Bang Chan y Seungmin son estrellas del K-pop... y novios en secreto. Entre giras interminables y luces de escenario, su amor crece fuerte en los pocos momentos que tienen para sí mismos. Pero la fama no perdona secretos, y cuando el mundo empieza a cerrarles el paso, deberán decidir si su vínculo vale más que cualquier gloria. ¿Podrán mantener su armonía en medio del caos?
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rumores y resolución
El café en la taza de Chan se había enfriado hacía rato, pero él no podía apartar la mirada de la pantalla de su teléfono. En las redes sociales, las fotos estaban por doquier –imágenes suyas y de Seungmin tomadas en secreto el día anterior, cuando habían salido a caminar por un pequeño parque cerca del hotel antes del amanecer. Los rumores se habían extendido como pólvora: "¿Son más que amigos?", "El dúo más querido del grupo tiene un secreto", "Fotos que revelan la verdad".
Seungmin entró en la habitación con dos nuevas tazas de café caliente, y al ver la expresión en el rostro de su novio, supo de inmediato lo que pasaba. Dejó las tazas sobre la mesita y se sentó junto a él en la cama, tomando su mano con firmeza.
—Ya lo vi —dijo en voz baja—. La agencia nos llamó hace unos minutos. Quieren que tengamos una reunión urgente en la oficina.
Chan cerró los ojos, presionando los dedos entre las cejas para calmar el dolor de cabeza que empezaba a aparecer. Habían cuidado tanto su relación, habían hecho todo lo posible para protegerla del ojo indiscreto de los medios, pero al final, el azar había jugado en su contra.
—Temo lo peor —murmuró él—. Quizás quieran que terminemos... que mantengamos la distancia para no dañar la imagen del grupo.
Seungmin negó con la cabeza, apretándole la mano con más fuerza.
—No lo permitiré —dijo con determinación—. Nuestro amor no es un problema a resolver, es lo mejor que nos ha pasado. Si tienen que elegir entre la fama y nosotros, entonces... entonces tendremos que tomar decisiones difíciles.
La reunión en la agencia fue tensa. Los directivos sentados frente a ellos hablaban de "manejo de imagen", de "expectativas de los fans", de "responsabilidades con el grupo". Chan escuchaba con atención, pero su mano nunca soltó la de Seungmin debajo de la mesa. Cuando llegó el momento de hablar, fue Seungmin quien se adelantó.
—Entendemos la preocupación —comenzó él—, pero no estamos dispuestos a dejar de amarnos. Somos mejores artistas cuando estamos bien, cuando tenemos el apoyo del otro. Si la gente no puede aceptarnos como somos, entonces tal vez no estamos en el lugar correcto.
Los directivos se miraron entre sí, sorprendidos por la firmeza de sus palabras. Después de un largo silencio, el jefe de la agencia suspiró y se inclinó hacia adelante.
—No queremos perderlos a ninguno de los dos —dijo—. Hemos visto cómo trabajan juntos, cómo se apoyan mutuamente. Tal vez sea hora de cambiar las reglas. No podemos confirmar nada públicamente todavía, pero tampoco vamos a obligarlos a ocultar lo que sienten. Vamos a manejarlo con cuidado, paso a paso.
Al salir de la oficina, Chan y Seungmin se abrazaron en el pasillo vacío, soltando el aliento que no sabían que estaban reteniendo. Caminaron hasta el coche que los esperaba, y Chan decidió tomar un atajo por el mismo parque donde los habían fotografiado. La luz del sol bañaba el césped, y algunos niños jugaban cerca del lago.
Se detuvieron bajo un árbol grande, y Chan tomó el rostro de Seungmin entre sus manos, besándolo con toda la pasión y gratitud que sentía en ese momento. No importaba que alguien los viera –ya no tenían miedo.
—Te dije que estaríamos bien —susurró Seungmin, sonriendo mientras una lágrima de alegría bajaba por su mejilla.
Chan sacó su guitarra de la funda que siempre llevaba consigo –había traído la melodía de "Refugio" terminada. Se sentaron en un banco, y él empezó a tocar, sus dedos recorriendo las cuerdas con gracia. Esta vez, no eran solo ellos quienes escuchaban –algunos transeúntes se detuvieron a admirar la música, y hasta algunos fans que los reconocieron se quedaron en silencio, escuchando cada nota.
Cuando terminó la canción, hubo un pequeño aplauso. Chan miró a Seungmin con los ojos llenos de amor, y este le entregó un pequeño paquete envuelto en papel kraft.
—Lo hice con mis propias manos —dijo Seungmin—. Es un collar de chanmin, tejido con hilos de los colores de nuestra luz oficial. Para que siempre tengas un pedacito de mí contigo, dondequiera que vayas.
Chan se puso el collar con ayuda de su novio, luego tomó una pulsera similar que llevaba oculta en su bolsillo –la había hecho en secreto durante las noches de ensayo.
—Para ti —dijo, abrocharándosela en la muñeca—. Un juego. Para que el mundo sepa que estamos juntos, aunque no lo digamos en voz alta.
Regresaron al hotel con la cabeza alta, listos para enfrentar lo que viniera. Sabían que el camino no sería fácil, que habría críticas y dudas, pero también sabían que tenían el apoyo del grupo, de la agencia y de los fans que realmente los amaban.
Esa noche, acostados en la cama, Seungmin apoyó su cabeza en el pecho de Chan, escuchando el ritmo firme de su corazón.
—¿Crees que algún día podremos decirlo todo en público? —preguntó él en voz baja.
Chan acarició su cabello, mirando hacia la ventana donde la luna brillaba en el cielo.
—Sí, amor —respondió con seguridad—. Un día, el mundo entero sabrá lo mucho que te amo. Por ahora, esto es suficiente. Tenemos el uno al otro, y eso es todo lo que importa.
Se besaron suavemente, cerrando los ojos mientras el sueño los envolvía. Al lado de la cama, la guitarra de Chan reposaba sobre una silla, y en su cuerdas se reflejaba la luz de la luna –un recordatorio de que la música y el amor siempre encontrarán la manera de unirse.