sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y odio puro.

—Ese papel no vale nada —siseó—. Estás loca, Ámbar. Cualquiera lo diría.

—Pruébalo —reté—. Porque mientras mi padre lucha por su vida, yo soy la que tiene la firma autorizada para bloquear todas las cuentas de esta casa. Incluyendo tus tarjetas de crédito y los fondos de inversión de Esteban. Si quieres que el hospital reciba el pago para mantener a Arturo en la mejor suite, más te vale que me dejes pasar a verlo.

Vanessa se quedó lívida. El dinero era su único dios, y yo acababa de ponerle un candado al altar.

—Esto no se va a quedar así —amenazó, retrocediendo hacia la puerta—. Damián vendrá por ti. Él tiene las deudas de esta empresa. Él te va a quitar hasta los zapatos que llevas puestos.

—Que venga —respondí, aunque por dentro me moría de dolor—. Damián Villegas cree que está peleando contra una asesina. Pronto descubrirá que está peleando contra la única persona que puede salvar lo que queda del honor de los Valer.

Me quedé sola en el estudio, apretando el documento contra mi pecho. Tenía el poder legal, pero mi corazón estaba roto. El hombre que amaba me odiaba con una ferocidad que nublaba su juicio, y el hombre que me amaba como a una hija estaba debatiéndose entre la vida y la muerte.

Tomé el teléfono del escritorio. Tenía que llamar a un abogado, uno que no estuviera en la nómina de Vanessa. Pero antes, marqué otro número. El de la constructora de Damián. Sabía que no me pasaría la llamada, pero necesitaba dejar un mensaje.

—Dile al señor Villegas —dije cuando la secretaria contestó— que Ámbar Valer no se va a rendir. Y que si mi padre muere, su sangre no estará solo en mis manos, sino en las de él, por haber sido el mazo que Vanessa usó para golpearlo.

Colgué y me preparé. El colapso de Arturo era el fin de mi inocencia en esta nueva vida. Ya no era una víctima escondida en un diario. Era la heredera de un imperio en ruinas y la esposa muerta de un hombre que quería mi cabeza. La guerra ya no era por la verdad; era por la supervivencia. Y en esa guerra, Miranda Durán sabía perfectamente cómo disparar.

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valeska garay campos
me estoy comiendo las uñas 🤭
valeska garay campos
Sabían pregunta todo aunque crean que estas loco
Ámbar dile que eres Miranda aunque piense que estas loca 🤭
valeska garay campos
vamos a ver como reacciona Ámbar al llegar a su casa con su esposo 🤭
valeska garay campos
al fin Damian sabe que no fue mentira todo lo escrito en el diario 🤭
Adriana Ruiz
👏👏👏me encanta 😍
valeska garay campos
me encanta la historia que Damian salbe a su amada esposa
valeska garay campos
Miranda que no caiga en la trampa de las víboras
valeska garay campos
vamos Damian ya sabes que ámbar es tu esposa solo debes creer en tú corazón ❤️ 🤭
valeska garay campos
excelente capítulo nos podrías reglar una maratón?
valeska garay campos
cada capítulo más emocionante dan ganas de más capítulos 😊
valeska garay campos
debió quebrarle el brazo 🤭
valeska garay campos
vamos Miranda aplasta a esos gusanos 🤭💪
valeska garay campos
ya estamos conociendo a las víboras vamos a ver quien gana 🤭
valeska garay campos
muy buena historia me encantan 💪
Ysabel Correa: Gracias 🫂
total 1 replies
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Tanta perfección es rara
Maria Cantillo
vaya despertar del coma y recibir insultos del que fue su esposo y estar en un cuerpo más joven vaya vaya🤭🤭🤭
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