Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 17- La Ética
#NICOLÁS
Un golpe ruidoso en la puerta anunció el regreso de Mario. Esta vez, por suerte, esperó a que abriera. Mario entró con una euforia contagiosa, su brazo alrededor de una Clara radiante, con restos de chocolate alrededor de su boca y una felicidad que iluminaba todo el apartamento.
—¡Ya estamos de vuelta! —anunció Mario, su voz retumbando. —¡Y esta princesa ya tiene su dosis de azúcar para el día!
Clara, al vernos a mi y a Eva juntos, se soltó de Mario y corrió hacia nosotros.
—¡Papi! ¡Papi! —dijo, dando pequeños saltitos. —¡Ya le plantaste la semilla a Eva! ¿Verdad? ¿Ya va a ser mi mamá y vamos a tener un bebé?
Senti que el calor subía de nuevo a mi rostro. Estaba a punto de balbucear una respuesta cuando un sonido de asombro, seguido de un gruñido, nos interrumpió a todos.
Alejandro estaba de pie en el umbral de la puerta, con una pila de documentos en la mano. Su rostro, ya sombrío por lo ocurrido en el hospital, se desfiguró al escuchar la inocente pregunta de Clara. Sus ojos, antes llenos de preocupación, ahora brillaban con una furia helada mientras observaba la escena: A mi junto a Eva, la pregunta de la "semilla" por parte de su pequeña sobrina.
—¿Qué demonios está pasando aquí, Nicolás? —siseó Alejandro, su voz baja y peligrosa, el papel en sus manos temblaba ligeramente. —Hace apenas unas horas te hablé de ética, de responsabilidad. ¿Y esto? ¿Estás aprovechándote de su ingenuidad, incitándola a… A estas ideas con tu hija? ¡Es abominable!
Mario, al ver la tensión, se puso en guardia.
—Ey, ey, ey, ¿qué pasa aquí? ¿Quién te crees que eres para venir a meterte en casa ajena así, con tu cara de pocos amigos?
—¡Esto te concierne, Mario! —espetó Alejandro, ignorando a mi y dirigiéndose a mi amigo. —¡Soy el abogado de esta… De esta mujer! ¡Y él está usando a su hija para manipularla! ¡Para incitarla a un matrimonio que es legalmente cuestionable y moralmente reprobable!
Elevo sobre su cabeza los papeles que traia, sacudiendolos como una bandera que ondea al viento.
Me puse rígido.
—¿Reprobable? ¡Yo la estoy protegiendo!
—¿Protegiéndola? ¿O atándola a ti? —Alejandro dejó caer los documentos sobre la mesa con un golpe seco. —¡Me hablas a mí de no tocarla, de no aprovecharme, y tú le prometes un bebé si se casa contigo! ¿Sabes siquiera la implicación de lo que dices, lo que representa para ella una relación? ¡Es una criatura que no tiene la menor idea de lo que es el sexo o el compromiso humano! ¡Y tú la estás usando para tu propia conveniencia, para tus propias… Bajas pasiones!
La palabra "bajas pasiones" resonó, acusatoria, en el silencio. La furia estalló en mi. Estaba a punto de lanzarme sobre mi hermano, de poner fin a meses de tensiones contenidas, cuando una voz suave y melodiosa nos detuvo.
—No. No es así.
Todos los ojos se posaron en Eva. Había estado observando la disputa en silencio, pero ahora avanzó. En sus manos, no llevaba una olla, ni un paño de cocina. Llevaba un libro grueso. Un manual de anatomía humana, con ilustraciones detalladas del sistema reproductivo. El que había encontrado en la estantería, entre mis libros de criminología y se lo había entregado minutos antes de que todos lleguen.
—Nicolás no me ha plantado la semilla —Dijo Eva, con su voz dulce y clara. —Él me explicó que se necesita amor. Y el libro… El libro dice que no es una semilla. Es un óvulo y un espermatozoide. Y se juntan. Y no pasa tan rápido.
Luego miró a Alejandro, sus ojos ámbar no mostraban ni reproche ni ira, solo una tranquila curiosidad.
—Y no es por bajas pasiones, como dices. Es porque… Es una conexión. Como la que él tiene con Clara. Y como la que él… Acaba de tener conmigo.
Alejandro se quedó mudo, su boca entreabierta, los argumentos legales y éticos desvaneciéndose ante la simpleza y la verdad de Eva. Mario, al lado de Clara, soltó una risita ahogada.
Clara, sin entender del todo, se agarró al brazo de Eva.
—¡Ah! Entonces, ¿tengo que esperar un poquito más para tener un hermanito, Eva? ¿Y para que seas mi mamá de verdad?
Eva sonrió, una sonrisa pequeña pero genuina.
—El libro dice que sí. Hay que esperar. Y hay que aprender mucho.
Los ánimos, que antes estaban al rojo vivo, se aplacaron de repente, desinflados por la inocencia de Clara y la inesperada lección de Eva. Alejandro recogió sus papeles, su mirada aún cargada de resentimiento, pero ahora mezclada con algo de vergüenza.
—Esto… Esto no termina aquí, Nicolás.
Murmuró Alejandro, y sin decir una palabra más, se dio la vuelta y salió del apartamento, dejando un silencio tenso a su paso.
Mire a Eva, luego al libro que sostenía. Una risa, esta vez de alivio y diversión, se escapó de mis labios. La vida con Eva nunca sería aburrida.
Clara, con sus ojitos grandes y curiosos, se estiró hacia el libro que Eva había dejado a un lado.
-¿Puedo verlo? ¿Puedo ver lo del bebé, Eva?.
Eva dudó un instante.
La mire diciéndole, "Ni se te ocurra mostrarle eso a Clara, es muy pequeña aún".
"Era verdad, el libro era... Explícito".
Tenía que desviar la atención de Clara, pero antes de que hable Eva lo hizo.
-Claro que sí, mi amor, ¡pero no ahora! Te tengo una idea mejor. ¿Qué te parece si preparamos masa para pizza? Una pizza gigante... ¡Para el Oso y tu papá!.
Los ojos de Clara se iluminaron.
-¡Sí! ¡Y con formas de animales!
Exclamó, sacando de su mochila un puñado de cortadores de masa con forma de leones, elefantes y conejos.
-Mira, Eva, tengo estos.
Eva sonrió aliviada.
-¡Perfecto! ¡Tendremos la pizza más divertida del mundo!
Mario me rodeó con un brazo el hombro, dándome un apretón amistoso.
-Te lo juro, amigo, te sacaste la lotería. No puedo creerlo. ¿Existe la mujer ideal? ¡Y la tenés vos!
Se rio, negando con la cabeza.
-No me digas que no es un producto de laboratorio, diseñada a medida para vos. ¡Es la única explicación!
Me sacudí molesto.
-Ya...
Le dije con un gesto, fue muy tenso todo y no estaba para sus bromas.
-Y al final... Lo hicieron. Me cuchicheo al oido.
Lo mire como si lo tumbara a piñas, el sonrio elevando las manos.
-Mejor ayudemos a Clara y a Eva. Le indique.
Buscaba desviar su atención como hizo Eva con Clara.