“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 22 Donde la vida encuentra a la muerte
El choque de las espadas resonaba dentro del santuario.
El sonido del metal contra metal se mezclaba con el eco de pasos y respiraciones agitadas.
Pero para Aren…
Todo parecía más lento.
Sus ojos seguían a Darian.
El alfa luchaba contra el ejecutor en el centro del templo.
Cada movimiento era preciso.
Brutal.
Hermoso de una forma peligrosa.
Aren sentía algo extraño en su pecho.
Un tirón invisible.
Como si su cuerpo quisiera moverse hacia él.
El círculo Solaris bajo sus pies brillaba cada vez más fuerte.
El ejecutor bloqueó otro ataque de Darian y sonrió detrás de la máscara.
—Interesante.
Sus ojos se movieron hacia Aren.
—Incluso ahora…
Bloqueó otro golpe.
—Siguen buscándose.
Darian gruñó.
—Cállate.
El ejecutor inclinó ligeramente la cabeza.
—Es inevitable.
Empujó a Darian hacia atrás con fuerza.
—La vida y la muerte siempre lo hacen.
Aren dio un paso adelante.
—Darian.
El alfa giró la cabeza hacia él por un instante.
Ese segundo fue suficiente.
El ejecutor atacó.
La espada pasó por la defensa de Darian.
El corte atravesó su brazo.
La sangre apareció inmediatamente.
—¡Darian! —exclamó Aren.
El alfa retrocedió un paso.
Pero no cayó.
El ejecutor levantó la espada nuevamente.
—Siempre tan predecible.
Aren sintió algo dentro de él romperse.
No era miedo.
Era algo más profundo.
Instinto.
El círculo Solaris explotó en luz.
Una ola de energía recorrió el santuario.
Los Cazadores se detuvieron.
Incluso el ejecutor.
—Ah…
Susurró.
—Eso es nuevo.
La luz rodeaba a Aren.
Su respiración era rápida.
Pero sus ojos estaban fijos en Darian.
—No te acerques —dijo el alfa con voz firme.
Aren negó.
—Eso sería ilógico.
Darian frunció el ceño.
—Aren—
Pero el omega ya caminaba hacia él.
Cada paso hacía que la luz del santuario se intensificara.
El ejecutor observaba con fascinación.
—Perfecto.
—La vida caminando hacia la muerte.
Darian se interpuso inmediatamente.
—Ni un paso más.
El ejecutor levantó la espada.
—No vine por ti.
—Entonces vete.
El ejecutor negó.
—Eso sería aburrido.
Atacó nuevamente.
El golpe fue brutal.
Darian bloqueó.
Pero la fuerza lo obligó a retroceder.
Aren llegó hasta él.
—Estás sangrando.
Darian soltó una pequeña risa.
—Eso parece.
Aren levantó la mano hacia su herida.
La luz del círculo Solaris reaccionó.
La energía fluyó hacia Darian.
El ejecutor entrecerró los ojos.
—Ah…
—Ahora lo entiendo.
El corte del brazo comenzó a cerrarse lentamente.
Darian miró la herida con sorpresa.
—Aren…
El omega lo miró.
Sus ojos brillaban.
—No te muevas.
El ejecutor soltó una risa baja.
—Increíble.
—Ni siquiera recuerdan lo que fueron.
Aren frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
El ejecutor habló con calma.
—En la era de los dioses…
Señaló a Darian.
—La muerte caminaba detrás de la vida.
Sus ojos brillaron.
—No como enemigo.
Hizo una pausa.
—Como amante.
El silencio cayó dentro del santuario.
Darian respondió con frialdad.
—Eso es una leyenda.
El ejecutor negó lentamente.
—No.
Miró a Aren.
—Es historia.
Aren sintió su corazón latir más rápido.
Porque en el fondo…
Algo dentro de él lo sabía.
El ejecutor dio un paso hacia ellos.
—Siempre terminaban encontrándose.
La espada se levantó nuevamente.
—Siempre terminaban amándose.
Darian se movió primero.
Su espada chocó contra la del ejecutor con fuerza brutal.
—No digas tonterías.
Pero el ejecutor sonrió.
—Entonces explícame algo.
Bloqueó otro ataque.
—¿Por qué lo protegiste sin pensarlo?
Darian no respondió.
El ejecutor miró a Aren.
—¿Y tú?
—¿Por qué caminaste directo hacia él en medio de la batalla?
Aren permaneció en silencio.
El ejecutor inclinó la cabeza.
—Porque sus almas lo recuerdan.
El choque de espadas continuó.
Pero esta vez…
Darian estaba peleando con más fuerza.
Más rápido.
Como si algo dentro de él estuviera despertando.
El ejecutor retrocedió un paso.
—Ah.
—Ahora lo siento.
Sus ojos brillaron detrás de la máscara.
—La muerte está despertando.
Darian atacó otra vez.
—No soy tu dios.
El ejecutor bloqueó.
—Todavía no.
El combate se volvió feroz.
Pero Aren no apartaba la mirada.
El tirón en su pecho se hacía más fuerte.
Cada vez que Darian retrocedía…
Su cuerpo reaccionaba.
Sin pensar.
Se movió.
—¡Aren! —gritó Elric.
Pero ya era tarde.
El omega estaba junto a Darian otra vez.
La luz Solaris estalló.
La energía recorrió el santuario.
El ejecutor se detuvo.
—Increíble.
—Ni siquiera lo intentan…
Miró a ambos.
—Y aún así el vínculo responde.
Aren levantó la mirada hacia Darian.
—¿Estás bien?
El alfa lo observó.
Había algo diferente en su mirada.
Algo más suave.
—Eso depende.
Aren inclinó ligeramente la cabeza.
—¿De qué?
Darian respondió con voz baja.
—De si sigues haciendo cosas peligrosas.
Aren respondió con calma.
—Eso sería inevitable.
Darian soltó una pequeña risa.
Incluso en medio de la batalla.
El ejecutor observaba la escena.
—Esto es fascinante.
Levantó su espada una vez más.
—Pero suficiente romance por ahora.
Los Cazadores avanzaron nuevamente.
Elric gritó:
—¡Aren!
Pero el círculo Solaris brilló aún más fuerte.
La luz llenó el santuario.
El ejecutor retrocedió un paso.
—Ah…
Sus ojos brillaron.
—El despertar completo se acerca.
Miró a ambos.
—Vida y muerte…
Sonrió.
—Los amantes eternos.
Luego levantó su espada.
—Veamos cuánto recuerdan realmente.
El combate volvió a estallar.
Pero esta vez…
Algo había cambiado.
Porque cuando Aren y Darian se miraron otra vez…
Ambos sintieron lo mismo.
Una sensación antigua.
Como si se hubieran encontrado muchas veces antes.
Y siempre…
Hubieran terminado eligiéndose.
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