A los once años, Rutila Pavlov desapareció cuando su familia perdió todo. Hoy, Moscú tiembla ante "Miss Diablo" – una asesina invisible que azota la mafia.
Para vengarse, se casa con Xavier Orlov, el capo más temido de Rusia, obligado a cumplir una extraña voluntad familiar.
Nadie sabe que la esposa de Xavier es la asesina que todos buscan. Cuando él descubre la verdad, el amor podría ser su mayor peligro... o su única salvación.
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¡Cállate!
El despacho del abuelo de Xavier olía a una mezcla de tabaco añejo, madera de roble y la inconfundible fragancia de la enfermedad que se negaba a querer curarse, a pesar de los tanques de oxígeno que tenía tras las cortinas de terciopelo, el abuelo de Xavier permanecía sentado en su sillón de cuero como un rey en un trono de hierro, no necesitaba levantarse para intimidar; su sola mirada, una herencia de acero que Xavier compartía, era suficiente para bajarle el pulso a cualquiera, y hacer que se arrodillarán ante él
Xavier entró con la mandíbula apretada, sabía que esta conversación no sería una sugerencia, sino una sentencia, sobre su puesto en su mafia, en un rincón de la oficina, de pie como centinelas, estaban su padre,by su hermano menor Grigori, el ambiente estaba tan cargado que el aire parecía difícil de respirar, el sabía que ellos ya sabían, de lo que pasaba con Olivia.
—Siéntate, Xavier —la voz de su abuelo era un rugido ronco como el de un león, debilitado por la edad, pero cargado de una autoridad que solo patriarcas de su época poseían.
Xavier obedeció, como siempre que se trataba de su abuelo, antes de que pudiera abrir la boca para explicar la situación de Olivia, el abuelo lanzó un pesado suspiro de cansancio y un golpe sobre el escritorio que sonó como un disparo
—¿Crees que soy estúpido? —preguntó el abuelo inclinándose hacia adelante —¿Crees que las noticias en esta familia no vuelan más rápido que las balas? Ruth es una mujer excepcional, una alianza que nos costara sangre y años de diplomacia asegurar, su tu lo arruinas —el sabía que la mafia de Ruth les daba más respeto del que ya tenían en la mafia —¡y tú vas y engendras un bastardo con una mujer cualquiera!
—Olivia no es solo eso, abuelo y lo sab... —Xavier intentó defenderse, pero la mirada de su padre lo silenció de inmediato, sabía que su abuelo estaba echo una furia y un solo error en defender a Olivia podía costarle el liderazgo a Xavier
—¡Cállate! —intervino su padre, dando un paso al frente —u abuelo tiene razón, has humillado a Ruth, a tu esposa, no solo a ella, sino a todo su linaje, ¿Tienes idea de lo que los Pavlov son capaces de hacernos si deciden que este matrimonio ya no les conviene?, sabes la guerra que se podía desatar su ella decide pedir el divorcio, sabes perfectamente lo que eso significa en la mafia rusa, no queremos un divorcio en esta familia, ni una guerra, Xavier, por qué estamos hablando de una guerra civil entre mafias, que nadie quiere.
Xavier apretó los puños sobre sus muslos, por qué sabía que tenían razón, Grigori lo miraba en silencio, algo extraño en el
—Ya me encargué de Olivia, está bajo custodia de mis hombres, el niño nacerá y será un Orlov, pero ella no volverá a ver la luz del día cerca de nosotros, ni del bebé.
El abuelo soltó una risa amarga que terminó en una tos seca por su salud, tras recuperarse, señaló a su nieto con un dedo tembloroso pero firme.
—Acepto tu decisión de quedarte con la criatura, un Orlov no abandona su sangre, por muy impura que sea la madre m, pero escúchame bien, ese niño jamás heredará el imperio, erá una sombra del verdadero heredero, un soldado si tiene suerte, pero nunca el heredero de ambas marías...
El anciano hizo una pausa, sus ojos clavándose en los de Xavier con una intensidad que lo hizo estremecer, conocía a su abuelo, por qué el mismo fue entrenado por el desde niño.
—Tu única prioridad ahora es Ruth, y mantener la mafia donde está, ella es la clave, para seguir en nuestra posición, si no logras que esa mujer te perdone y, lo más importante, si no me das un nieto de sangre legítima, un verdadero heredero que lleve el apellido Pavlov y Orlov en las venas... yo mismo te desheredaré, te quitaré el mando y se lo daré a Grigori
Xavier no estaba dispuesto a cederla a su hermano el liderazgo de la mafia Orlov.
Xavier miró a su hermano menor. Grigori, que siempre había sido el más alegre y extrovertido de los dos, no sonrió, no había alegría, ni burla en su rostro, ni enmm la posibilidad de suplantar a su hermano, solo una advertencia silenciosa.
—Xavier —dijo Grigori, hablando por primera vez con una voz pausada y una seriedad que jamás había mostrado —Ruth es valiosa, ella no es como las mujeres con las que solías jugar, ella es una estratega, una líder, si la pierdes, nos pierdes a todos, no voy a permitir que tus errores de cama hundan el apellido que yo también porto, si vuelves a fallarle, si vuelves a ser tan descuidado como para dejar que una amante te exponga de esa manera, yo mismo te sacaré del camino, y me asegurare de que no vuelvas a ver a Ruth.
Xavier sintió el peso del mundo sobre sus hombros, y sobre todo sintió que su hermano le advirtió entre sus palabras que el podía quitarme a su esposa, la lealtad en su familia era absoluta, pero solo hacia el poder y el apellido, no hacía algo más.
—Entiendo —respondió Xavier con amargura —Ruth es mi esposa, cumpliré con el contrato y mi papel de esposo.
—No es solo un contrato, idiota —espetó el abuelo, volviendo a hundirse en su sillón —es tu supervivencia, ahora lárgate, ce a buscar a tu esposa, arréglalo con ella, antes de que el Don se entere, no quiero volver a oír el nombre de esa mujer, de tu amante, en esta casa, si ella vuelve a causar un solo problema, me encargaré de que desaparezca de una forma que ni tú ni Dios puedan encontrar sus restos, ¿Fui claro Xavier?
—Clarísimo, abuelo —respondio el, sabía que ya habían decidió ellos, sin importar nada.
Xavier salió del despacho sintiendo que las paredes de la mansión se cerraban sobre él, sabía que el perdón de Ruth no se compraría con joyas ni con disculpas vacías, y sabía que Ruth tampoco buscaba un perdón de el, ella lo había mirado con un asco que lo quemaba por dentro, y sabía que no recuperaría la poca confianza que ella llegó a tenerle, no había amor entre ellos, pero el sabía lo que significa la lealtad en el matrimonio dentro de la mafia, y ella también lo sabía bien.
Mientras caminaba hacia su auto para buscarla, una sola idea paseaba por su mente, su abuelo tenía razón en algo, Ruth no era una víctima, en esto, ella era una jugadora, y en este momento, ella tenía todas las cartas ganadoras sobre la mesa mientras él apenas intentaba no perder la cabeza, por una mujer a la que no amaba, ni lo amaba a él.
Subió a su vehículo y marcó el número de Federick, necesitaba saber dónde estaba ella, no por control, sino porque por primera vez en su vida, Xavier Orlov sentía que si no recuperaba a esa mujer, su imperio, su vida, y su matrimonio se desmoronarían como un castillo de naipes en medio de una tormenta, que parecía que apenas se avecinaba...