Una vez creí en los cuentos de hadas, pero tarde me di cuenta de que solo eran una mentira que nos cuentan de niños para desviarnos de la maldad de este mundo en el cual por desgracia y caí y morí sabiendo que él no me amaba.
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Capítulo 18: Gardenias...
NIKOLAY
Abrí los ojos lentamente al sentir un peso en mi cama, además de unos suaves ronquidos a mi lado. Era Scarlett. Ella durmió toda la noche conmigo, lo sabía porque pude sentir su aroma a gardenias.
Su cabello estaba desparramado en toda la almohada. Sus ojos permanecían cerrados, su respiración era tranquila, regular. Toqué su mejilla con la punta de mis dedos preguntándome por qué necesitaba tanto tenerla cerca, por qué con ella las noches eran más que tranquilas y perfectas a su lado.
Eran preguntas a las cuales no les tenía una respuesta, pero no importaba en absoluto. Estaba decidido a descubrir más sobre ella, cada cosa, cada gesto de disgusto, de felicidad, de tristeza incluso de miedo.
Sin darme cuenta mi mano estaba acariciando su rostro con la punta de mis dedos y ella no se inmutó. Simplemente siguió durmiendo. Me levanté de la cama con cuidado para no despertar a Scarlett, pero ella fue más inteligente y rápida. Despertó. No de golpe, sino de forma gradual y tranquila.
Cuando por fin abrió los ojos por completo, estos me miraron con una mezcla de sorpresa y de vergüenza. No pude evitar reírme. Me reí y ella se enojó.
Comenzó a arrojarme almohadas y cojines que tenía cerca y uno de ellos me dio en la máscara provocando que esta cayera al suelo. Scarlett al darse cuenta se dio la vuelta. No dijo nada, yo tampoco y simplemente me dejé de reír en ese momento, me puse la máscara.
El silencio dentro de la habitación era palpable, incómodo, pero a la vez no tanto. Ella no vio mi cara porque en el momento en que el cojín golpeó mi cara este lo cubrió solo unos segundos que fueron suficientes para que ella pudiera voltearse y antes de que el cojín cayera al suelo.
—Lo siento.—Dijo ella rompiendo el silencio y sin mirarme directamente a los ojos. Se levantó de la cama yendo en dirección a la puerta, la tomé del brazo evitando que se fuera.
Ella me miró con esos ojos color avellana inocentes, brillantes y tenían algo que me hacía querer mirarlos cada segundo del día. Eran hipnotizantes y hermosos.
—No me vuelvas a arrojar otro cojín.—Le dije y ella asintió sin decir una palabra más.
Salió de la habitación y simplemente la oí por el pasillo yendo directamente a su habitación. Se encerró en ella y silencio. Solo silencio.
No pude evitar reírme. Ella era alguien interesante y difícil de ignorar. Y su olor a gardenias era imposible de olvidar.
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SCARLETT (AYLA)
Al llegar a mi habitación cerré la puerta detrás de mí. Puse una mano sobre mi pecho tratando de entender qué demonios fue eso. No se enojó, ni siquiera se mostró incómodo cuando el cojín que le arrojé en la cara hizo que la máscara se cayera al suelo.
No lo vi. Sinceramente no quise ver. No fue por miedo, sino por algo parecido al respeto. No lo quería presionar. Él necesitaba alguien en quien confiar y quería ser yo esa persona.
—¿Qué demonios está pasando?—murmuré en voz baja.
«—Evaluación: el objetivo Nikolay ha comenzado a desarrollar a lo que se le llama interés en el agente.»
Fruncí el ceño.
—¿En qué sentido?—Pregunté esperando a que la respuesta no fuera lo que yo estaba pensando.
«—Se ha detectado un aumento en la confianza del objetivo hacia la agente.»
—¿Él confía en mí?—Pregunté.
«—Habido un aumento de confianza del cuarenta y cinco por ciento.»
—Eso es... significativo...
Era más de lo que esperaba. Sin embargo, ese porcentaje era una línea bastante delgada porque con solo cometer un error sabía que ese cuarenta y cinco por ciento se iría en picada.
