Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 7: El Vals de la Nieve y el Plomo
La noche en los Alpes era un sudario de blanco y silencio, interrumpido únicamente por el aullido del viento entre los pinos. A tres kilómetros de la mansión real, un refugio de madera servía como el cebo perfecto. Las luces estaban encendidas y los señuelos térmicos diseñados por Evans emitían el calor exacto de cuerpos humanos.
A lo lejos, seis vehículos todoterreno avanzaban con las luces apagadas. Los Cavalli habían mordido el anzuelo.
—Los tenemos en el radar, Ethan —la voz de Evans chirrió en el comunicador—. Están entrando en el perímetro de la "Zona Cero". Nadia está aquí tratando de hackear sus frecuencias de radio solo para oír cómo respiran, así que date prisa antes de que ella les diga un chiste por el canal abierto.
Ethan Smirnov estaba agazapado en un saliente rocoso, camuflado con un traje táctico de nieve. A su lado, Leonidas (Leo) revisaba el visor térmico de su rifle de precisión. Los dos jóvenes representaban la unión perfecta entre la fuerza bruta de la Bratva y la precisión quirúrgica de los Vane.
—Deja que se acerquen más, Leo —susurró Ethan. Sus ojos, fijos en el objetivo, brillaban con una intensidad depredadora—. Quiero que sientan que la victoria es suya antes de que el suelo se abra bajo sus pies.
—Copiado, cuñado —respondió Leo con una sonrisa ladeada—. Pero guarda a uno vivo. Papá me dijo que si no traemos a alguien para interrogar, me quitará las llaves del Ferrari por un mes.
Cuando el primer vehículo de los Cavalli alcanzó el puente de madera que llevaba al refugio falso, Ethan dio la orden.
—Evans, ahora.
En un parpadeo, el puente desapareció en una explosión controlada de fuego y astillas. Los vehículos quedaron atrapados en el desfiladero. Antes de que los mercenarios pudieran reaccionar, Ethan se lanzó desde el saliente, cayendo sobre el techo de una de las camionetas como un espectro de la muerte.
Leo, desde su posición elevada, empezó a disparar. Cada bala encontraba un objetivo con una precisión aterradora. No era solo talento; era el instinto de un Vane que había crecido viendo a Killian y Dimitri limpiar el mundo de enemigos.
Ethan, en el suelo, era un torbellino de violencia. Usaba sus cuchillos y su fuerza física con una maestría que recordaba a Damián en sus mejores años. Un mercenario intentó levantar su arma, pero Ethan le propinó un golpe en la garganta y lo desarmó en un solo movimiento, dejándolo inconsciente para el interrogatorio.
Mientras tanto, en la mansión real, el ambiente era de una tensión eléctrica. Aria estaba de pie detrás de los gemelos, observando las pantallas que mostraban la masacre en tiempo real a través de drones de visión nocturna.
—¡Vera, suelta el joystick de defensa! —gritó Edans, tratando de apartar la mano de la gemela Smirnov que intentaba disparar los cañones automáticos del perímetro—. ¡Ethan y Leo todavía están en la zona de impacto!
—¡Pero hay uno que se escapa por la izquierda! —protestó Vera, con los ojos encendidos por la adrenalina—. ¡Déjame darle! ¡Solo un poquito!
—No es un videojuego, Vera —dijo Aria con firmeza, aunque por dentro hervía de ganas de estar allí con ellos—. Edans, analiza el lenguaje corporal del que queda en pie. ¿Es Lorenzo?
Edans ajustó el zoom del dron, analizando la forma en que el hombre se movía, sus micro-gestos de pánico.
—No, no es Lorenzo —sentenció Edans—. Es su jefe de seguridad, Marco Trovato. Se mueve como alguien que tiene órdenes de retirada. Aria, tienen un punto de extracción a dos kilómetros de allí.
Una hora después, el rugido de los motores anunció el regreso de los chicos. Ethan entró en el salón con el uniforme manchado de nieve y pólvora, seguido de un Leo que lucía eufórico. Traían a Trovato encadenado y con los ojos vendados.
Killian y Damián los esperaban en el centro de la sala. Killian evaluó a su hijo y a su yerno con una mirada que, por primera vez, no contenía reproche, sino un respeto silencioso.
—Misión cumplida, señores —dijo Leo, arrojando al prisionero a los pies de Dimitri—. Lorenzo no estaba allí, pero este sabe dónde se esconde la "Red de las Sombras".
Ethan no esperó a los informes. Caminó directamente hacia Aria, quien lo esperaba con los brazos abiertos. La tomó por la cintura, ignorando la mirada de advertencia que Killian le lanzó, y hundió su rostro en el cuello de ella, inhalando su aroma para calmar la bestia que aún rugía en su interior.
—Estás a salvo —susurró Ethan.
—Siempre lo estoy contigo —respondió Aria, acariciando su nuca—. Pero ahora viene la parte difícil. Interrogar a un hombre de los Cavalli es como intentar sacar sangre de una piedra.
Desde el balcón interior, Elara y Alessandra observaban la escena. La familia estaba completa, la primera batalla había sido ganada y, a pesar de las quejas de Killian, el vínculo entre Ethan y Aria se sentía más indestructible que nunca.
—¿Viste cómo trabajaron juntos, Ale? —susurró Elara—. Leo y Ethan son la combinación perfecta.
—Lo son —asintió Alessandra—. Pero mira a mis gemelas... están tratando de convencer a Evans de que las deje "ayudar" con el interrogatorio. Dios nos libre de lo que esas tres mentes juntas puedan idear.
En el centro del salón, mientras Dimitri se llevaba al prisionero al sótano, Aria miró a su familia. Los gemelos Vane, las gemelas Smirnov, su mellizo Leo y su León, Ethan.
—Los Cavalli creyeron que nos estaban cazando —dijo Aria en voz alta, captando la atención de todos—. Pero hoy les hemos demostrado que en esta montaña, no hay más reyes que nosotros. Que empiece el Protocolo Eclipse Fase 2. Vamos a por Lorenzo.