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El Rumbo De Las Estrellas

El Rumbo De Las Estrellas

Status: En proceso
Genre:Romance / Romance de oficina / Amor eterno
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Renovales

de una casualidad paso a una historia completa

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Renovales para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

La fiesta duró toda la tarde y toda la noche. Los invitados comieron comida tradicional de la selva —pescado fresco, arroz, verduras y frutas. Bailaron música tradicional y moderna, y se rieron y charlaron.

Camila y Martín bailaron su primera danza como padres de la novia y del novio. Martín le dijo a Camila:

—Recuerdas nuestra boda? —dijo él. —Era en el parque de la ciudad, con la estrella brillando en el cielo.

—Claro que recuerdo —dijo ella. —Y ahora, nuestra hija se casa en la selva, con la misma estrella al fondo. Es perfecto.

Mientras bailaban, Luna y Mateo se acercaron a ellos y bailaron con ellos. Los cuatro se abrazaron, y Luna dijo:

—Gracias por darme la vida, por enseñarme a amar, por ayudarme a encontrar mi camino.

—Todo lo que hacemos es por ti, mi amor —dijo Camila.

Después, Juan se subió a una plataforma y habló con los invitados:

—Amigos, hoy celebramos el matrimonio de Luna y Mateo —dijo él. —Pero también celebramos la unión de todas las selvas, de todas las comunidades, de todos los que aman la naturaleza. La Red Estrella es más que una organización —es una familia, un hogar.

La gente aplaudió y gritó de alegría. Luego, Juan le dio a Luna y Mateo un regalo —un mapa de América Latina con todas las reservas de la Red Estrella marcadas con puntos rojos, formando la figura de la estrella que los unía.

—Este mapa representa todo lo que hemos hecho —dijo Juan. —Y todo lo que vamos a hacer juntos.

Luna y Mateo se emocionaron y abrazaron a Juan. —Gracias, tío Juan —dijo Luna. —Por todo. Por ser parte de nuestra familia, por ayudarnos a proteger la selva.

Al final de la noche, cuando la fiesta terminaba, Luna y Mateo se dirigieron a la cascada. Se sentaron en la roca donde sus padres se habían comprometido y donde habían tallado sus nombres. Miraron hacia el cielo, donde la estrella brillaba más clara que nunca.

—Hoy es el día más feliz de mi vida —dijo Luna.

—Yo también —dijo Mateo. —Y el resto de nuestras vidas será aún más feliz, trabajando juntos, amándonos, protegiendo la naturaleza.

Se abrazaron y se besaron, con la cascada murmurando a su lado y la estrella brillando en el cielo. Sabían que habían empezado una nueva vida juntos —una vida lleno de amor, pasión y un propósito que cumplir.

 

Un año después de la boda, Luna y Mateo estaban viviendo en un apartamento en la ciudad , junto a Camila y Martín. Luna había publicado un nuevo libro —sobre su boda en la selva y los primeros años de la Red Estrella. Mateo había hecho un estudio sobre los animales de las reservas de la Red Estrella, y había publicado su trabajo en revistas científicas internacionales.

La Red Estrella había crecido mucho —ahora tenía más de veinte reservas en América Latina, y estaba trabajando en añadir más en África y Asia. Camila y Martín seguían liderando la organización, con la ayuda de Luna y Mateo.

Una mañana de primavera, Luna le dijo a Mateo:

—Tengo una noticia para ti —dijo ella, con una sonrisa secreta. —Estoy embarazada.

Mateo se quedó muda. Se le llenaron los ojos de lágrimas de felicidad.

—¿De verdad? —preguntó él. —Estamos a punto de tener un hijo o una hija?

—Sí —dijo Luna, asintiendo. —En ocho meses.

Mateo se abrazó a ella y le dio besos en la cabeza. —Estoy tan feliz —dijo él. —Nuestro hijo o hija va a vivir en un mundo mejor, gracias a todo lo que hemos hecho.

