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Juez De Sombras

Juez De Sombras

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lilian es la hija "perfecta" de un juez implacable, pero su vida de cristal se rompe cuando Killian, el heredero de un imperio criminal, la secuestra para vengarse de su padre. Sin embargo, el cautiverio no es lo que ella esperaba. Killian no busca su cuerpo, busca corromper su alma. Entre juegos mentales, traiciones familiares y una atracción prohibida, Lilian descubrirá que la línea entre el odio y la obsesión es de sangre. ¿Podrá escapar del monstruo, o descubrirá que ella es más peligrosa que él?

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Capitulo 17

El despacho del Juez, una vez un templo de orden y caoba, ahora parecía el escenario de un naufragio. Las ediciones de la mañana estaban esparcidas por el suelo, con titulares que gritaban palabras como "Corrupción", "Trata" y "Traición". El teléfono no dejaba de sonar, pero el Juez no contestaba. Sus aliados políticos le habían dado la espalda en menos de doce horas; el sistema que él mismo había ayudado a construir se lo estaba tragando vivo.

El Juez caminaba de un lado a otro, su rostro habitualmente impasible ahora estaba desencajado, con una vena pulsando violentamente en su sien. El temblor de su ojo izquierdo ya no era un tic; era un espasmo de pura furia.

—¡Lilian ! —rugió hacia el vacío, golpeando su escritorio con un puño que una vez dictó sentencias—. Sé que eres tú. Sé que esa letra en el diario es la de tu madre y solo tú podrías tenerla.

No sentía remordimiento por lo que le hizo a su esposa, ni por las mujeres que vendió. Sentía la rabia de quien pierde su corona. Para él, su hija no era una persona, era una propiedad defectuosa que estaba quemando su reino.

—Si quieres guerra, mi pequeña princesa, vas a tener un infierno —siseó.

Llamó a su último recurso: un grupo de mercenarios "fantasma", hombres que no existían en los registros legales, los mismos que habían hecho desaparecer los cuerpos de sus enemigos durante décadas. Las órdenes fueron claras y brutales: "No los quiero bajo custodia. Los quiero de rodillas frente a mí antes de que amanezca. Y luego, quiero el silencio eterno".

Mientras tanto, en la casa de seguridad, Killian e Lilian observaban los movimientos del Juez a través de drones y micrófonos ocultos. Sabían que el ataque era inminente.

—Está desesperado —dijo Killian, verificando su arma—. Cuando un hombre como él pierde su reputación, pierde su miedo a las consecuencias. Vendrá por nosotros con todo lo que tiene.

—Esa es la idea —respondió Lilian , cuya voz se había vuelto extrañamente calmada, una calma que asustaría a cualquiera que la hubiera conocido meses atrás—. Pero no vendrá si cree que es una emboscada. Tiene que creer que tiene la ventaja.

Killian la miró, comprendiendo el peso de lo que ella sugería. Para atraer al Juez a un terreno neutral donde pudieran ejecutarlo sin interferencias, uno de ellos tenía que ser el cebo.

—Me dejaré capturar —sentenció Killian.

—¡No! —el grito de Lilian fue instintivo, un relámpago de puro dolor en el pecho. La idea de Killian en manos de su padre le revolvía el alma—. Te matará en cuanto te vea.

Killian se acercó y la tomó por el rostro, obligándola a ver la determinación en sus ojos.

—Tu padre es un narcisista, Lilian . No me matará de inmediato. Querrá que yo sea el espectador de tu "castigo". Querrá que vea cómo te recupera antes de eliminarnos a los dos. Es su ego el que lo va a destruir. Tú estarás en posición, en la vieja propiedad de tu abuelo en el valle. Es el único lugar que él siente que todavía le pertenece.

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La captura ocurrió esa misma noche en un muelle abandonado. Killian luchó lo suficiente para que pareciera real, pero finalmente fue reducido por una lluvia de golpes y sedado. Lilian , observando desde una distancia segura a través de una mira telescópica, sintió cómo se le rompía el corazón al ver a Killian ser arrastrado hacia una furgoneta negra. El odio hacia su padre alcanzó un nuevo nivel: ya no era solo justicia por su madre, era protección por el hombre que amaba.

El Juez hizo llevar a Killian a la vieja casa de campo de la familia, un lugar lleno de recuerdos de veranos felices que ahora olía a humedad y abandono. Allí, Killian fue encadenado a una silla en el centro del gran salón, bajo la luz mortecina de una lámpara de araña llena de polvo.

Cuando Killian recuperó la conciencia, el Juez estaba frente a él, sosteniendo un atizador de hierro que brillaba al rojo vivo en la chimenea.

—¿Dónde está ella? —preguntó el Juez, su voz era un susurro ronco, desprovisto de toda humanidad—. ¿Dónde está mi hija? ¿Qué le has hecho para que se vuelva contra su propia sangre?

Killian escupió sangre y sonrió, una mueca desafiante que hizo que el Juez estallara en un arrebato de violencia, golpeándolo en las costillas.

—Ella no es tu hija —jadeó Killian entre toses—. Ella es la mujer que te ha desnudado frente al mundo. Y mientras me miras a mí, no estás mirando las sombras.

En ese momento, la puerta pesada del salón se abrió con un crujido lento. Lilian entró, pero no era la mujer asustada que el Juez esperaba. Vestía completamente de negro, su mirada era un abismo de desprecio y sostenía un arma con una firmeza que hizo que los mercenarios del Juez dudaran por un segundo.

—Suéltenlo —dijo Lilian . Su voz no tembló. Era la voz de una reina reclamando su reino de cenizas.

El Juez se giró, y por un momento, la sorpresa en su rostro fue absoluta. Ver a su hija armada, empoderada y de pie junto al hombre que él más odiaba fue el golpe final para su cordura.

—¡Lilian ! ¡Vuelve conmigo ahora mismo y puede que te perdone la vida! —gritó el Juez, agitando el atizador como si todavía tuviera autoridad—. ¡Todo lo que hice fue para darte un nombre, un futuro!

Lilian caminó hacia el círculo de luz, ignorando las armas que la apuntaban. Sabía que los mercenarios no dispararían sin la orden de su padre, y su padre todavía creía que podía "salvarla".

—Me diste un nombre manchado de sangre y un futuro construido sobre los cadáveres de mujeres inocentes —respondió ella, deteniéndose a pocos metros de él—. Me diste una vida de mentiras mientras matabas a mi madre. Ya no hay perdón, papá. Hoy, el juicio no lo dictas tú. Hoy, el jurado somos Killian y yo. Y la sentencia es la muerte.

El Juez se lanzó hacia ella en un último acto de locura, pero Lilian no retrocedió. Killian, aprovechando la distracción, rompió las cadenas (que él mismo había debilitado previamente) con un tirón de fuerza bruta impulsado por la adrenalina.

El salón se convirtió en un caos de disparos y sombras. Killian e Lilian se movían como una sola entidad, una coreografía de muerte diseñada en las noches de entrenamiento en la mansión. Los mercenarios cayeron uno a uno, superados por la ferocidad de dos personas que no tenían nada que perder y todo que vengar.

Finalmente, el Juez quedó acorralado contra la chimenea, herido y solo. La trampa de la sangre se había cerrado. Lilian y Killian estaban frente a él, las dos víctimas de su ambición, ahora convertidos en sus verdugos.

—Es el final, Juez —dijo Killian, poniendo una mano en el hombro de Lilian , no para sostenerla, sino para unirse a ella en el acto final.

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*Soy Tu Dueña*
Escribes muy lindo
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