Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 17: Dos Estrategas
Cuando un nuevo rival aparece en el tablero…
un estratega no ataca.
Observa.
Espera.
Y busca… dónde romperlo.
Aurora Lux estaba creciendo.
Rápido.
Demasiado rápido para ser natural.
Nuevos talleres.
Nuevos inversionistas.
Nuevas rutas humanas… acercándose peligrosamente a las nuestras.
Pero no era la empresa lo que me interesaba.
Era ella.
Seraphine Valcrest.
Apoyé el pergamino sobre la mesa.
Las marcas rojas cubrían el mapa.
Las nuestras.
Firmes.
Estables.
Y entre ellas…
nuevas marcas.
Más pequeñas.
Pero cada vez más cercanas.
(Avanza sin miedo…)
Eso decía mucho.
O era brillante.
O no entendía el riesgo.
Ambas opciones eran útiles.
—Nyxara.
—¿Sí, padre?
Malakar observó el mapa.
—Esa humana se acerca demasiado.
—Lo sé.
—No me gusta.
—Eso significa que está haciendo bien su trabajo.
Mi padre sonrió.
—Entonces será divertido romperlo.
Antes de que pudiera responder—
—Me temo que no será tan simple.
Lysander.
Otra vez.
Siempre en el momento exacto.
—Aurora Lux anunció una alianza —dijo, dejando el documento.
—¿Con quién?
—Gremios humanos.
Silencio.
Esta vez real.
Tomé el informe.
Leí rápido.
Luego más lento.
(Interesante…)
—No compite con tecnología —murmuré.
Lysander me miró.
—Compite con narrativa.
Le devolví la mirada.
—Entonces aprendió rápido.
—¿Te preocupa? —preguntó.
—No.
Pausa.
—Pero ahora sí es relevante.
—Princesa.
El mensajero entró apresurado.
—Un representante humano solicita audiencia.
—¿Nombre?
Dudó.
—Aurora Lux.
Silencio.
Mi padre rió.
—Eso sí es interesante.
Lysander sonrió apenas.
—Directo al corazón del enemigo.
—Déjala entrar —dije.
Mi padre me miró.
—¿Segura?
—Quiero verla de cerca.
Las puertas se abrieron.
Y el aire cambió.
Cabello plateado.
Paso firme.
Mirada… demasiado tranquila.
Seraphine Valcrest no parecía una comerciante.
Parecía alguien que ya había decidido ganar.
Sus ojos recorrieron la sala.
Malakar.
Lysander.
Y finalmente…
se detuvieron en mí.
Sonrió.
Pequeño.
Controlado.
—Princesa Nyxara.
—Seraphine Valcrest.
Se inclinó apenas.
Respeto.
Pero no sumisión.
Importante.
—Su reputación es… impresionante —dijo.
—La suya es reciente.
—Eso la hace más interesante.
Mi padre observaba en silencio.
Divertido.
Lysander… atento.
Muy atento.
Seraphine se acercó a la mesa.
Sus dedos rozaron uno de los cristales.
—Tecnología admirable.
—Lo es.
—Y peligrosa.
La miré.
—Explique.
Sus ojos volvieron a los míos.
—Hace que las personas olviden cómo vivir sin ella.
Silencio.
Sonreí.
—Eso se llama progreso.
—No.
Pausa.
—Eso se llama dependencia.
El aire se tensó.
Pero no aparté la mirada.
—¿Y usted vende independencia?
—Vendo elección.
—Interesante palabra.
—Importante palabra.
Lysander intervino suavemente.
—Seraphine…
—Estoy bien, príncipe.
No lo miró.
Eso también era importante.
—Dígame algo, princesa —continuó—.
—¿Sí?
—Si mañana sus cristales desaparecen…
—No lo harán.
—Hipotéticamente.
Silencio.
No respondí de inmediato.
Y ella lo notó.
—Habría caos —continuó—.
—Hambre.
—Enfermedad.
—Desorden.
Cada palabra fue precisa.
Fría.
Calculada.
—Eso no es comercio.
Sus ojos se afilaron.
—Eso es control.
Mi padre dio un paso al frente.
—Cuidado, humana.
—No —dije sin mirarlo.
Silencio.
Seguí observando a Seraphine.
—Entonces su problema no es mi sistema.
—No.
—¿Entonces?
Pausa.
—Que funciona demasiado bien.
Ahí estaba.
La verdad.
Desnuda.
Sonreí lentamente.
—Gracias.
Eso la sorprendió.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—Eso significa que no puede superarlo —continué.
Sus ojos volvieron a enfocarse.
—Significa que debo cambiar las reglas.
Silencio.
Pesado.
Real.
—Aurora Lux no vino a destruir su imperio —dijo.
—Eso espero.
—Vinimos a evitar que controle el nuestro.
El aire se volvió peligroso.
Me acerqué un paso.
—Entonces compita.
—Lo haré.
—Y pierda.
—Lo veremos.
Silencio.
Pero esta vez…
nadie sonreía.
Lysander observaba entre ambas.
Como si ya supiera…
que esto no terminaría bien.
Seraphine dio medio paso atrás.
—Gracias por la audiencia.
—Fue instructiva.
—Lo será más la próxima vez.
Se giró.
Y se detuvo.
Sin mirarme.
—Por cierto, princesa…
Pausa.
—Ya empezamos.
Las puertas se cerraron.
Silencio.
Largo.
Mi padre rió.
—Me agrada.
—Es peligrosa —dijo Lysander.
Yo seguía mirando la puerta.
(Y no vino a observar…)
Mis ojos bajaron al mapa.
Una de las rutas…
parpadeaba.
(Y vino a confirmar…)
Sonreí.
Pero esta vez…
no era confianza.
Era anticipación.
—Perfecto.
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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