Ella es mejor amiga del chico popular el cual comienza a sentir algo por el Pero los prejuicios por las apariencias complican todo
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 16
Ellos volvieron de la mano a la mansión.
Abril caminaba con una sonrisa que no podía borrar. Pablo, el famoso Pablo, el chico que todas querían, estaba enamorado de ella. Sintió que el corazón se le salía del pecho.
Cuando llegaron, se sentaron en el jardín trasero. El sol comenzaba a esconderse.
—¿Te puedo preguntar algo? —dijo ella, mirando sus manos entrelazadas.
—Dime —respondió él, acariciando su cabello con suavidad.
—¿Qué tal tu situación con tus padres?
Pablo suspiró. El momento perfecto se empañó apenas un segundo.
—¿Ya quieres echarme? —preguntó, con una sonrisa para aliviar la tensión.
—No —respondió ella rápido—. Me gusta que vivas conmigo.
—Las cosas aún no andan bien —admitió él, bajando la mirada.
—Lo siento —dijo Abril—. Espero que pueda mejorar pronto.
Pablo levantó la vista. La miró como si fuera la única persona en el mundo.
—Ya no me importa —dijo—. Te tengo a ti. Y eres todo lo que necesito.
Abril sonrió. Y por un momento, todo fue perfecto.
Mientras tanto, en la habitación de Milo
Milo estaba solo.
No había luces. No había ruido. Solo él, tirado en el suelo, con los brazos abiertos y el pecho ardiendo.
—Te odio —dijo en voz alta, como si Abril pudiera escucharlo—. Te odio.
Pero no era cierto.
No la odiaba a ella.
Se odiaba a sí mismo.
Fue su error pensar que ella solo estaría para él. Que tendría tranquilidad porque nadie más se fijaría en ella. Que su cobardía no tendría consecuencias.
Pero se equivocó.
Porque Pablo se enamoró perdidamente de ella. Y a diferencia de él, Pablo no tenía intenciones de esconderlo.
Milo apretó los puños contra el suelo frío.
Y en su pecho, el amor comenzó a transformarse en algo oscuro.
Algo que no sabía manejar.
Algo que lo iba a destruir.
Capítulo 38: Solo dormir
Pablo cenó con Abril en la mesa grande de la mansión. Hablaron de cosas sin importancia. rieron. Ella sirvió el postre y él le robó un trozo de su plato.
Cuando terminaron, Abril se levantó.
—Descansa —le dijo, sonriendo—. Mañana será un día largo.
Se giró para irse.
Pero él la sujetó del brazo. Suavemente. Sin forzar.
—Ahora que somos novios —dijo Pablo, con una voz más baja de lo habitual—. Podemos dormir juntos, ¿verdad?
Abril se quedó quieta.
—¿Te refieres a...? —preguntó, sin terminar la frase.
Pablo entendió el miedo en sus ojos. Y negó con la cabeza.
—No —dijo rápido—. No me refiero a eso. Solo necesito dormir contigo a mi lado.
—¿Solo dormir? —preguntó ella, aún con dudas.
—Solo dormir —confirmó él—. Pero si te incomoda, dormiré en la habitación de invitados. No quiero que te sientas presionada.
Abril lo miró. Vio sinceridad en sus ojos. Vio algo que nunca había visto en nadie.
—No está bien —dijo ella, después de un momento—. Ahora somos novios.
Pablo sonrió.
Y se fueron juntos a la habitación.
Se acostaron en la cama enorme, cada uno en su lado. Las sábanas eran suaves. El silencio era cómodo.
Pablo estiró el brazo.
—¿Puedo? —preguntó.
Abril asintió.
La acercó hacia él. La abrazó. Ella apoyó la cabeza en su pecho y sintió su corazón latir tranquilo. Cerró los ojos.
Por primera vez en mucho tiempo, Pablo se sintió en casa.
No la mansión. No el dinero.
Ella.
Era su hogar.
—Buenas noches, Abril —susurró él.
—Buenas noches, Pablo —respondió ella.
Y se durmieron abrazados, sin miedo, sin máscaras, sin nada más que la promesa de un comienzo.