Luna se abrazó a él y dijo:

—Y le contaremos a él o a ella sobre la estrella, sobre la selva, sobre todo lo que hemos logrado. Y él o ella seguirá nuestro legado.

Ese día, los cuatro —Camila, Martín, Luna y Mateo— se dirigieron a la selva. Visitaron el poblado, la cascada y las reservas.

Cuando llegaron a la cascada, se sentaron en la roca y miraron hacia el cielo. La estrella brillaba clara, aunque era de día. Luna tocó su vientre, donde crecía su hijo o hija, y dijo:

—Mira, pequeño —dijo ella, señalando hacia la estrella. —Esa es nuestra estrella. La que unió a tu abuelo y a tu abuela, la que nos unió a Mateo y a mí, y la que te unirá a todas las selvas del mundo.

Mateo cogió la mano de Luna y dijo:

—Tu vida estará llena de amor, de naturaleza y de propósito —dijo él. —Y tendrás a toda la familia de la Red Estrella para apoyarte.

Camila y Martín se miraron, llenos de gratitud. Habían empezado con un encuentro en medio de la lluvia en Luque, y ahora tenían una familia que se extendía por todo América Latina, un legado de amor y protección que llegaría a las próximas generaciones.

—Recuerdas cuando te dije que la estrella nos guiaría siempre? —dijo Camila a Martín.

—Sí —dijo él. —Y nunca me equivoqué.

Mientras hablaban, Juan llegó con los niños del poblado. Los niños llevaron flores y dibujos, y se sentaron alrededor de ellos. Uno de los niños, el mismo que había dibujado la estrella con la familia al fondo tiempo atrás, le dio a Luna un dibujo nuevo —un dibujo de la estrella con cuatro generaciones: Camila y Martín, Luna y Mateo, y el bebé que venía.

—Esto es para ti, tía Luna —dijo el niño. —Para que el bebé sepa que es parte de la estrella.

Luna se emocionó y abrazó al niño. —Gracias, pequeño —dijo ella. —El bebé lo amará.

Esa tarde, todos se reunieron en el poblado para celebrar la noticia del bebé. Cantaron, bailaron y comieron. Luna se subió a una plataforma y habló con la gente:

—Amigos, hoy tenemos una noticia feliz —dijo ella. —Mateo y yo estaremos a punto de tener un hijo o una hija. Este bebé será el futuro de la Red Estrella, el futuro de las selvas. Y sabemos que todos ustedes lo cuidarán, lo amarán y lo enseñarán a amar la naturaleza.

La gente aplaudió y gritó de alegría. El cacique de una comunidad indígena de Brasil, que había venido para la ocasión, le dio a Luna un collar de semillas para el bebé.

—Este collar protegerá al bebé y le dará fuerza —dijo él. —Y le recordará que es parte de la tierra, de la selva, de la estrella.

Después de la celebración, Luna, Mateo, Camila y Martín se quedaron solos en la cascada. Miraron hacia el cielo, donde la estrella brillaba más clara que nunca. Luna se acurrucó en los brazos de Mateo, y Camila se acurrucó en los brazos de Martín. Los cuatro se abrazaron, formando una sola familia unida por la misma estrella.

—El camino que empezamos juntos nunca terminará —dijo Martín. —Porque el legado de la estrella vive en los corazones de todas las personas que amamos la naturaleza.

—Sí —dijo Luna. —Y seguirá viviendo en el corazón de nuestro bebé, y en los corazones de las generaciones venideras.

Mientras se abrazaban, la lluvia empezó a caer —una lluvia suave y refrescante que regaba la selva y llenaba los pozos. Sabían que era un regalo de la naturaleza, un signo de que todo estaba bien, de que la estrella seguía cuidándolos.

Y así, en medio de la selva que habían protegido, con la lluvia cayendo y la estrella brillando en el cielo, Camila, Martín, Luna y Mateo miraron hacia el futuro —un futuro lleno de amor, de esperanza, de selvas protegidas y de un legado que duraría por siempre y para siempre.

 

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