Han Jisung solo quería un trabajo tranquilo pero todo cambia cuando comienza a trabajar para Lee Minho ,un Jefe brillante, Arrogante y peligrosamente atractivo. Entre órdenes, discusiones y miradas intensas, Han empieza a descubrir q detrás del carácter arrogante de su Jefe hay algo q nadie más a logrado ver
NovelToon tiene autorización de glenda ramos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Segunda oportunidad
Han no sabía cómo llegó a su departamento.
Solo recordaba pedazos:
Las calles borrosas.
La voz de Changbin diciéndole que respirara.
El celular vibrando una y otra vez.
Su corazón golpeando con fuerza.
Cuando abrió la puerta, todo estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Él entró directo a la sala y se dejó caer en el sofá, cubriéndose el rostro con ambas manos.
Por fin, lejos de Minho.
Pero también… lejos de lo que creía que tenía.
Changbin cerró la puerta detrás de él.
—¿Quieres agua?
Han negó sin levantar la cabeza.
—¿Quieres hablar?
Han volvió a negar.
Changbin se sentó en la mesa de centro, frente a él.
—Entonces solo voy a estar aquí. No tienes que decir nada.
El silencio duró unos segundos.
Y luego Han habló con una voz rota:
—No pensé que me iba a doler tanto…
Changbin bajó la mirada.
—Cuando te importa alguien… siempre duele más de lo que crees.
Han respiró hondo.
—¿Quisieras estar en mi lugar?
Changbin sonrió triste.
—No, porque no quiero verte sufrir.
Han levantó la cabeza, sorprendido.
Changbin continuó:
—Si pudiera cambiarme por él para que tú no te rompas, lo haría.
Pero no puedo competir con lo que sientes.
Han lo miró fijamente.
Sentía un agradecimiento extraño, profundo.
—No sé qué siento ahora mismo —admitió.
Changbin suspiró.
—Eso también está bien.
El celular de Han vibró otra vez.
Y otra.
Y otra.
Changbin lo tomó de la mesa antes de que Han lo hiciera.
—Es él —dijo.
Han cerró los ojos.
—No quiero escucharlo.
Changbin dudó un segundo.
—¿Quieres que le diga que no te moleste?
—No —susurró Han—. No quiero que tú lo enfrentes por mí.
No quiero… ponerlos a los dos en guerra.
Changbin dejó el celular a un lado.
—Aunque él comenzó esa guerra.
Han respiró hondo.
—Eso no lo hace menos doloroso.
LA FAMILIA DE MINHO
En otro lado de la ciudad, Minho estaba sentado frente a sus padres.
Su madre con expresión rígida.
Su padre con los brazos cruzados.
Y Hyejin… a su derecha, fingiendo neutralidad.
—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó su madre, exhausta.
Minho respiró fuerte.
—No quiero casarme con ella.
El padre golpeó la mesa de inmediato.
—¡ESE COMPROMISO ESTÁ FIRMADO!
Minho no se movió.
—No quiero.
—¡NO ES OPCIONAL!
Hyejin miró la escena con la tranquilidad calculada de alguien que ya sabía quién ganaría.
La madre intervino, más suave pero igual de dura.
—Minho… es una alianza familiar. Necesitamos este acuerdo. Tú lo sabes.
—Yo no soy una moneda de cambio —respondió él.
El padre se inclinó hacia adelante.
—Lo eres. Siempre lo fuiste.
La frase apagó algo dentro de Minho.
Hyejin habló entonces:
—La empresa necesita estabilidad, Minho. Y nuestras familias acordaron esto hace mucho.
¿Vas a destruir todo por un… romance pasajero?
Minho apretó los puños.
—No es pasajero.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó ella con una sonrisa ladina—. ¿Acaso él quiere estar contigo después de lo que pasó hoy?
La pregunta golpeó más fuerte que un grito.
Minho sintió un silencio punzante.
Y luego, susurró:
—No lo sé.
La madre lo miró con tristeza.
—Minho… sé responsable.
Él se levantó de la silla.
—No voy a casarme con alguien que no amo.
El silencio fue absoluto.
—No me importa lo que cueste —agregó—. No voy a vivir la vida que ustedes quieren.
Y se fue.
Hyejin lo siguió de inmediato.
—¿A dónde vas?
Minho no se detuvo.
—A recuperarlo.
—No te quiere ver —dijo ella cruzándose de brazos.
Minho la miró sobre el hombro.
—Eso es lo único que puedo intentar cambiar.
Y salió de la casa, decidido.
DE VUELTA CON HAN
Han estaba en la cocina, sentado en una silla, mirando el vacío mientras giraba lentamente un vaso de agua entre sus manos.
Changbin, apoyado en la barra, lo observaba en silencio.
—¿Crees que me llamó porque está preocupado… o porque no quiere perder el control sobre mí? —preguntó Han sin levantar la vista.
Changbin pensó un segundo.
—Ambas.
Han soltó una risa triste.
—No sé si eso lo hace mejor o peor.
—Peor —respondió Changbin con sinceridad.
Han lo miró de pronto.
—¿Y tú? ¿Qué quieres conmigo?
Changbin se sorprendió, pero respondió sin dudar:
—Quiero ser quien no te rompa.
Quiero ser quien te sostenga cuando te caes.
Y quiero que algún día… si te nace… me mires de la misma forma en que lo miras a él.
Han sintió una punzada.
Una que no lo lastimaba, sino que le daba un poco de calma.
