Otto Bonanno no conoce límites. Don de la Cosa Nostra, él es la ley y la sentencia, un hombre formado para mandar con la fuerza, el miedo y la sangre. Para él, nada es más importante que el poder… hasta ver a Aurora.
Ella no es más que una nueva bailarina contratada para el club. Un rostro delicado, un cuerpo que se mueve en perfecta sincronía con la música —y una luz que no debería desear. Pero Otto no es hombre de resistirse. Es hombre de tomar.
Aurora buscaba un nuevo comienzo, lejos de las marcas del pasado, pero acabó cayendo directamente en las garras del depredador más peligroso de la ciudad. Ahora, cada paso, cada suspiro y cada mirada suya le pertenecen.
Entre el placer prohibido y la prisión de un amor obsesivo, ella tendrá que elegir: rendirse al Don o luchar contra un enemigo imposible de derrotar.
Porque Otto Bonanno no se enamora.
Él domina.
NovelToon tiene autorización de Jessilane Santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 2
Otto Bonanno
Después de un día entero comandando la Cosa Nostra, de decisiones, amenazas y confrontaciones, finalmente llegó el descanso. Me dejo caer en el sillón de cuero oscuro, sintiendo la rigidez del asiento ceder a mi peso. La discoteca estaba como siempre: llena, viva, llena de vicios y deseos. Un lugar donde el poder se mezclaba con la lujuria, y yo podía simplemente relajarme.
Una rubia surge con una sonrisa que no parece genuina, solo mecánica. Ella carga una botella de whisky lacrada y dos vasos. El olor del alcohol se mezcla al perfume barato de los clientes y al cigarrillo quemado.
Mujer- Para el Don
Dice ella, casi susurrando, y coloca la botella de whisky y los vasos encima de la mesa.
Lorenzo, mi consejero y, quizás, el único que puedo llamar amigo, se sienta a mi lado. Él sonríe, discreto, mientras nos sirve el whisky. Me entrega el vaso, siento el líquido ardiendo en la garganta, calentando mi estómago vacío. Un trago y todo parece más soportable.
Entonces, las luces cambian. Un rojo profundo, casi violento, toma la discoteca. La música comienza lenta, densa, un ritmo que pulsa como un tambor tribal dentro de mi pecho. El sonido lo llena todo. Los hombres a mi alrededor se detienen, como perros hipnotizados.
Yo levanto los ojos, por instinto. Y veo.
A ella.
Primero, el cabello. Un rojo vivo, casi fuego, imposible de ignorar. Ondas que caen sobre los hombros, desafiando la penumbra del lugar. Un estandarte de guerra. Después, el cuerpo — no apenas un cuerpo; un arma. Cada movimiento de ella parece calculado, pero sin esfuerzo aparente. Una invitación y una provocación.
Algo dentro de mí se mueve. No es solo deseo. Es necesidad. Es dominio. Quiero arrancarla de ese escenario, quitarla de la vista de los otros. Que nadie respire el mismo aire que ella respira. Que ninguna mirada, excepto la mía, la toque.
Lorenzo- Es la nueva bailarina, Otto.
Murmura Lorenzo al notar mi silencio.
Yo no respondo. No consigo. Mis ojos están pegados en ella. Ella no es como las otras. No baila para agradar. Baila como si fuera de ella el poder, como si comandase las miradas, como si supiera que ningún hombre allí podría tenerla. Pero yo no soy cualquier hombre. Yo soy Otto Bonanno. Y todo lo que yo deseo, yo lo tomo.
Ella gira en el escenario, lenta, casi felina. La cadera ondula, la mirada barre la platea sin fijarse en nadie, pero yo siento. Siento que, incluso sin saber, ella me encontró. Hay algo en los ojos de ella — fuego, insolencia, vida demás para aquel lugar. No es un fuego que se apaga con dinero. Es un fuego que desafía.
Mi cuerpo reacciona antes de la mente. La sangre late en las sienes, los músculos se quedan tensos, como si me preparase para un combate. No es simple atracción. Es instinto. Predador. Yo no quiero apenas poseerla. Quiero quebrar las paredes que ella erige. Quiero descubrir cada secreto, cada miedo, cada rechazo. Quiero que ella sea mía de un modo que nadie jamás fue.
Lorenzo levanta una ceja, una media sonrisa en el rostro.
Lorenzo- Parece que encontró su distracción, Otto.
Lo ignoro. Ella no es distracción. Ella es más que eso. Es mi próximo territorio.
La música avanza y cada paso de ella me prende más. El escenario la ilumina de un modo cruel, revelando una sonrisa leve, casi desafiadora. Mi pecho aprieta, un frío recorre mi espina. Hace años no siento esto. Vulnerabilidad. Pero no lo admito. No soy vulnerable. Nunca fui.
Otro trago de whisky. No basta. Quiero acercarme. Quiero el olor de ella, el calor del cuerpo, la piel bajo mis dedos. Quiero el cabello rojo entre mis manos. Pero no quiero como los otros quieren. Quiero de un modo absoluto. Quiero arrancar el control de ella y hacer con que me mire como si no hubiese más nada en el mundo.
El número termina. La discoteca explota en aplausos y gritos. Yo no aplaudo. Apenas me levanto. Acomodo el saco despacio, los ojos fijos en ella hasta el último segundo. Veo cuando desaparece por los bastidores. Y ya sé que no voy a descansar hasta que esté a mi alcance.
Otto- No permita que nadie se aproxime al Camerino.
Ordeno, sin mirar para Lorenzo.
No hay duda en mi voz. Ella ya es mía. Aún no lo sabe, pero lo es. Yo no comparto. Yo no pido. Yo tomo.
Y yo soy Otto Bonanno. Siempre tomo lo que yo quiero.