Suspiré tratando de no pensar en lo que pasó y más en el hecho de que cambié la narrativa de la historia.
—¿Qué probabilidad hay de que Nikolay vaya a desarrollar sentimientos por mí?—Pregunté y solo obtuve silencio. Un silencio que no me tranquilizó en nada. Pero antes de obtener la respuesta oí un ruido afuera, era como si algo se hubiese caído o más bien alguien.
Salí corriendo de la habitación. No me di cuenta de lo que estaba haciendo hasta que llegué a la habitación de Nikolay, abrí la puerta y allí estaba él. En el suelo. Inconsciente. Quieto. Muy quieto.
Me acerqué a él. Estaba temblando. Apenas toqué su mano, estaba caliente, luego su cuello y supe que estaba ardiendo en fiebre, me preocupé por qué no había nadie en la mansión más que él y yo. No había sirvientes, ni siquiera un jardinero. Nadie.
Suspiré pesadamente en cómo diablos lo iba a llevar a la cama. Solamente respiré profundo y me armé de valor, lo tomé de los brazos y lo arrastré hacia la cama, lo levanté como pude y lo arrojé en la cama, solo fue la mitad de su cuerpo.
Luego subí sus pies en la cama y solté un largo suspiro, me cansé demasiado pronto, pero no me detuve. Tenía que bajar su fiebre. Fui al baño y este era igual de oscuro y deprimente así como el resto de la casa.
Muebles oscuros. Paredes de color gris. Había un espejo sobre el lavabo que estaba cubierto con una sabana negra. No me atreví a quitarla, no era el momento. Busqué un termómetro en los cajones de los muebles y cuando lo encontré, una voz me detuvo. Era Nikolay.
Miré por encima de mi hombro y lo vi. De pie. Su respiración era pesada, su cuerpo temblaba. Apenas lograba estar de pie se sostenía del marco de la puerta. Me miraba con una intensidad que me hizo estremecer.
Tomé el termómetro y una toalla pequeña que mojé para bajarle la fiebre. Salí de allí llevándolo conmigo de vuelta a la cama y todavía sentía su mirada sobre mí. Pero no le di importancia.
Lo obligué acostarse en la cama y puse la toalla en su frente, después prendí el termómetro y lo puse debajo de su brazo. Me quedé allí esperando a que el dispositivo sonara y poder saber a qué temperatura estaba él.
No pasó mucho tiempo hasta que oí un pitido constante. Tomé el termómetro y al ver los números digitales en la pequeña pantalla, me asusté.
—¡No puede ser!—Exclamé.—¡Tiene treinta y nueve grados y medio!
Me levanté de la cama y comencé a buscar medicamentos afortunadamente tenía un botiquín lleno de medicinas y entre ellas para la fiebre. Fui por agua y al llegar lo hice tomarse el medicamento, afortunadamente.
Respiré profundo y me quedé revisando su temperatura cada tanto. Luego de un rato bajó un poco su fiebre, pero los delirios seguían allí. Seguía murmurando cosas entre ellas decía:
—No, no me dejes...—decía él entre sueños.—No me dejes, no lo hagas.
Supuse que él estaba soñando con Sarai. No había forma de negar ese hecho, pese a lo que el sistema decía, sabía que solo eran probabilidades que no eran del todo confiables. Además, yo era solo una agente que fue enviada a cambiar el destino de Nikolay y descubrir quién es el verdadero villano o villana de la historia.
Estaba por irme a mi habitación a dormir un poco. Era de noche y en pocas horas iba a amanecer. Necesitaba dormir. Pero sentí la mano de Nikolay tomar mi muñeca con fuerza, era un agarre firme, desesperado y no estaba dispuesto a ceder. Intenté soltarme, pero, en cambio, me arrojó a la cama con él a su lado, me abrazó rodeándome la cintura.
Suspiré rendida. Además, estaba demasiado cansada como para discutir. Cerré los ojos permitiendo que la oscuridad me rodeara por completo.