—Eres demasiado bueno —susurró.
Changbin negó.
—No. Solo te quiero de verdad.
Han bajó la mirada.
Pero antes de poder responder…
TOC, TOC, TOC
Los dos se quedaron inmóviles.
Tres golpes fuertes.
Urgentes.
Changbin frunció el ceño.
—¿Esperas a alguien?
Han negó con la cabeza.
Los golpes se repitieron.
Con más fuerza.
Como si la persona afuera estuviera desesperada.
Changbin se adelantó.
Han se levantó también.
—Cuidado —dijo Han, más por reflejo que por miedo real.
Changbin miró por la mirilla.
Y soltó aire con fastidio.
—Es él.
El corazón de Han se detuvo un segundo.
—No abras —dijo rápido.
Changbin no se movió.
Pero Minho habló desde el otro lado de la puerta:
—Jisung… por favor.
Necesito hablar contigo.
Han sintió la garganta cerrarse.
—No abras —repitió.
Pero en su voz había dolor, miedo… y una parte escondida que quería escuchar.
Changbin apoyó la espalda contra la puerta, bloqueándola.
—Se acabó, Minho. Déjalo en paz.
—No hablo contigo —respondió Minho, con la voz quebrada.
—Pues él no quiere hablar contigo —replicó Changbin.
Silencio.
Y luego…
—Jisung…
Mis padres quieren obligarme.
Quieren que me case.
Pero no voy a hacerlo.
No sin pelear.
No sin intentarlo todo primero.
Por ti.
Han dio un paso, involuntario.
Changbin lo miró.
—No vayas —susurró.
Han no respondió.
La voz de Minho volvió, apenas audible:
—No me dejes solo con esto.
Han tragó saliva.
Changbin negó rápidamente.
—No lo escuches. Solo sabe manipularte.
—¡No estoy manipulando a nadie! —gritó Minho desde fuera—. ¡Estoy cayéndome a pedazos!
Han apretó los puños.
Changbin murmuró:
—No le creas. Él eligió su compromiso.
Han respiró hondo.
—Changbin… no es tan simple.
Changbin bajó la mirada, dolido.
—¿Todavía lo quieres?
Han cerró los ojos.
—No puedo dejar de hacerlo de un día a otro.
Changbin inhaló lentamente.
—Entonces vas a seguir sufriendo.
Han sintió otra punzada, esta vez amarga.
—No quiero seguir sufriendo —dijo Han en voz baja.
—Entonces déjame ayudarte —suplicó Changbin.
Han lo miró.
Con cariño.
Con culpa.
Y con miedo.
—Pero no eres él —susurró.
Changbin pareció romperse un poco.
Minho golpeó la puerta.
—Jisung.
Por favor.
El ambiente estaba cargado.
Tenso.
Silencioso.
Han dio un paso hacia la puerta.
Changbin lo interceptó.
—No, Han. No otra vez.
Han lo miró.
—Solo… quiero escucharlo.
Changbin negó.
—Sí lo escuchas, vas a caer.
Han respiró hondo.
—Ya estoy caído, Changbin.
Solo… necesito saber si vale la pena levantarme.
Changbin apretó los labios.
Y finalmente…
Se hizo a un lado.
No porque quisiera.
Sino porque sabía que no podía detener los sentimientos de Han a la fuerza.
Han puso la mano sobre la manija.
Cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió…
Desbloqueó la puerta.
La abrió.
Y ahí estaba Minho.
Despeinado.
Sofocado.
Con los ojos hinchados.
Y al verlo…
Minho susurró:
—Gracias… por abrir.
Han no respondió.
Solo lo miró esperando respuestas.
Minho respiró hondo.
—Vine a decirte algo que nunca he dicho en mi vida.
Han no pestañeó.
Changbin tembló, conteniendo la rabia detrás.
Minho continuó.
—Voy a romper el compromiso.
Han abrió los ojos.
Changbin también.
Minho siguió:
—Voy a enfrentar a mi familia.
Voy a destruir ese acuerdo.
Voy a perder lo que tenga que perder.
Porque… yo no quiero una vida sin ti.
Han sintió que todo el aire se le iba.
Changbin apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Minho dio un paso adelante.
—Y no te estoy pidiendo que vuelvas conmigo.
Te estoy pidiendo…
que me des una oportunidad de demostrar que esta vez sí puedo elegirte.
Han sintió que algo dentro de él se rompía…
pero no en dolor.
En alivio.
En miedo.
En esperanza.
Changbin dio un paso adelante.
—¿Y si se arrepiente, Han?
¿Y si lo deja todo… y luego te deja a ti también?
Minho respondió sin dudar:
—Si lo hago, merezco que me odie para siempre.
Pero no voy a hacerlo.
Han estaba entre dos mundos.
Entre dos corazones.
Entre dos futuros.
No sabía cuál era el correcto.
Solo sabía que estaba cansado de sufrir.
—No puedo decidir hoy… —susurró.
Minho asintió.
—No te estoy pidiendo que lo hagas.
Changbin cerró los ojos un momento.
Han continuó:
—Pero… puedo escucharte.
Puedo darte una oportunidad de demostrar lo que dices.
Minho soltó el aire, casi temblando.
Changbin bajó la mirada, derrotado… pero aún ahí, a su lado.
Han los miró a ambos.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Sintió que tenía opciones.
Y que ninguna decisión sería fácil.
Pero tampoco sería el final.